Testamento
del Capitán
Melesio
Barbarín de las Molucas
Clasificado en el catálogo de la biblioteca del Instituto de Estudios Históricamente Difamatorios como: folios b23432 – e23476 del apartado de documentos inverificables.
(b23432) Tras larga,
infructuosa, dolorosa, telúrica, espinosa, mojada, arenosa, excrementosamente
tediosa, bubónica y escorbútica, irreligiosa y tan matagrobelizada como poco
entendida y obnubilada, mosqueada, adormilada,
bamboleante-penduleante-rebotante, irritante e intolerablemente blasfemante
travesía; sedientos, jadeantes, paralizados de media cara, con las mucosas
escamosas, salitrosas, desollados de los cojones, asoleados, nauseabundos,
abandonados y con los lomos pelados, los dientes cariados, que bañados en
lágrimas navegamos errantes, ciegos y sin voluntad, arrastrados por los
caprichos del inclemente mar. Nuestro único anhelo es que Dios clemente y
misericordioso nos envíe una muerte pronta y serena; que nos saque de esta
vida, que de dolorosa y alucinante ya no es vida, como se saca un cabello de un
vaso de leche.
Hace ya treinta
años completos y algún tiempo mas, que llenos del ardor que da la juventud y
del ímpetu temerario de los que viven en el mar, partimos del puerto de
Malasmoscas a bordo del famoso y renombrado navío El Calostro, bajo las ordenes
de nuestro capitán, el heroico conde Melesio Barbarín de las Molucas, tan amado
y respetado por toda la corte, pero con especial fervor y sinceridad, debido a
los servicios que desinteresadamente ha prestado al país, por sus majestades
Perico de los Palotes III y Andrómaca Neuralgia, monarcas soberanos de gracioso
reino de Coladeburro.
Alegres y sin
extrañar en exceso lo que algunos fanfarrones marineros llamaban “los
afeminados perfumes de los almohadones del continente”, nos entregamos al mar y
al variante juego de los vientos, confiados en la protección benevolente del
Eterno y en la sabia y prudente guía del capitán Melesio. No tardamos en vernos
envueltos en graves aventuras y peligrosos lances, tanto en mar abierto como en
los territorios visitados. (c23433) Era la nuestra
una tripulación ardorosa y atrevida, inconscientemente valerosa, a la que no le
importaba enfrentarse a peligros de muerte aunque fuera con manos y pies atados
a la espalda. El capitán Melesio sabia muy bien cultivar estos sentimientos
gracias a que era un profundo conocedor de los corazones de los bravos hombres
de mar.
El carácter de la tripulación puede
explicarse en el curioso hecho de que se conforma en su mayoría por Barrilotes,
nativos del país de Destilería, que le fueran obsequiados por sus madres al
capitán Melesio, apenas destetados (destilados, como dirían en su lengua
envinada), como agradecimiento por las grandes obras y prodigios que realizó en
este reino. Mala temporada pasaban los destilados, ya que después de una larga
sequía les sobrevino la peste, y como obra demoniaca se les avinagro todo el
vino. No sintiéndose digno Melesio de imitar a Nuestro Señor Jesucristo, no les
convirtió el vinagre en vino, mas hizo un gran milagro al aumentar el precio
del vinagre, con lo que los destilados quedaron harto contentos y
prodigiosamente se curaron de la peste y la sequía. (c23434
incompleto) Los Barrilotes
de Melesio le han sido desde su tierna infancia fieles adeptos, además de que
le profesan un sincero amor filial. (...) (folios faltantes c23434 –
d23450)
..
.
(d23451
incompleto)...moribundo, el hermano Antónimo de las Bernardinas, no teniendo
clérigo ante quien confesarse, delirante imploraba por el perdón de Dios; pero
viéndose necesitado del consuelo que ofrece el confesar las propias faltas al
oído de un semejante comprensivo, rogó lo escucháramos en confesión tan solo
para reconfortarlo en su agonía. Accedimos y nos dispusimos solemnemente a
escuchar, pero sus declaraciones nos dejaron a todos amedrentados, confundidos,
matagrobelizados, es decir, congestionados de las entendederas.
Nos contó cómo conoció cercanamente al capitán Exhoc Telurius en su juventud, y que este
nunca pudo poner un pie dentro de una embarcación, ya que el movimiento de las
aguas le provocaba mareos que le ponían en paz los intestinos. Esto se debía a
que sufría de un mal en el interior del oído, en el órgano laberíntico, que lo
privaba del equilibrio; dijo también el hermano Antónimo, que Telurius era un
hombre bebedor y fantasioso, y que en sus últimos días no se separó de sus
escribas y sus cartógrafos, con quienes se recluyó en la taberna de las
Cornamentas, donde lo conoció y recibió su instrucción Melesio. (d23452 incompleto) Desde una ventana del tugurio el capitán Telurius
veía anhelante e impotente el ajetreo del puerto de Ancasderana y dedicaba sus
horas a la composición de crónicas y cartas de navegación, que eran una mezcla
de otros autores y de su propia fecunda, acalorada y alcoholizada fantasía.
