LOS LABERINTOS AJARDINADOS
En España,
Cerca de Collserola (Barcelona), en la cúspide de lo
que antes fue la ciudad de Horta, se encuentra el jardín más antiguo de los que
se conservan en Barcelona. El Parc del Laberint d’Horta, famoso por el sinuoso laberinto de
vegetación que le da nombre, es además un ejemplo vivo de los jardines
neoclásicos de los siglos XVIII y XIX. Un superviviente a dos siglos de
historia, desde que nació en la propiedad de Joan Antoni
Desvalls, un ilustrado de ese XVIII tan mal conocido
entre nosotros. Influido por las ideas neoclásicas, Desvalls
decidió ajardinar la finca que poseía en Horta inspirándose en el mito de
Teseo. De este modo, organizó el jardín entorno a un laberinto y lo decoró con
figuras de la mitología clásica.
Es curioso que el jardín sirviera, como recuerda
una lápida, para acoger las negociaciones de Fernando VII con la burguesía
catalana, en un momento en que la monarquía fernandina
empezaba a derrumbarse, amenazada por la presión liberal. En ese sentido podría
ser el símbolo de tantos que gozaron de gran favor de las clases pudientes en los
siglos XVIII y XIX. Puede decirse que en aquellos momentos no existió palacio
ni palecete cuyos felices propietarios no
incorporaran a sus jardines un laberinto en el que divertirse jugando a la
pérdida-encuentro, quizás en inconsciente presagio de la caza que poco después
practicaría contra ellos la guillotina.
La
“rueda solar”, en la Sieberschule de Innsbruck, reconcilia
con esa asociación contrapuntadota de la luminosidad del jardín con las sordideces de la lucha social, proporcionando una imagen
algo más plácida del laberinto ajardinado, para demostrar que ese centro
ansiado es capaz también de representar la gravitación humana hacia los símbolos
eternos de la luz y calor, de la vida en suma.
Josep M. Albaigès
BCN, dic 04