COINCIDENCIAS
ASTRONÓMICAS
La más conocida entre las
coincidencias astronómicas es la igualdad entre es período de rotación y el de
traslación de la Luna. Sin embargo es sólo una coincidencia aparente, puesto
que, con los años, el efecto “marea” ha acabado llevando ambos períodos a
coincidir. De hecho, la “marea” sigue actuando y retrasa el período de rotación
de la Tierra, que dentro de 50.000 millones de años acabará coincidiendo
también con el de traslación-rotación de la Luna: ¡ésta sólo será visible desde
un lado de la Tierra!
Otra coincidencia, ésta sí
real, es que los tamaños aparentes de la Luna y el del Sol coinciden:
aproximadamente 1/100 de arco, medio grado. Esta coincidencia es clave para los
eclipses de Sol, en que éste queda totalmente cubierto por la Luna. De todos
modos, la coincidencia no es total, ya que las distancias Luna-Tierra y
Tierra-Sol varían según el momento (un 5 % la primera y un 1 % la segunda). Por
ello, en algunos eclipses la Luna cubre holgadamente el Sol, mientras que en otros
no llega: son los eclipses anulares, en que es visible una estrecha corona
solar. Curiosamente, en estos últimos puede darse en caso de que lo sean sólo
en unas zonas de la Tierra y en otras sean totales: las zonas polares están más
alejadas de la Luna que las ecuatoriales.
Un coincidencia realmente
asombrosa, que sólo ha podido ser conocida recientemente, se da con Nereida, el
segundo satélite de Neptuno, cuyo período de traslación alrededor del planeta
es de 365,21 días, o sea 0,9999 de año. ¡Qué pena que Neptuno (y por supuesto,
Nereida) no puedan apreciarse a simple vista: gracias al satélite, se hubiera
podido confeccionar desde tiempos prehistóricos un exactísimo mapa de las
estaciones!
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