EL
COLOR EN LA CORBATA
Raramente una
corbata es de un solo color, pero también casi siempre puede afirmarse que un
color es el dominante. La necesidad de resumir el impacto cromático en forma
simple resulta de la conveniencia de poder combinar la prenda de forma adecuada
con las restantes piezas de la vestimenta. Muchos colores impensables en el
resto del atuendo masculino resultan aceptables en la corbata, aunque no de
forma ilimitada, pese a las chabacanas informalidades de algunos.
En heráldica
priva una norma fundamental: debe ir metal sobre color o color sobre metal. En
corbatología las reglas son algo más laxas en este punto, aunque en general
predomina una norma: la del contraste. Corbata blanca sobre camisa blanca, o
negra o sobre negra, sólo pueden usarse en un estudiadísimo contexto monocolor
del atuendo, y aun así es muy fácil equivocarse. A veces se infringe
expresamente este precepto, y algunos elegantes llegan a pasar victoriosamente
la prueba, pero ésta no tiene más valor que la ruptura de una norma por quien
esté por encima de éstas.
Por esta
constante artística de todas las épocas entre clasicismo-romanticismo, norma
seguida-norma quebrada, las leyes de la estética por contraste entre la corbata
y las restantes prendas varían mucho con el momento.
Por ejemplo, se
consideró en un tiempo del máximo buen gusto la combinación entre color de
corbata y de los calcetines. Hoy esta norma está algo en desuso, tanto por la
evolución de los calcetines hacia colores uniformes y oscuros como, sobre todo,
por la actual moda de los pantalones muy largos, que al montar sobre el calzado
ocultan el calcetín, no importando mucho por tanto el color de éste. Esta
costumbre, que ha acarreado otras desgracias (por ejemplo, la flaccidez en los
mismos calcetines) ha obligado a buscar el contraste de la corbata con otros
complementos en el vestir, básicamente la chaqueta, la camisa y el pañuelo de
la pechera. Los puristas están radicalmente en contra de este último tipo de
combinación, pues en algunos países (especialmente los meridionales europeos)
no está desterrada la asociación de pañuelo con “sonador”, lo que se presta a
asociaciones (e incluso hábitos) desagradables.
Ésta es la
clave de asociación de los colores y motivos:
COLORES
Azul. El más popular, especialmente en los países
anglosajones. Su éxito se ha incrementado modernamente por la aparición los modernos media, ante los que resulta el
único absolutamente seguro. El color evoca dinamismo, sentido de empresa,
seriedad, clasicismo. Un corbata chillona ante una
aparición por TV, que deforma los colores, puede resultar catastrófica
induciendo contrastes cromáticos nada deseados en la pequeña pantalla. El azul
simboliza además la integridad, la tranquilidad, e induce a ideas favorables
sobre el que la lleva. No es raro por ello que haya acabado siendo el color
preferido de los políticos, quienes muy a menudo la combinan con camisas y
trajes en la órbita del mismo color.
Rojo. En los años 30 se fue configurando como un
color temido en los países anglosajones, sin duda por su asociación con el
entonces pujante comunismo, pero no sucede lo mismo en los mediterráneos, donde
evoca sentimientos ambivalentes, tanto de ansiedad como de agresividad. En todo
caso, el rojo es un color contrastante, y por ello puede combinar muy bien,
como nota de colorido en un traje serio, no exenta de agresividad y energía.
Merece particular interés el granate, perfectamente combinable con el azul, y,
según los psicólogos, evocador de connotaciones sexuales incluso duras, por sus
referencias obvias.
Naranja. Pese a ser el color más
cálido, no es popular entre los corbatistas. Quizás la razón haya que buscarla
en su dificultad para combinar con otros colores, aunque en los últimos años la
aparición de camisas de colores pastel (entre los que se cuentan los
anaranjados) haya propiciado un tímido despegue de este tono. En todo caso
sigue siendo considerado un color algo extravagante, propio de culturas
germánicas, con sensibilidades cromáticas intensas pero alejadas de la
española.
