CORBATA O NO CORBATA: SIGUE LA POLÉMICA

 

Informaba la prensa el pasado verano que la Junta de Jueces de Málaga decidió suspender los juicios a los que los letrados acudan descorbatados. Reacción: el Colegio de Abogados malagueño recomendó acto seguido a sus asociados que se presentaran a los juicios sin nudos en la garganta, impugnando la medida de la Junta de Jueces ante el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía, recordando que la norma que obligaba a llevar esta prenda había sido suprimida ya en 1946.

Un abogado, ferozmente opuesto al corbatismo, razona su actitud en un molesto incidente: “Siempre me presentaba a los juicios con corbata. En los juzgados había togas y corbatas por si acaso, pero aquel día no quedaba ninguna, y al juez no se le ocurrió más que hacerme detener. Me llevaron a los calabozos. Y para hacerme respetar, decidí no ponerme nunca más esta prenda”.

Cuadro de texto:  Otros son más comedidos: “Si llevo una corbata clara, la cambio por una oscura. No se puede solicitar pena de cárcel con una corbata alegre. El acto de la justicia debe ser formal. La corbata influye en ello psicológicamente. Pero si la que llevas es de Mickey Mouse, vale más ir sin nada. La justicia se hace con el fondo y con la forma. No es lo mismo decir: ‘Señoría yo no lo hice’ que ‘¡Eh, tío, que yo no lo hice!’.

De todos modos, al mismo fervor corbatista le son opuestos a veces otros sincorbatistas no menos violentos. Decía un letrado: “Esto de la corbata es un absurdo, porque la toga ya te inviste. El origen de la toga está en la Inquisición. Lo que es importante es el respeto al juez y argumentar bien. Si alguna vez me llaman la atención, hago un alegato basándome en la ley del poder judicial”.

O sea, que siguen las espadas en alto, como con el vizcaíno de marras. Recuerdo personalmente, en la universidad de Barcelona, haber visto expulsar de clase, en el año 1959, a un estudiante porque iba sin corbata. ¿Qué diría hoy aquel iracundo profesor si resucitara?

 

                                                                         Josep M. Albaigès, nov 02