LA
CORBATA, ¿ELEMENTO CÍCLICO?
La mayoría de los
adminículos sujetos a la moda tienen un campo de variación en su diseño más
bien reducido: la falda no puede ser más que corta o larga, las medias, negras
o de color, y la corbata, ancha o estrecha. Por ello, cuando se ha agotado una
posibilidad, fatalmente tiene que volverse a la otra.
Esto no quiere decir que la
emisión de profecías en ese terreno sea cosa fácil. Llevamos muchos años de
medias negras, y no es por falta de ganas de cambiar la moda por parte de
fabricante y diseñadores. Pero, mira por dónde, resulta que las mujeres han
comprendido que la media negra estiliza y oculta (al menos, psicológicamente
para ella) esa pierna que tan generosamente viene mostrando en esos últimos
años. Y la media negra sigue su triunfal reinado.
Otro tanto podría decirse de
otros elementos: los pantalones tejanos, el sinsombrerismo… y la corbata. En
cada caso las razones pueden ser distintas, aunque generalmente están
relacionadas con la comodidad.
En el caso de la corbata,
vemos por ejemplo como siguen prodigándose, desde hace al menos veinte años,
los diseños formados por pequeños dibujos, y no hay quien pueda con ellos.
Periódicamente salen los lunares, se vuelve momentáneamente a la raya diagonal
ancha, los animalitos e incluso las figuras aparatosas, pero el polidibujito está fijado ya desde el principio de los años
70 y no hay quien pueda con él.
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Y puede decirse algo muy
parecido sobre el ancho de la pala de la corbata.. El
gráfico adjunto, elaborado por un ilustre corbatólogo estadounidense, no acaba
de convencernos del todo. Personalmente he vivido (o al menos me han contado)
la época de la corbata ancha de los años 40 y primeros 50, y el adelgazamiento
de ésta hasta extremos inverosímiles en los 60. A principios de los 70 se
rompió bruscamente con la figura masculina estilizada: los pantalones se
ensancharon, las solapas y los cuellos de las camisas se expandieron, y, cómo
no, las corbatas ampliaron enormemente sus anchuras.
Este innegable cambio
radical en la vestimenta fue acompañado de un brusco y lamentable descenso en
las faldas femeninas. Tras haberse reducido éstas en los 60 a la mínima
expresión, singularmente por los esfuerzos de la nunca bastante alabada (al
menos por los hombres) Mary Quant,
la minifalda inventada por ésta devino bruscamente una campana inmensa, a lo country, cuando no indecorosos
pantalones, y la malhadada Joan Baez hizo que las
piernas femeninas desaparecieran de la vista por una larga temporada.
¡Maldita sea la crisis! Pues
a ella, como no podía menos que ser, fue atribuido el fenómeno, e incluso se
llegó a enunciar una singular ley: si los tiempos son difíciles (postguerra de
los años 40-50 y crisis petrolífera del 73 en adelante) las faldas se alargan y
las corbatas se ensanchan. Cuando hay prosperidad, ¡falda corta y corbata
estrecha! Justo lo contrario de lo que parecería exigir el natural ahorro
propio de las primeras épocas y el supuesto despilfarro de las segundas.
Según el corbatólogo autor
del gráfico, cada 5-10 años como máximo habría que tirar las corbatas viejas y
¡viva la industria corbatera! Pero a partir de esos años 70 cargados de pánico
petrolífero, las cosas no son tan sencillas como el bienintencionado gráfico
quiere dar a entender.
Pues, en efecto, desde ese
momento, con una pertinacia que no nos desagrada del todo las faldas tienden a
mantenerse cortas, y las corbatas anchas, en contradicción con los postulados
clásicos. Otras cosas sí varían, faltaría más. Por seguir con nuestro tema,
aparecen dibujos gigantescos, se vuelve a la raya ancha, a los motivos con
correas, cornucopias, artículos de deporte, animales, figuras geométricas,
lunares, colores lisos, diseños op-art, dalinianos, picassianos, mondrianescos y
cuanto queramos, pero siempre la corbata regresa al buen puerto, y, tras unos
pocos años, cuando no meses de descarrío, se vuelve a la plácida pala más bien
ancha, con dibujo pequeño y repetido, colores más bien vivos y armonía visual
del conjunto. Hemos visto caer el muro de Berlín, la Unión Soviética, la bolsa
de Nueva York y las asiáticas, el continente africano y la aeronáutica espacial
estadounidense, pero la corbata ancha-polidibujo
sigue, impertérrita, resistiendo esas tempestades. ¿Será ello indicio de su
mayoría definitiva de edad y su constitución de puerto seguro ante las
frívolas oscilaciones de la moda?
En todo caso, esto es lo que
hay. Seguiremos atentos. ¡Viva la corbata!
JMAiO