EL CULO EN LA POESÍA GRIEGA ANTIGUA
He juzgado las nalgas de tres chicas. Ellas
me han elegido como juez
mostrándome el desnudo resplandor de sus
miembros.
Una estaba marcada con hoyuelos sonrientes
y una blandura blanca florecía en los
glúteos.
La carne como nieve de la otra se enrojeció
al alzarse
y se puso más rosa que una rosa purpúrea.
Y la última, tersa, se turbaba con una ola
muda,
y autónoma vibraba la delicada piel.
Si estos culos hubiera contemplado el que
juzgó a las diosas,
Ya no hubiera querido mirar a las primeras.
Rufino, Antología
palatina
En tu pierna, Nicandro, se está espesando el
vello. Vigila,
no le pase lo mismo a tu culo y no te enteres
y veas qué rareza es un amante[1].
Por ahora, medita:
la juventud es algo irrevocable.
Alceo de Mesene, Antología palatina
Cuando quedó tendida Doris culo-de-rosa[2] sobre el lecho
entre tan frescas flores me convertí en un
dios[3].
Dioscórides, Antología palatina
Sus glúteos redondos rozaban entre sí,
vibrantes, con la piel más jugosa que el
agua.
Rufino, Antología
palatina
NOTAS
·
Traducciones de Aurora Luque.
·
Alceo fue amigo y contemporáneo de Safo; es decir,
lesbiano[4],
de entre los ss VII-VI aJC.
·
Dioscórides, 2ª mitad del s III aJC. El manuscrito
que nos lo ha transmitido lleva al margen la indicación: “superpornográfico”.
·
Rufino. Oriundo de Éfeso, en Jonia ¿Siglos III-II
aJC?).
·
Anónimo, helenístico.
Coroné a Menecarmo, que en la lucha venciera por la espalda,
con diez cintas muy suaves y lo besé tres
veces
aunque estaba empapado en mucha sangre.
Eso me fue más dulce que la mirra.
Anónimo, Antología
palatina