Insultos
políticamente incorrectos
Diccionario
del Insulto
Juan de Dios
Luque, Antonio
Pamies y Francisco José Manján
Península, 486 páginas, 2900 Pta
Los autores del "Diccionario del
insulto", profesores de Lingüística de la Universidad de Granada, que en
1997 ya publicaron en Península "El arte del insulto", califican de
"tesoro de nuestra lengua" y "joya de nuestro acervo
cultural" el lenguaje casi clandestino del insulto y del improperio. Un
trabajo con más de 5.000 entradas, el primero de este tenor llevado a cabo
sobre el idioma español. Sin embargo, el
resultado es un producto desigual. Junto a expresiones literarias de alto
nivel se encuentran aquellas que tienen su origen en la tradición oral, una parte
de las cuales nace en las cárceles, los cuarteles y
ambientes ociosos.
Sea por razones de
espacio, sea por otros motivos, mientras en unos casos los autores introducen
un cierto análisis crítico y etimológico, en otros se echa de menos una
explicación, con el riesgo de que la obra asuma, contra la voluntad de los
autores, un carácter machista, xenófobo y políticamente incorrecto. Por
ejemplo, cuando atribuyen el improperio "quemasostenes"
a una "feminista histérica", sin más. En otras ocasiones, el análisis
queda corto, como cuando analizan las palabras "centralista" o
"españolista" con referencia a insultos como "charnego",
"catalán" o "chapelaundi". Por
cierto, que los autores se refieren a Cataluña como una región.
Que el lenguaje es
machista no cabe duda. Pero el insulto lo es todavía más y entra de lleno en
el terreno de lo impresentable. Los autores se han dedicado a bucear en la
literatura castellana clásica (desde el Lazarillo y Berceo a Valle-Inclán), así como entre escritores vivos (de Vargas Llosa
a Umbral) y de cierto periodismo, básicamente capitalino. Quizás sea verdad
que únicamente hay insultos en la prensa madrileña.
Un porcentaje elevado de
insultos se concentra en la prostitución femenina y en la mujer. También
existe un volumen importante de entradas de deficiencias físicas o psíquicas,
homosexualismo y diferencias de raza o credo religioso. Para los autores,
"el insulto tiene un valor catártico y una función social muy
saludable", porque "es ante todo un antídoto contra el engaño"
y "no son sino un retrato de nuestra forma de ser y de nuestra
historia". Igual tienen razón.*
Algunas lindezas
ABLANDABREVAS. Tonto, inútil < por ser
actividad tan fácil como innecesaria.
ALZACOLAS. Organizador de la agenda de un
político; pelotillero < analogía con el paje que sostiene la cola del
vestido.
BARANDA. Chulo pendenciero, matón de
barrio.
CACHONDA. Mujer fácil de seducir; calentorra, puta < del lat. catulus,
‘cachorro’, cuyo femenino se aplicaba a la
perra en celo.
FENICIO. Cicatero, avaro, especialmente si es catalán.
GILIPOLLAS. Individuo sumamente tonto.
ISIDRO. Cateto, campesino.
LECHICLARO. Sólo tiene hijas.
MAMANDURRIA. Persona que disfruta de sueldo sin merecerlo.
Josep M. Sòria, 18.08.00