Una
colección de capicúas
No sé si ha de considerarse un hecho extraordinario
el haber encontrado una pequeña colección de billetes de tranvía y de coches
de línea, de 1900 a 1940, capicúas, casi los mil números posibles,
perfectamente ordenados del 00000 a 99999,
pasando por todas las combinaciones. Son billetes frágiles, bonitos, tipográficamente admirables, de colores desvaídos,
trayectos reales, de gentes reales que sin duda llevaron la alegría ese día a quien
le cupo la suerte de tropezárselos. ¿Quién los acopió, quién los ordenó? ¿Tuvo
suerte tan numerosa en esta vida como el hecho de irlos reuniendo? Seguramente
no. Seguramente la suerte nunca favoreció a ese coleccionista: la prueba de que
era un hombre triste es que buscaba su contento en coleccionar algo tan modesto
y sin valor.
Andrés Trapiello, La Vanguardia, 31.12.07