A VUELTAS CON LA ZORRA Y EL ABAD
PEDRO RUIZ
LOZANO
Palindromista
Miembro del Club Palindrómico Internacional
2005
Existe el palíndromo perfecto. Aquella simetría fraseada que más se parece al ser humano perfecto –imperfecto de por si- es la mejor, la más bella, mejor formada, más inteligente, contenedora del mejor consejo o de un buen pensamiento. Ahí debe estar el Gran Palíndromo. Tiene su dificultad y requiere además de mucha dedicación, la ayuda de las musas.
El palíndromo más famoso: Dábale arroz a la zorra el abad no es un palíndromo perfecto y sin embargo perdura en la memoria colectiva, utilizándose constantemente como ejemplo. Su contenido no transmite ningún mensaje válido ni goza siquiera de una belleza formal especialmente remarcable. ¿A qué se debe su éxito? Quizás se debe a que gracias a su antigüedad se ha convertido en un clásico, o simplemente el desconocimiento popular de los denominados aquí como perfectos. A poco que juguemos con él nos encontramos con variantes muy divertidas, pero que no nos van a satisfacer en cuanto a su perfección. Cuando de todos es sabido que a la zorra, de la paella, lo que más le gusta es la carne, sea de pollo o de gallina, pues nos empeñamos en alimentarla con arroz: ¡A la zorra arroz, ala! Y es que este es un vínculo eterno para el pobre animal, es su sino y esa es la suerte del abad: La zorra le ata el arrozal. Aunque he de decir que conocí un caso de rebeldía en este ser tan espantadizo. Es el de aquella que decidió cambiar los papeles y consiguió dar arroz al religioso: Arroz al abad daba la zorra. Y es que a ella, como queda dicho, no le gusta el arroz, así que: Arroz daba la zorra, arroz al abad, zorra. No sabemos como le sentaría esto al abad, pero tenemos constancia de que la abadesa, natural de Valencia, sí que disfrutaba: Zorra, la abadesa se daba al arroz.
Los ejemplos en este sentido pueden ser miles –y algunos hasta sutiles-, pues la relación del abad con la zorra viene de muy lejos. Se podría escribir:
Abad arroz a la zorra daba.
El abad a la zorra: arroz. ¡Ala, dábale!
La zorra no caída. Bar: abadía con arrozal.
Así podríamos continuar variando y desvariando hasta el infinito, pero sería como una rueda con el simple movimiento de rotación, siempre girando sobre si misma. Al intentar añadir el desplazamiento: la translación, esa rueda adquiere una nueva dimensión estética. Mi empeño está puesto en relacionar la dichosa zorra con las gallinas, como hace la naturaleza misma:
Zorra a gallo: llaga arroz.
Ore, ni llaga arroz. Zorra a gallinero.
Lar, roca, arrozal. La zorra a corral.
Arroz a olla, gallo a zorra.
Anilla gaza carroza. La zorra caza gallina.
Dábales esa gallina a las zorras. Arroz, sal, a Anilla gases, el abad.
De estos últimos, el cuarto ejemplo: Arroz a olla, gallo a zorra es el único que puede contener algunos parámetros de sutileza. Escuetamente y sin accesorios o complementos –contrariamente a lo que ocurre con los demás- se afirma lo justamente necesario: el arroz es para la olla y el gallo para la zorra, tal como debe ser. Con esos cueros el palíndromo adquiere unas virtudes que otros no tienen.
Medias bromas aparte, es necesario seguir buscando. Estoy seguro de que el palíndromo perfecto existe y es posible en cualquier lengua. Aquellos que lo encuentren serán más felices y darán felicidad a muchos lectores de palíndromos. Particularmente he de decir que se me hace muy pesado leer una lista interminable de palíndromos y lo hago siempre con la esperanza puesta en hallar aquel que me haga detenerme, sonreír, reflexionar y gozar, pensando al final, que ha valido la pena, que en ese autor o autora hay ingenio. En el camino hacia el palíndromo perfecto sería posible crear una antología universal de buenos palíndromos. Sería posible escoger sólo los mejores, aquellos que cumplieran las premisas necesarias para su buena valoración. Se podría comenzar por crear un Decálogo del palíndromo casi perfecto. Para ello los palindromistas deberían ponerse de acuerdo en cuanto a los criterios a seguir. La idea de crear un Foro palindrómico está lanzada.
Insisto, la zorra es feliz cazando gallinas, aunque el camino hacia su perfección sea tortuoso y difícil:
Así
la zorra cazó gallinas. Anilla goza carroza, lisa.