CÁTEDRA DE EPITAFIOLOGÍA
Elementos de
Epitafiografía y de Epitafionomía
Se inicia esta cátedra con una
media docena de epitafios y comentarios en torno a ellos, que podrá ser ampliada
con otros (cátedra compartida), para enriquecerla.
De entre ellos, se ha elegido
uno real, comprobable históricamente;
otro, presumiblemente real (de
aceptar el testimonio de historiadores), un tercero, que es probablemente real por ser conocido por
tradición oral; un cuarto, que es de razón (ficticio), sin duda alguna y, finalmente, unos dos o tres tomados de un grupo de epigramas, que se incluyen
por su connotación epigráfica. Éste es un esbozo de Epitafionomía, mejorable ciertamente.
A continuación se presentan los
epitafios, no en el orden de la enumeración
anterior (el lector sabrá distinguirlos),
con algunos comentarios al final de cada uno; si tienen alguna finalidad
ulterior, si
están elaborados en prosa o verso (y, en
este caso, el metro y rima empleados), algún otro
detalle particular y la fuente de donde se lo tomó, resumiendo, así, algo de Epitafiografía,
mejorable con otro u otros aportes.
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Se inicia con uno bastante
conocido (en el campo de las Matemáticas recreativas): el Epitafio de Diofanto de
Alejandría (A. D. 250 ca.) Atribuido a Metrodoro
(que podría ser el de Scepsis, como el de Bizancio... o cualquier otro, dada la frecuencia de este nombre). Se tiene noticia
de él en la Antología de Bachet de
Méziriac y, acá, se lo presenta en su versión latina[1]:
Hic Diophantus habet tumulum, qui tempora vitae
illius mire denotat arte tibi:
Egit sextantem juvenis; lanugine males
vestire hinc coepit parse duodecima;
septante uxori post haec sociatur et anno
formosus quinto nascitur, vice, puer.
Heminam aetatis postquam attigit ille paternae,
infelix, subita morte peremptus, obit.
Quattuor aestates
genitor lugere superstes.
Cogitur hinc annos illius assequere.
Tomado de Ghersi, Italo, Matematica dilettevole e curiosa, pág.
198-199, Ed. U. Hoepli, Milán, 1921
Mediante dísticos latinos, sin
rima (blancos) se plantea una ecuación de primer grado con una incógnita:
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(x = 84, i. e. 84 años),
con la finalidad ulterior
de presentar algunos datos biográficos: generales, como su niñez (14 años), su
adolescencia (21 años) y particulares, sus esponsales (a los 33 años), el nacimiento
de un hijo (a los 38 años), la muerte de éste (a los 80 años), el cual vivió 42
años, la mitad de los que vivió el octogenario Díofanto.
En segundo lugar, se presenta
uno titulado A una flaquísima tuerta:
Aquí yace Estefanía,
Flaca y aguda mujer,
Que bien pudo aguja ser:
Pues un solo ojo tenía.
Momia, esqueleto de alambre,
en torno a tus huesos vanos,
yacen también los gusanos:
Porque se murieron de hambre.
Dos estrofas en redondilla, ciertamente de
ficción, con finalidad satírica, se lo recuerda de memoria (leído en una revista dirigida
a niños y jóvenes, en el entorno del promedio del siglo XX, 1950 ca.). Los epitafios son elaborados en arte menor, casi exclusivamente.
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En tercer
lugar, va uno conocido por tradición oral y familiar:
Aquí yace don Procopio
deste pueblo cura propio,
y su pueblo, agradecido,
a su cura tan querido,
le dedica este epitafio
que compuso don Gelafio,
siendo su corregidor
don Florencio Vacaflor.
Recordado
desde la niñez (en esta ocasión,
por primera vez escrito), elaborado en cuatro pareados, de arte menor, con rima consonante. La contracción
"deste" puede dar idea de la época de su posible composición. "Gelafío",
podría ser, también "Jelafio"; y “Corregidor”, era un cierto
magistrado de otrora. No se puede asegurar
que sea de ficción: de ser real, pertenecería a la zona de Potosí, en el Alto
Perú, actual Bolivia (destas Indias de Occidente).
