En la corte de Luis XV de Francia (1710-1774)
se creó la figura del portacorbatas, un criado cuyo
único cometido era anudarle y desanudarle la corbata al rey.
En el año 1804, el
parisiense Esteban Demarelli gozó de buena fama, e
hizo buen negocio, impartiendo cursillos intensivos de seis horas (a nueve
francos la hora) en los que enseñaba el arte de anudarse la corbata. Y es que
ese asunto no era tan baladí ni sencillo como pueda parecer hoy en día. La moda
era tan amplia y variada en cuestión de corbatas que existía un número
impensable en la actualidad de maneras distintas de componer su nudo (y, por
tanto, un número impensable también de hacerlo incorrectamente).