Nos revelo también el hermano Antónimo, la existencia de un antiguo pergamino en el que los motivos por los que secretamente la corte alentó la realización de esta larga, infructuosa, dolorosa, telúrica, espinosa, mojada, arenosa, excrementosamente tediosa, bubónica y escorbútica, irreligiosa y tan matagrobelizada como poco entendida y obnubilada, mosqueada, adormilada, bamboleante-penduleante-rebotante, irritante e intolerablemente blasfemante travesía; se pueden entrever (...) (folios faltantes d23452 – d23460)
..
.
Pasando de las
molucas
si es que
hundidos no sois
seguro las
encontrareis
Do ni al norte ni
al sur
lo dicta mi
experiencia
estáis sobre el
ecuador
del mundo limite
cierto.
En difíciles
pasos vais
peligro mortal
acecha
buen momento para
rogar
que Dios vuestra
alma guarde.
Cuando de valor
os arméis
alzad al viento
céfiro
las velas de
vuestra nave.
Gritad: ¡Galeotes
a remar!
Sabréis, la
habéis cruzado
cuando
brutalmente sintáis
os arrancan de la
tierra,
bien va si no os
desmembráis.
Cosa extraña
inusual
la repulsión
antípoda
al principio
tormentosa
de la tierra os
aleja.
Y ahora os
encontráis
navegando el
firmamento
del que ahora ya
sabéis
la mitad del
mundo es. (...)
..
.
(e23470) No
desperdiciare lo que tal vez sean mis últimos momentos, contando las tropelías
que cometimos en el país de los Culodebabuino, vengando así con pleno derecho
las ofensas que estos pueblos hicieron en la antigüedad en contra de la Virgen
Roja de los Salpullidos, y los delitos que cometieron sobre nuestro sagrado
estandarte nacional: El Calamar Tuerto de Tres Tentáculos.
No voy a extenderme contando como llegamos a las costas
culobabuinas, de noche y cuidando de no hacer ruido que alertara a los
centinelas del puerto; ni como nuestro plan de iniciar el asalto por sorpresa
fue arruinado por la imprudencia de algunos marineros alborotadores, que para
mantener su buen humor, no habían dejado de beber desde el final de la cuaresma
del año anterior. Al ser sorprendidos por nuestros enemigos (y enemigos de la
verdadera religión y de los valores sublimes que representa nuestro sagrado
estandarte: El Camarón Bizco de Dos Patas) nos sentimos por un momento
perdidos, pero no por eso paralizados por el miedo, sino que nos echamos al
hombro el valor adquirido en las pasadas batallas.
A fe mía que el choque fue más terrible
que el estruendo provocado en el primer encuentro entre los ejércitos divinos y
los ángeles rebeldes; los primeros cañonazos atronaron ensordecedores a lo
largo de la costa y de inmediato el humo lo cubrió todo densamente. Uno no
podía encontrar las propias narices mas que buscándolas a tientas con las manos
(algunos no las encontraban porque recibieron una bala en plena cara).
Lamentablemente, en la confusión hundimos a cañonazos
treinta de nuestras propias naves, muriendo al instante tres mil quinientos
bravos y piadosos marinos. Junto con la noticia de tan nefasto suceso,
corrieron como tempestuoso viento sobre la flota entera los lamentos y el
arrancar de cabellos. (e23471) Amargamente lloramos a
nuestro pequeño y gracioso Secundilet, bufón favorito de nuestro rey, quien por
amor a la nación de los Coladeburro y a nuestro magnifico estandarte: la Ostra
Inaccesible de Concha Cubierta de Pelo; abandonó la comodidad y los aplausos de
la corte para compartir arrojada y valientemente las aventuras y desventuras de
la flota de Melesio. Aunque bravo, de piadosos sentimientos y profundos
pensamientos, a nuestro enano nunca le abandono el buen humor y nos tenia
siempre contentos y embelesados como párvulos, con sus maromas y retruécanos.