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En cuarto lugar se transcribe un
epitafio real, histórico y verificable: el dedicado
a la memoria de San Francisco de Borja, en una lápida de
mármol blanco, ubicada en la iglesia de la
Compañía de Jesús (calle de la Flor Baja, Madrid), desde la traslación de sus restos, el 30 de julio de 1901, víspera de San
Ignacio.
En esta urna
están depositados
los restos
de San Francisco de Borja
IV Duque de Gandía y III Prepósito General
de la Compañía de Jesús
de los cuales es perpetuamente patrona
la nobílísíma Casa
de los
DUQUES DE MEDINACELI
y a ésta corresponde el derecho de custodiarlos
cuando loa Padres de la misma Compañía
no puedan hacerlo
en su propia iglesia.
En
prosa, como corresponde en ciertas circunstancias,
se ha tomado de las Obras Completas del P. Luis Coloma, S. J.,
pág. 1088 (al terminar su, relación en
torno a las vicisitudes de esas reliquias), Ed. Razón y Fe, Madríd y Ed. El Mensajero del C. de J.,
Bílbao, 1943.
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En quinto
lugar, se ha tomado dos que aparecieron
en la revista Jauja, que
dirigía el P. Leonardo Castellani, en Buenos Aires, entre 1967 y 1969, a raíz
de un "Concurso de Epigramas", convocado por la misma en marzo de
1969. En dicho número, se iniciaba con varios propuestos por la misma revista y, dentro de los tres que el director manifestaba más admirar, hay uno que tiene connotación epitáfica:
Yace aquí Jorge Max Rohde
dejadlo dormir en PAX
Porque así ya no nos XODE
MAX.
(C.
N. R.)
Las iniciales corresponden a Conrado Nalé Roxlo
(1898-1971), argentino (Buenos Aires) que cultivó la poesía, el teatro y
la narrativa. En la cuarteta de rima
consonante, juega con los parónimos
Pax = Paz y Max = Más. El aludido era un escritor contemporáneo de Nalé Roxlo y
de Castellani. La cuarteta, de pie quebrado.
El otro apareció
en el último número de Jauja:
Aquí yace sepultada
la más que noble señora
que en su vida punto ni hora
tuvo la boca cerrada.
Y es tanto lo que ella habló
que aunque ya más no ha de hablar
jamás llegará el callar
a donde el hablar llegó.
Anónimo.
Enviado (a
la revista) por J. M. M., San Rafael, Mendoza.
En este caso
no se pueden desentrañar las siglas.
Es evidente que las dos cuartetas en redondilla son de carácter
satírico, ficto.
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Finalmente,
en sexto lugar, se incluye un epitafio de siete pareados, arte menor rima consonante cuya finalidad es intentar la explicación
de una frase comúnmente empleada:
Aquí yace Villadiego,
un legionario gallego,
que en la cárcel se encontraba
donde, también, Pedro estaba.
Aquel, insubordinado,
éste, por cristiano dado.
Vino un ángel del Señor
a sacar al Pescador:
"Toma tus ropas y sal"
(fue la orden angelical);
y Simón, con el apuro,
por sus ropas, inseguro
lleno de desasosiego...
¡Tomó las de Villadiego!
El fondo
está tomado del libro Hechos de los
Apóstoles, XII, 6-9. El intento de explicación se lo ha leído en Castellaní y el epitafio es de Vigorañeja
(mayo, 2004) y sería un soneto (de atender al Feliz Fénix: “catorce
versos dicen que es soneto”, que no especificó la métrica
endecasilábica de los versos).
De ser
válida la explicación, el legionario
reclutado en Hispania recibió una compensación por sus ropas: ser
nombrado en los siglos posteriores, cada vez que se exprese una retirada con precipitación.
[1] Esta tumba alberga a Diofanto. ¡Oh gran maravilla! / Y
la tumba dice con arte la medida de su vida. / Dios hizo que fuera niño una
sexta parte de su vida. / Añadiendo un doceavo, las mejillas tuvieron la
primera barba. / Le encendió el fuego nupcial después del séptimo, / y en el
quinto año después de la boda le concedió un hijo. / Pero ¡ay!, niño tardío y
desgraciado, / en la mitad de la medida de la vida de su padre, / lo arrebató
la helada tumba. Después de consolar su pena en cuatro años con esta ciencia
del cálculo, / llegó al término de su vida.