Negro. Aunque gozó de gran popularidad en el siglo
pasado, sin duda por su uso en las marinas de todo el mundo (imitación de la
inglesa, señal de luto eterno por la muerte del almirante Nelson), su
asociación con el luto y las asistencias a actos fúnebres ha coartado mucho su
difusión, salvo, excepcionalmente, en tiras estrechas o corbatas-bucle, estilo lavaliera. Pero en cambio es el color casi único para
lacitos.
Gris. También asociado con bodas, especialmente
en los tonos perla. Leves matices en el tono pueden arruinar el aspecto de un
novio, o realzarlo hasta el límite. Como color en la vida diaria es evitado
precisamente por esta connotación, y en todo caso combina solamente con el
traje gris para dar sensación de probidad.
Amarillo. Aparte sus connotaciones supersticiosas
(millones de personas se niegan en absoluto a vestir prendas de este color), es
difícil de combinar con trajes, aunque la gran variedad de tonos posibles harán
que un corbatista experto halle a menudo el que más se avenga con determinada
vestimenta. Las corbatas amarillas con lunares o pequeños dibujos repetidos
pueden resultar muy llamativas.
Verde. Es sin duda el color más peligroso.
Combinado con trajes y camisas también verdes resulta relajante, especialmente
en tonos brillantes, pero se precisa mucho cuidado para que los distintos tonos
armonicen entre sí. En todo caso, con cualquier otro color de camisa o traje
resulta sumamente difícil de combinar. Como excepción, puede resultar muy
atractivo en corbatas de punto, siempre combinadas con trajes marrones, beiges
o simplemente con algún motivo verdoso, a los que presta una insospechada vida.
Púrpura. Reservado antiguamente
sólo para la realeza, es temido por muchos como excesivamente ostentoso, aunque
puede realzar dignamente un traje gris.
Marrón. El antiguo dicho
“caballero español no se viste de marrón” es también aplicable a la corbata,
pues tiende a ensuciar el aspecto. Raramente recomendable, incluso con trajes o
camisas combinantes.
MOTIVOS
Rayas. La raya, especialmente la diagonal, es el
tema más repetido en corbatas, y vuelve cíclicamente. Nada tan hortera como una
corbata de rayas mal elegidas, nada tan elegante como unas bandas del ancho y
colores adecuados. Las modas juegan aquí malas pasadas, que se acusan en cuanto
se revisan fotografías antiguas.
Animales. Son gran moda en los
últimos años, y resultan elegantes si se sabe elegir bien el diseño del animal.
Huir de los excesivamente candorosos o disneyanos.
Quedan bien los caballos, perros, gatos, incluso elefantes y osos. Cuidado con
los conejos (excesivas connotaciones playboyistas),
peces y pájaros.
Pequeños dibujos. Son moda cíclica, y suelen
quedar muy bien, incluso con distribución muy geométrica. ¡Atención! Vestirlas
cuando los pequeños dibujos no son ya moda indica un lamentable desfase.
Cornucopias. Muy peligrosas, pues se
prestan al abuso y a la orgía visual desenfrenada. Cabe hacer consideraciones
similares a las de los pequeños dibujos.
Lunares. Vuelven periódicamente, y
entonces están permitidas. ¡Atención! Son siempre moda efímera, y fuera de su
temporada evocan poco serias imágenes de rumba brasileira
o cantaor.
Gran dibujo en el centro. Horribles en
el 99 % de los casos.
Totalmente monocromas. Sólo son aconsejables si
el color es poco corriente y combinan inteligentemente con el traje. Por
ejemplo, beige-beige, gris-gris, etc. Excepción son las de punto, con pala
cortada recta. Pueden dar una imagen deportiva, ágil y juvenil si están bien
combinadas con la camisa y el traje.
Abigarradas. Aquí sí que es difícil dar
normas. La corbata resultará un alegre latido de color y vida o un adefesio
inaguantable en función de la sabiduría con que ha sido elegida y cómo combine
con el resto del atuendo.
Josep M.
Albaigès, ago 98