El cañonazo lo sorprendió husmeando en la cocina del buque La Friolera y provoco que explotara un gran tonel de
aceite que su lado se encontraba, con lo que se le incendiaron todas las
espaldas. El infeliz, desesperado y sabiéndose condenado, brinco a la cubierta
con asombrosa agilidad, retorciéndose y haciendo grotescas muecas, gritando
ilegibles blasfemias ya que el humo lo asfixiaba. Los marineros en un principio
creyeron se trataba de las tan conocidas ocurrencias que Secundilet usaba para
levantar el animo de los combatientes en momentos de peligro. Una vez que el
pobre champiñón logro apagarse a fuerza de arrastrarse y restregarse contra
algunas tablas, sus ultimas palabras fueron: “Como me arde el culo, ¿qué
maldades estarán diciendo de mi los hipocritones de la corte? Esto provoco
grandes carcajadas entre los presentes, pero seguidamente fueron interrumpidas
por una bala de nuestro distraído artillero. Muchos grandes amigos perdimos,
como el sapientisimo almirante Rigoberto Muñón, hombre intachable que no conocía
el temor. Este valiente navegante había perdido una pierna en la primera guerra
Teológica, otra pierna en una traviesa incursión que hiciera con su tropa a la
isla de las amazonas; dos brazos, un ojo y casi todos sus dientes los perdió
resbalando al salir presurosamente del balcón de una encopetada señora casada
(casada con otro hombre se sobreentiende, de ahí la prisa). (e23472) Un sobreviviente de la nave bajo las ordenes de Rigoberto, El Feliz
Inquisidor, nos contó, en finalizando la batalla, como lo vio dando vueltas
pescado al timón con sus fuertes dientes incisivos, para después hundirse en
las llamas de una bala incendiaria.
Mas por encima de todos los gritos y lamentos, rugió
atronadora la voz de Melesio que como un león nos ordeno dejar para después las
lagrimas y los honores a los caídos, y luchar valientemente por el
conservamiento de nuestros hermosos cojones. Su orden fue sellada con el rugido
de sus fieles seguidores, que sin mas discursos se lanzaron a la batalla
(bienaventurados ellos que murieron combatiendo leal y valerosamente, a
diferencia de los sobrevivientes que al fin cayeron bajo el azote del hambre y
la enfermedad. ¡Qué en la gloria de Dios descansen!).
Como decía, no pienso agobiaros con los detalles estos
heroicos combates, de los que salimos victoriosos gracias a la protección del
Altísimo y a la sombra benevolente de nuestro real estandarte: El Medio
Cangrejo sin Patas, sin Ojos y sin Caparazón, Frito con Ajos y Cebollines.
Aunque también fue de gran ayuda el que en medio de la confusión, uno de los
artilleros de los culodebabuinos ahogo quinientas de sus propias embarcaciones,
bombardeo el ayuntamiento, la Iglesia e incendio un gran numero de barracas en
las que muchos soldados perecieron calcinados.
Gran fiesta hicimos sobre los despojos cuando entramos a
tomar posesión de la ciudad rendida; mas no saqueamos, ya que encontramos pocas
cosas de valor, fuera de la comida, la bebida y las mujeres; cosas de las que
dispusimos liberalmente, con licencia absolutoria del hermano Antónimo de las
Bernardinas (nuestro confesor de a bordo) que como todos los demás estaba que
no cabía en sí de gusto, por esta victoria de la verdadera fe.
(e23473) Definitivamente
no tendré oportunidad de ocuparme en haceros la crónica de estas ardorosas
empresas. Mas si en el ocaso de mi vida me encontrara tranquilamente en mi
hermoso país, adormecido por el calor de mi hogar, mi cocina y mi lecho
conyugal; por mi honor de bebedor que dejaría todo negocio y toda ocupación
mundana para dedicarme por entero a inmortalizar por escrito las grandes
hazañas, los aventurados viajes y los inmortales dichos de que fui testigo bajo
el mando del capitán Melesio Barbarin. Varias bibliotecas se llenarían tan solo
con el catalogo de las obras de mi ingenio nacidas. Alumbraría a perpetuidad a
la humanidad con el testimonio de las más grandes y heroicas empresas jamas
cometidas por un mortal. Imponentes columnas de libros rasgarían el cielo. Que
grandes y alucinantes títulos me imagino.
- Batalla del
Capitan Melesio contra la flota imperial Alemana por disputa de una isla
afortunada.
- El gran
perjuicio que recibieron los italianos por ofender a la reina de Malamatiya
(Obra enormemente edificante para la juventud).
- Exposición de
los principios celestiales del estandarte nacional de los coladeburros: El
Lenguado Hermafrodita. Hecha por el capitán Melesio Barbarin ante los sabios de
Jerusalén, Siria, Bagdad, Antioquía y Bizancio.
- Recibimiento
que hicieron los africanos a Melesio y las grandes reformas que de sus leyes
hiciera.
- Anécdota de
cuando Melesio le saco la columna vertebral a un toro de un solo tirón.
- Meditaciones de
Melesio al retirarse a la eremita de Suntuosia
- De como Melesio
le colgó un cascabel a Lutero.
(e23474) Y así
continuaría llenado página tras página con las maravillosas aventuras de
Melesio y su tripulación, en la más hermosa prosa que de mi corazón brotara,
deteniendo mi anciana mano solo para expirar mi ultimo aliento.
