¿QUÉ OCURRIÓ EL 29 CLINAMEN 127?
El día 29 clinamen
127, en realidad imaginario salvo para los no iniciados, tuvo lugar la
Desocultación del Colegio de Patafísica, de la que no se enteró el mundo
visible hasta el 20 de abril de 2000, en la cronología de los que van sobre el
caballo de san Fernando. En París (¿dónde, si no?) los ilustres sátrapas de la
ciencia absoluta se dieron cita para acabar con el período de apartamiento
iniciado veinticinco años antes. Desde ahora, sabemos una cosa clara, que el
siglo XXI será patafísico, ocurra lo que ocurra con las reservas de petróleo.
No perdamos el
tiempo definiendo la patafísica; la entrada del soberbio diccionario Forse Queneau, de Paolo Albani, que
sigue a esta nota, podrá al corriente al lector más curioso. Lo que nos
interesa a nosotros es que la patafísica es una Ciencia Inútil más, y como tal
le dimos entrada desde el primer momento (aquel lejano 1986, en que el mundo
conoció el Manifiesto fundacional de la FCI) en uno de nuestros departamentos.
Desde hoy, establecido trabajosamente un sistema convalidativo entre las dos
instituciones, las satrapías, veedurías y corresponsalías del Colegio
Patafísico quedan encajadas en nuestra propia estructura organizativa.
La
tarea primigenia y básica de la patafísica ha sido “construir la jaula de la
que (sus fundadores) se proponían salir”. Complejificar algo recurriendo al
venerable recurso de la alienidad en su aspecto más inteligente es una de las
mayores dificultades que se oponen a todo proyecto laborante humano, pues a esa
lejanía viva se opone toda la losa muerta de la cultura adquirida durante
cincuenta siglos y el ambiente imperante, ubuesco en su afán de racionalizar
las cosas.
El empeño más
ambicioso con que ha enfrentado nunca la humanidad es construir un monumento de
recursos de forma que no se ostenten como tales, engañando a los supuestos
depositarios de la sensatez y el sentido cumún, pero no en particular a los
lectores de esta presentación. Sin embargo, no es tan fácil cambiar
continuamente el nivel de forma que el lector intruso nunca sepa a qué
atenerse. Provocar el desconcierto es la máxima del arte moderno, tanto más lo será
de sus guías intelectuales y muy en particular de los maestros patafísicos.
Un retahilo sin
más de frases absurdas y desprovistas de sentido sería una simple estafa al
lector; en cuanto ésta dispone de su clave de interpretación jocosa en todas y
cada una de sus frases, es un pasatiempo trascendente que hace realidad la
norma “a lo fácil por lo difícil”. No olvidemos que, en palabras del propio
Jarry:
Un
épiphénomène est ce qui se surajoute à un phénomène. La pataphysique, dont
l’étymologie doit s’écrire épi (metà ta phusiká) et l’ortographie réelle
‘pataphysique, précédé d’un (sic) apostrophe, afin d’éviter un facile
calembour, est la science de ce que s’ajoute à la métaphysique, soit en
elle-meme, soit hors d’elle-même, s’étendant aussi loin au-delà de celle-ci que
celle-ci au-delà de la physique.
Ello lleva
implícita la metodología utilizada en la patafísica:
·
Utilización de un lenguaje aparentemente jocundo y
burlesco como pantalla protectora contra la curiosidad ignara; sólo el iniciado
es capaz de traspasarla y alcanzar el trascendente sentido de sus contenidos.
·
Quintaesenciación máxima de los cargos,
tratamientos, calendarios, léxico y cualquier elemento comunicativo interior, que
queda reservado así a los iniciados y a los que sientan el real interés por la
instrucción patafísica.
·
Ocultación bajo apariencias triviales la
trascendentalidad propia de las grandes eras de descubrimiento.
Queda sólo un
problema por desentrañar: ¿A qué calembour
se refería Jarry? Un siglo de investigaciones no han logrado encontrarlo. ¿Será
también 2000 el año de la desocultación de ese enigma, como 1995 lo fue del
teorema de Fermat?
A nosotros, los
patafísicos, nos toca decidirlo.
JMAiO,
nov 00