Con T de
testosterona
Cuatro días se han ido desde la
toma de posesión del nuevo presidente del Gobierno y el talante se ha teñido de
testosterona. Todo empieza con "T"; como trampantojo, esa ilusión
óptica con que se engaña a los demás haciéndoles ver lo que no es.
Dos días antes del 11-M me decía
un buen amigo, socialista de partido, que ZP era un buen actor y poco más. De
tener mi amigo razón, cabe preocuparse por quién escribe los guiones. Porque el
buen actor es versátil por definición. Puede hoy bordar el papel de galán y
mañana el de villano también.
Vale para hacer teatro, pero al
frente del Gobierno de una nación las cosas se complican. Para desempeñar este
cometido suelen dar mejor resultado los malos actores, esos que, interpreten
comedia o drama, siempre son ellos mismos. Caso de R. Reagan
en los años 80. No gana el Óscar por ninguna obra en concreto; como mucho les
premian al final de sus días por su contribución al séptimo arte. No parece el
caso de nuestro flamante presidente. "Lo que se dice se cumple" es
una excelente máxima y plena de sentido ético, siempre que lo dicho amerite ser
cumplido, es decir, que no sea una trangallada, como
dicen en León, precisamente.
No es una trangallada
que el diálogo sea el instrumento político fundamental; ni que los grandes
asuntos de Estado traten de resolverse en consenso; o que el Congreso pueda
controlar real y libremente a quienes gobiernan. No, son pronunciamientos
adecuados sobre cuestiones serias. El guión está bien y la interpretación en la
première, la función de investidura,
fue plausible. Pero en horas 24, como dejó en verso escrito otro buen autor
tiempo atrás, es como si las musas hubiesen cambiado y al trágala de las Azores
ha sucedido el de La Moncloa —“he dado orden al
ministro de Defensa para que disponga lo necesario para que las tropas...”—. De
consenso, la misma dosis que hace 15 meses: nada.
Y, en el Congreso, ni un
resquicio por el que poder perder una votación. Si hay que aumentar el número
de grupos parlamentarios para tener garantizada la mayoría, se aumenta. Y si
hay que rebajar el número de miembros de las comisiones para tener siempre
mayoría, se rebaja. Lo de J. Bono y la testosterona es más de lo mismo. Ante la
profesión militar queda tan bien como los juramentos de que España seguirá
siéndolo y que en la Guardia Civil no habrá sindicatos... ahora que estamos al
mando.
Federico
Ysart
(Remitido
por Antonio Casao)