El bifrontismo poético sí ha sido cultivado desde siempre. Existen composiciones legibles en uno u otro sentido sin que su significado cambie, como esta décima, escrita para salir al paso de los rumores que circularon ante una importante decisión pontificia:
Inténtelo quien lo intente,
Hasta que el golpe esté dado
De lo que se haya tratado
Nada se sabrá, es patente.
En esta ocasión presente
Mucho se ve disponer;
Penetrar lo que ha de ser
En lo posible no cabe.
Quien más calla, éste lo sabe:
Todos hablan sin saber.
(Anónimo)
Por el contrario, otras composiciones invierten su significado al ser leídas de abajo arriba:
Te adoro con frenesí,
Y di que miento si digo:
Solamente soy tu amigo
Cual lo eres tú para mí.
No quiero chanzas aquí
Con mi ternura y afán;
El temor de qué dirán
No pone valla a mi amor
Si dicen que con ardor
Mintiendo mis labios van.
(Anónimo)
Veamos una versión 2009 de lo mismo:
Digamos las cosas como son
La economía española está en buenas manos
Serían un error pensar que
Nuestros ahorros corren serio peligro
El gobierno de este país es consciente de que
El paro volverá a bajar y a estabilizarse
Hay que ser un iluso para creerse que
España se hundirá a causa de la crisis.
Si confiamos ciegamente en Solbes veremos que
El FMI a veces se equivoca.
Pero los españoles lo vemos de otra manera.
(Tomado de Internet)
Un caso muy curioso de bifrontismo se dio en el campo político. A principios del
siglo XIX el ménage à trois
formado por el rey español
Veamos una de esa coplas, donde se juega con el bifrontismo de determinada palabra.
Entró
en la Guardia Real
y
dio el gran salto mortal.
Con
la reina se ha metido
y
todavía no ha salido.
Y
su omnímodo poder
viene
de saber... cantar.
Mira
bien y no te embobes,
da
bastante ajipedobes.
Si
lo dices al revés,
verás
lo bueno que es.
Y
como el ingenio aguza
le
hace duque de la Alcuza.
Como
miró por su casa,
fue
príncipe de la Pasa.
Que
a España e Indias gobierna
por
debajo de la pierna.
Es
un mal bicho al que al cabo
habrá
que cortar el rabo.
La
realeza te hizo
muchos
favores
y
tu sólo le diste
ajipedobes.
Anda,
Luisa,
pronúncialo a la contra;
verás
qué risa.
Todo esto duraría muy poco: la revolución napoleónica dio en pocos años al traste con la familia real, el valido y aun la entera sociedad española.
JMAiO, BCN, mar 2004