Coincidencias coleccionadas en 2002-2005
El otro día estaba
acompañando a mi padre en el hospital. Al ver la lista de enfermos, por simple
curiosidad, descubrí que en la habitación contigua se encontraba un amigo suyo,
vecino de la infancia. Pero resulta que, hasta llegar allí, se habían dado una
serie de casualidades
· Los padres de ambos
trabajaron en Renfe, ocupando puestos de capataces de
maniobras.
· Los dos tuvieron un hijo
periodista que, sin conocernos previamente ni saber que nuestros padres se
conocían, coincidimos en la Facultad de Ciencias de la Información, en la misma
clase, en un grupo extremadamente reducido (17 personas; la primera promoción
que empezó a estudiar esta carrera en la Universidad del País Vasco). Por
cierto, que los dos habíamos pertenecido, durante el franquismo, a grupos
clandestinos.
· Y, por último los dos han
sufrido la desgracia de que sus esposas se vean afectadas por la enfermedad de Alzheimer.
Remitido por Javier Bustamante
En 1740 el duque Antonio Ferdinando
dejó de beber porque un astrólogo le había vaticinado que el alcohol sería su
perdición. En el mes de abril de 1749, al volver de una jornada de caza, se
sintió fatigado y comenzó a darse un masaje con alcohol en los músculos. Una
llama prendió el alcohol, y el duque no sobrevivió a las quemaduras.
NARRADAS POR
LOS OYENTES EN EL PROGRAMA DE RADIO “NO ES UN DÍA CUALQUIERA” (15.06.02)
Isabel, de Sabadell, cuenta que, cansada de una persona que le hacía la vida imposible, le dijo: “Por favor, que me caiga un ladrillo encima”. Eso fue a las 11 h, y a las 16 h llegó el ladrillo, por suerte no le pasó nada.
Toni Cano, de RNE (Barcelona):
Los hermanos de su padre y su madre (Emilio, Encarna) tienen los mismos
nombres, y sus abuelas (Encarna) también. Toni nació
el 04.11.1980 (san Carlos). Vaya donde vaya se hace con algún amigo Carlos
(Almería, Huesca, New Jersey,
Barcelona). Fue por primera vez a colonias un 04.11, y comenzó en la radio el
04.11.00.
Cuenta Oscar Wilde (Ensayos y artículos, Edicomunicación
SA, 1999):
Poco después de publicar Stevenson su curioso relato psicológico de transformación,
un amigo mío, llamado mister Hyde se encontraba al norte de Londres, y, en su prisa por
llegar a una estación, tornó el camino que creyó más corto y se perdió,
encontrándose en un laberinto de calles sórdidas aspecto siniestro. Con los
nervios a flor de piel, empezó a correr, cuando de pronto un chiquillo que
salió de un pasaje abovedado, vino a meterse entre sus piernas y cayó sobre la
acera. Mister Hyde tropezó con él y lo pisó; el
golfillo, lleno de miedo y un poco magullado, se puso a gritar, y en unos
segundos la calle se llenó de gentes miserables que salieron de las casas como
hormigas. Rodearon a mi amigo, preguntándole cómo se llamaba. Iba él a decirlo,
cuando recordó de repente el incidente con que empieza el relato de Stevenson. Horrorizado ante la idea de vivir aquella escena
terrible y tan bien escrita, y de repetir el acto que el Hyde
de la ficción realiza deliberadamente, huyó a toda velocidad. Perseguido de
cerca, acabó por refugiarse en un laboratorio, raramente abierto, y allí
explicó a un joven médico ayudante lo que le acababa de pasar. Gracias a una
pequeña suma, pudieron alejar a la multitud humanitaria, y, una vez aquello
quedó solitario y tranquilo, se fue. Al salir, el nombre grabado sobre la placa
de cobre de la puerta atrajo su mirada. Era «Jekyll».
Mandado por Mariano Nieto:
Ocurrió
el pasado 19 de mayo (2002), fiesta nacional en Turquía, en el palacio Topkapi. Había
allí miles de personas que lo abarrotaban todo. Tras visitar las dependencias
del harén nos dirigimos a la zona de restaurantes desde donde se divisa el
Bósforo. No cabía un alma, pero en una mesa había 4 sillas de las que solo
estaban ocupadas dos por una pareja de jóvenes que nos parecieron extranjeros y
a los que pedimos permiso para ocupar los dos lugares vacíos. Resultó que eran
españoles, becados en la embajada española de Budapest. Él era madrileño, vivía en el barrio de Argüelles, en la llamada "casa de
las flores" (un edificio de Zuazo que ocupa una manzana entera), en la calle de
Rodríguez San Pedro, 70, tercer piso izquierda. ¡¡En ese mismo sitio, mano
derecha, vivieron mis padres, viví yo y ahora vive mi hermana Esperanza!!