Pero el cruel destino, que
arrastra de los cabellos a los que de mal talante le sigue, nos tiene hundidos
en la fatalidad y la desesperanza; arrebatados del mundo nadamos en la nada
anhelando una piadosa muerte.
Atribulado y desfallecido, debo cumplir con este último acto
de fidelidad, aun acosado por el inclemente aguijón de la enfermedad, de
registrar las ultimas disposiciones del delirante y maltrecho capitán Melesio.
Cargo con el resto de mis fuerzas para emprender esta dolorosa tarea, ya que no
reconozco al amigo, maestro y padre espiritual de antaño, en este monigote de
animo imprevisible e irracional en que se ha convertido el gran Melesio. Por
varios días se tiende inanimado en la cubierta del Calostro, balbuceando
débilmente discursos absurdos. En una ocasión contendió acaloradamente con el
Papa Magnánimo VII respecto a ciertas acusaciones que antiguamente le hicieran
los prelados del Vaticano.
–Mira Magnánimo,
padre santuario y suntuoso – le decía al viento – que no es para os pongáis de
esta manera, ni es prudente que andéis prestando oído a las malas lenguas,
patatin, patatán, regulin, regulon; Tienes el palacio lleno de aduladores
galopantes sin otro oficio que andar perfumando a pedorreras los muros de
cuanto recinto por el que pasan. He visto algunos de los hermosos y
penduleantes frescos del maestro Matamoscas en la catedral del San Pansardo,
desprenderse aterrados y desesperados por escapar de los apestosos muros. Ayer
mismo, mientras paseaba a deshoras por los pasillos de la capilla del Bello
Vientre, del brazo de la abadesa de Santa Estulticia, (e23475) vi un San Antonio
del maestro Indulgencio que tenia la cara verde y los ojos desorbitados que
veían de modo aterrorizante, aunque a mi abadesa le parecieron encantadores. Y
hasta creo haber visto hace un momento a una plana y descolorida Santa Marta
corriendo a reunirse en una esquina, bajo un limonero, con otras igualmente
desdibujadas Santa María la Virgen y Santa María la Magdalena, que se hallaban
parloteando como exóticas guacamayas, aguijoneando los oídos de los paseantes
con agudas risitas y haciéndose una a la otra violentos ademanes frente a la
cara...
No creo
apropiado extenderme más.
Pero cuando la fiebre le sube, el capitán se levanta
alucinante y dentellante, emprendiendo violento combate en contra de enemigos
imaginarios, gritando ordenes a los cadáveres de la tripulación esparcidos en
la nave.
Ardientes lagrimas me ciegan cuando me dispongo a registrar
los dictados de este fantasma de Melesio. Acepto transcribir estos delirios por
la amistad, la admiración y la fidelidad que me une al gran navegante y guerrero
Melesio, nunca suficientemente celebrado.
Que el Unico,
Todopoderoso y Eterno Dios Clemente y Liberal, tenga piedad de las indignas
almas de estos cadáveres que respiran desgracia y se alimentan de sufrimiento.
Que en su misericordia contemple de lejos y con un solo ojo nuestras faltas;
que vea con alegría y generosidad las buenas obras de estos que alguna vez
fueron hombres animados por su espíritu.
Libéranos Señor de las
fatigas de la vida, y que se haga todo conforme a tu sabia voluntad; pero ten
piedad y hazlo sin tardanza.
(e23476
incompleto) Testamento y disposiciones finales del Capitán Melesio Barbarin.
Conde de las Molucas. Duque de Meninges. Representante diplomático y comercial
plenipotenciario en el extranjero, al servicio de sus majestades serenisimas
Don Perico de los Palotes y Doña Andromaca Neuralgia, Joyas de la corona del
país de Coladeburro.
Recogidos de su
boca por el escribano y cartografo del Calostro, Analecto Demencio, sin conocer
el dia y la fecha de año de nuestro señor de ... en las antipodas.
Bip, bip, pu, pu (sic). Aquí
viene Melesio encaramado en el lomo de una salamandra, aquí viene Melesio
mamando la ubre de una cabra; aquí viene Melesio haciéndole un becerro a una
vaca. (...) (Aquí se interrumpe el manuscrito)
..
.
Notas
- En una antigua copia inglesa
se incluyen varios extensos capítulos de confesiones de Melesio, pero este el
Instituto de Estudios Históricamente Difamatorios los ha declarado apócrifos.
- La Sorbubonica, El Instituto
de Estudios Pedantes de Londres, La Academia Olorosa de Milán y la Universidad
Inteligible de Berlín, niegan categóricamente la autenticidad del manuscrito
entero y la verosimilitud histórica de la existencia de los lugares y
personajes mencionados.
Mario Casanova
[sst.sturm.abteilung@gmail.com]
México
2006