El bifrontismo poético sí ha sido cultivado desde siempre. Existen composiciones legibles en uno u otro sentido sin que su significado cambie, como esta décima, escrita para salir al paso de los rumores que circularon ante una importante decisión pontificia:
Inténtelo quien lo intente,
Hasta que el golpe esté dado
De lo que se haya tratado
Nada se sabrá, es patente.
En esta ocasión presente
Mucho se ve disponer;
Penetrar lo que ha de ser
En lo posible no cabe.
Quien más calla, éste lo sabe:
Todos hablan sin saber.
(Anónimo)
Por el contrario, otras composiciones invierten su significado al ser leídas de abajo arriba:
Te adoro con frenesí,
Y di que miento si digo:
Solamente soy tu amigo
Cual lo eres tú para mí.
No quiero chanzas aquí
Con mi ternura y afán;
El temor de qué dirán
No pone valla a mi amor
Si dicen que con ardor
Mintiendo mis labios van.
(Anónimo)
Un caso muy curioso de
bifrontismo se dio en el campo político. A principios del siglo XIX el ménage à trois formado por el rey
español
Veamos una de esa coplas, donde se juega con el bifrontismo de determinada palabra.
Entró
en la Guardia Real
y
dio el gran salto mortal.
Con
la reina se ha metido
y
todavía no ha salido.
Y
su omnímodo poder
viene
de saber... cantar.
Mira
bien y no te embobes,
da
bastante ajipedobes.
Si
lo dices al revés,
verás
lo bueno que es.
Y
como el ingenio aguza
le
hace duque de la Alcuza.
Como
miró por su casa,
fue
príncipe de la Pasa.
Que
a España e Indias gobierna
por
debajo de la pierna.
Es
un mal bicho al que al cabo
habrá
que cortar el rabo.
La
realeza te hizo
muchos
favores
y
tu sólo le diste
ajipedobes.
Anda,
Luisa,
pronúncialo
a la contra;
verás
qué risa.
Todo esto duraría muy poco: la revolución napoleónica dio en pocos años al traste con la familia real, el valido y aun la entera sociedad española.
JMAiO, BCN, mar 2004