COINCIDENCIAS
675. Es rara la coincidencia de pueblos que se ignoraban unos a otros y
que erigieron pirámides con distintos destinos.
Los egipcios construyeron sus pirámides como tumbas para sus reyes. Las
stupas de los budistas no eran tumbas ni templos; eran sólidos edificios
construidos sobre alguna reliquia sagrada. Las pirámides en América Central
eran altares en los cuales se ofrecían sacrificios humanos a los dioses
aztecas.
Hendrik
Willem van Loon, Las Artes. Versión española de Marlo
Ruiz Ferrán (Luis Miracle,
Barcelona, 1941), capítulo XLVI.
Hacia
la mitad del siglo XX falleció don Reinaldo Boyer,
ingeniero austríaco que residió mucho tiempo en
España. Dieron en llamarle sus amigos “coleccionista de catástrofes”, y con
razón.
A
los seis años (había nacido en 1873), viajando con sus padres, se derrumba el
puente del ferrocarril y el tren en que iba cae al río; murieron doscientas
personas. Dos años más tarde, estaba también con sus padres en el Ring Theater, de
Viena, cuando estalló aquel terrible incendio que costó la vida a 449 personas;
el futuro ingeniero perdió un zapato, su padre sufrió algunas quemaduras en la
cabeza y la madre estuvo enferma algún tiempo de la impresión. Ya acabada su
carrera, trabajando en las minas de Courriéres, cerca
del Paso de Calais, a duras penas puede escapar de la
mina, que se incendió y en donde perecieron unos mil trescientos mineros. A los
dos años de esto, pasa a Sicilia a efectuar unos
sondeos y allí le sorprende el cataclismo de 1908, el terremoto en el que
murieron 200.000 personas.
De la
catástrofe del Titanic
se salvó gracias a que, por enfermo, tuvo que desistir del viaje a última hora.
Más tarde se encuentra en la ciudad de Miami (Florida, Estados Unidos) cuando
una tromba gigantesca se abatió sobre la urbe (1926), causando doce mil muertos
e infinidad de heridos. Seis meses después, por verdadero milagro escapa del
trágico desbordamiento del río Mississippi, que costó
la vida a millares de habitantes en casi todo el Estado de Luisiana...
A esta escalofriante relación aún añadía Boyer varios
choques y descarrilamientos de menor cuantía.
Son
muchos los descubrimientos debidos a la casualidad. Uno de ellos es, por
ejemplo, el lavado por procedimientos químicos. El francés Belin,
que pasa por ser el descubridor de tal procedimiento, volcó una vez una botella
de trementina sobre un paño sucio. Al poner a secar el paño se dio cuenta de
que muchas de las manchas habían desaparecido como por encanto.
Los
mejores relojeros de la época de la Revolución Francesa y competidores entre
sí, tenían el mismo nombre de pila: Abraham-Louis Perrelet
(1729-1826) y Abraham-Louis Breguet (1747-1823).
Ambos eran de ascendencia judía.
En
1564 Catalina de Médicis ordenó iniciar un palacio en las Tullerías,
pero poco después detuvo la construcción cuando un astrólogo le comunicó que
moriría “cerca de St. Germain”
(entonces las Tullerías, como el Louvre,
dependían de St.-Germain-l’Auxerrois).
Pero la predicción se cumplió pese a todo: el obispo de St.-Germain le administró los últimos sacramentos.
Los
volcanes de Mauna Loa (‘Montaña Larga’) y Mauna Kea (‘Montaña
blanca’, por la nieve que cubre su cima) constituyen prácticamente toda la isla
de Hawai. En el centro del primero, todavía activo, se encuentra Kilauea, el cráter mayor del mundo (10 km
de diámetro), y los aborígenes hawaianos creían en que éste vivía Pelé, la
diosa del fuego.
Resulta
que en la isla de Martinica hay una montaña llamada
el francés la Montaigne Pelée (‘Monte
pelado’), cuyas características vulcanológicas eran
casi desconocidas hasta la tremenda erupción de 1902, que redujo a un
cementerio la ciudad de Saint Pierre, entonces capital de la Martinica.
El
mayor parto múltiple conocido es el de la india Susan
Rozenkowitz, quien en junio de 1971 tuvo ¡cinco niños
y cuatro niñas!
Pronto, no. 15608 (01.03.03).