CATÁLOGO DE ESTUPIDECES
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esté libre de estupidez, que se dé con un tormo en la cabeza. Los belgas son
tontos
para los franceses y ser de Lepe garantiza algún que
otro chistecito, pero es la sociedad estadounidense la que proporciona
los momentos más hilarantes a su público fiel. El antiamericanismo de todo a cien lo resumiría en que se trata de un país de
idiotas, nada que ver con la inteligentísima Europa, a la que se le sale
el cociente intelectual por las orejas (de burro, a veces). Lo cierto es que
tienen su punto, una extraña sofisticación de la estulticia, un toque deliciosamente
absurdo. Los hermanos Kathryn, y Ross Petras son expertos en sacar los colores
de sus compatriotas. Después de «Las 776 cosas más estúpidas jamás dichas»,
«Sexo estúpido» o «Poesía muy mala», han publicado «Unusually Stupid
Americans; que acaba de se rpublicado en España con el horrible título de «Estupidez
made in USA». Un prescindible pero desternillante compendio de idioteces de
toda clase. Por ejemplo, en la página web de Hacienda se explica que «los ingresos
ilegales, como el dinero robado o defraudado, deben incluirse en los ingresos
brutos». El siguiente trabajo de los Petras tendría que ser investigar si
algún bruto escrupuloso fiscalmente ha hecho caso computando el botín del
asalto al «chino» de la esquina como ingreso ídem.
Pero si hay un clásico en la memez es el
referido a las demandas judiciales. Veamos. 24.000 dólares recibió un
atracador de San Francisco. Demandó a un taxista que, al ver el atraco, lo
atrapó inmovilizándolo contra una pared con su coche. O este otro, y abróchense
los cinturones, que diría Margo Channing, los 14.000.000 dólares soltados a
una neoyorquina por las lesiones que le causó el metro (hay que aclarar que el
tren le dio mientras estaba tumbada en la vía con vistas a suicidarse). No es
de extrañar que, con jurados tan comprensivos, las empresas anden con pies de
plomo a la hora de etiquetar sus
productos. Así, en un taladro eléctrico: no utilizar este aparato.como
torno dental; en un cochecito plegable de bebé: quitar el niño antes de plegar;
en un mando a distancia del televisor: no meter en el lavavajillas; en un
quitanieves: no usar el quitanieves en el techo, o en una escobilla de wáter:
no usar oralmente. El mismo miedo a la Justicia (esa señora de ojos vendados
que deja en manos de marmolillos la administración de la misma) hace que un
tipo marque el 1911 y plantee: «El árbol de un vecino ha caído sobre mi casa.
Los vecinos no están en casa. ¿Me demandarán si lo corto en pedazos?». Lo que no entiendo es, visto lo anterior, por
qué califican los autores esta llamada de estúpida. Como dirían en otra
de esas llamadas, quiero presentar una queja unánime, así que, por favor, no
ponga mi nombre.
Rosa
Belmonte
Los
sábado de ABC, 03.07.04
(Remitido
por Antonio Casao)