HISTORIAS SOBRE IMPRECISIONES EN EL LENGUAJE

 

1. Las gafas

 

El otro día un amigo mío de Móstoles fue a Madrid sabiendo que su novia necesitaba unas gafas. Al pasar ante una óptica vio un modelo de su agrado, y lo compró acto seguido.

Al pasar el regalo por caja, la dependienta se confundió y le dio otro paquete de envoltorio muy parecido que contenía unas bragas. Mi amigo, sin darse cuenta del error, se lo remitió acto seguido a su novia por correo acompañada de esta carta, que la dejó perpleja:

 

Querida Loli:

Espero que te guste el regalo que te envío. Sé muy bien que te hacían mucha falta. Las que llevas actualmente están ya muy viejas y estas cosas hay que renovarlas de vez en cuando.

Espero haber acertado con el modelo, quizás algo atrevido, pero elegante. La dependienta me dijo que eran la última moda y me enseñó las suyas, que eran iguales. Para ver si eran ligeras me las probé, no sin cierta dificultad, por la talla, claro. Realmente el efecto era cómico, y la dependienta y todos los asistentes se reían a gusto. Claro, estos modelos femeninos quedan graciosos a los hombres, que los desbordamos por todas partes.

Fue tal el éxito que una clienta joven quiso probárselas, quitándose las suyas previamente, para que yo pudiera hacerme idea de cómo te quedarían puestas. Aunque la tapaban poco porque la chica era más bien ancha, las vi estupendas y me decidí a comprarlas. Todos alabaron mi buen gusto.

Póntelas inmediatamente para que todo el mundo pueda comprobar lo bien que, estoy seguro, te van a quedar. Quizás al principio te sientas extraña con ellas, acostumbrada a las viejas (ya observé que últimamente no te las ponías siquiera). Si al principio sientes mareos no te preocupes: es normal y pronto se te pasarán.

Si te están pequeñas podemos cambiarlas, no sea que te dejen señal cuando te las quites para ir por la calle: todo el mundo lo notaría. Y, si te estuvieran grandes, igual se te caen andando en el momento menos pensado. Eso sería peor.

Lúcelas con cuidado. No vayas a dejártelas por ahí y perderlas, que tú eres algo despistadilla y a veces las llevas de la mano para que todo el mundo pueda admirar tus encantos al natural, y acabas dejándolas en cualquier rincón.

Bueno, me muero de ganas de vértelas puestas, aunque ya sabes que me gustas con ellas o sin ellas.

 

P. S. No tires las viejas: quizá te hagan todavía algún servicio.

 

 

2. Welle Chapel

 

En cierta ocasión, una familia española deseosa de pasar sus vacaciones en Escocia se interesó por una casita de campo, propiedad de un pastor protestante, con quien acordaron el alquiler. Cerrado ya el trato, la señora recordó que había omitido preguntar por los servicios higiénicos, y mandó una carta al pastor preguntándole por el W. C.

Sabido es que en Inglaterra no se usan esas siglas con el mismo significado que nosotros, y el pastor creyó que se referían a la capilla de su religión llamada Welle Chapel. Inmediatamente les contestó:

 

Estimados señores: Tengo el agrado de informarles que el lugar a que ustedes se refieren queda sólo a 12 kilómetros de la casa, lo cual es molesto si se tiene la costumbre de ir con frecuencia, pero algunas personas llevan comida y permanecen en el lugar todo el día; algunos viajan a pie, otros en tranvía, pero todos procuran llegar en el momento oportuno. Hay sitio para 400 personas cómodamente sentadas y unas 50 más de pie.

Los asientos están forrados de terciopelo púrpura y hay aire acondicionado para evitar sofocaciones.

Se recomienda llegar temprano para alcanzar puesto. A la entrada se dará un papel a cada persona, y las que no llegasen al reparto pueden utilizar el del compañero de asiento. Al salir deberán depositarlo en una bandeja para continuar usándolo todo el mes.

Hay fotógrafos especiales, que tomarán fotografías en distintas posturas, las cuales serán publicadas en la sección de Vida Social del diario local. Así podrá conocer el público a las altas personalidades en el acto más humano.

De ustedes atentamente...

 

 

(Tomado de COPRÓGENAS, PAGINAS TURBIAS)

Remitido por Josep M. Albaigès