Heraldo
de Aragón | Lunes 27 de enero de 2003
Tierras y gentes | Antonio
Beltrán
Erratas, errores y duendes de la linotipia
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I |
magine el lector que
lee en un periódico de Pamplona que Osasuna ha
vencido al rival en el fútbol por uno a cero, es decir por la mínima, y que en
el titular de la reseña del partido dice, exultante: "Nuestro equipo ganó
por la minina". Eso es una errata, sin duda divertida.
Pero lea, constantemente,
que alguien o algo "hace aguas", por naufragar, y en buen castellano
la cosa equivale a expeler residuos, sean sólidos, mayores o líquidos menores
y no a hundirse un barco. Eso es un error.
Piense quien aún siga
leyendo que quien esto escribe mandó a imprenta un texto donde se decía que
los pintores prehistóricos utilizaban para sus pinturas el hematites rojo y
que luego quedó sorprendido porque la corrección del ordenador lo convierte en
que pintaban, ¡los pobres!, con "hepatitis".
De nuevo el error, pero
ahora nacido de confiar en los limitados programas de corrección de los ordenadores
modernos, que no han podido suplir a los competentes correctores de pruebas
que tenían todas las imprentas. Aún añado otro ejemplo; hace muchos años mi
pueblo, Sariñena, me nombró representante de la
Villa en el Instituto de Estudios Oscenses. Con los propios amigos del nuevo
instituto bromeaba yo llamando al instituto, con evidente falta de respeto,
de "estudios oscenos". Pues en la
conferencia inaugural, cuando manifesté mi gratitud por estar abriendo curso
me dirigí al Instituto de Estadios Oscenos.
Y lo peor fue que me entró
risa ante el desaguisado. Y no mejor que el gobernador civil Gil Sastre, que
presidía la solemne sesión, me reprendiera al final diciéndome: "El que
tiene boca se equivoca, pero encima reírse..:",
o lo que no tuve más remedio que replicar que conocía a uno (él) que tras una
perorata rompió a aplaudirse a sí mismo.
Total que en un delicioso libro
de la Asociación de la Prensa recopilado con su habitual gracia por Mariano Gistaín y otro que aún no ha caído en mis manos de José
Esteban "Vituperio (y algún elogio) de la errata" se detallan
errores y erratas que casi nunca son deliberados pero que pueden tener más
gracia que la versión original.
Esteban cuenta de uno que
debía irse de puntillas para no perturbar a su amada, a la que dejaba y lo que
decía el texto, con errata incluida, es que se fue de putillas.
Pero aún es el peor la que
cacé en Pamplona, en el periódico más adicto al clero y a su obispo, porque
se hacía venir a Su Ilustrísima de visita pastoral desde Petilla
y lo que apareció fue, y 1o leí en persona, "De pu
tillas volvió el señor obispo". Luis Gómez
Laguna recogía es tas anécdotas y me enseñó el gordísimo álbum donde fueron a
parar las dos pamplonicas que le proporcioné.
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P |
ero
éste es el tema que tengo en reserva para uno de esos libros que no sé si
escribiré algún día, tal vez cuando sea mayor. La errata más gorda que conozco
por referencias apareció en el Boletín Oficial del Estado, relativa al Consejo
del Poder Judicial aunque lo leyeron los serios y asombrados lectores, fue
"el Conejo del Joder Judidial". ¡La culpa el duende de las linotipias".
Sin duda trataré de separar lo que los escolásticos separaban, todos
como un "lapsus" que podía ser "linguae", como les ocurre a los locutores de radio
que han de improvisar y ganar tiempo al tiempo, "calami",
pasto de los plumíferos o "mentis" que es
error y no errata.
Pero no tengo tiempo ni espacio
para contar mucho más aunque no me resisto a dejar en el tintero (es decir, en
el ordenador), mi integración en Zaragoza a través de un gazapo gráfico de
la "Hoja del Lunes" en primera página mi vera efigie ilustraba un
discurso del ministro Girón. "El Noticiero" había publicado el
mismo retrato en su sección "Aragoneses que triunfan" y el encargado
del archivo encontró que el ministro y yo nos parecíamos.
Ni corto ni perezoso, fui a
la redacción de la "Hoja", pregunté por el director, que luego fue
amigo, Emilio Alfaro, quien se quedó estupefacto cuando le reclamé mi sueldo de
ministro, puesto que su periódico me había nombrado nada menos que de la
cartera de Trabajo.
Naturalmente se deshizo en
excusas, y entablamos una firme y duradera amistad.
Y, para terminar, ahora que
tenemos Paseo de la Independencia nuevo, en unas obras que pretendían hacerlo
llegar hasta el Ebro, saltaron unos ladrillos del
rótulo de cerca de la Maravilla y quedó bautizado como "Paseo de la...
pendencia".
(Remitido
por Antonio Casao)