He aquí una colección de “calambures[1]” que he ido recogiendo a lo largo del tiempo. Se trata de un juego de palabras que
ha divertido a eximios poetas y a
modestos inventores de adivinanzas.
Góngora
escribió:
Cruzados hacen cruzados,
Escudos pintan escudos
Y tahúres muy desnudos
Con dados ganan condados;
Ducados dejan ducados,
Y coronas majestad,
¡Verdad!
Y Garcilaso:
El dulce lamentar de los que el dulce lamen tarde.
Y el adivinanciero:
*Oro parece plata no es, el que no lo adivine tonto es.
*Blanca por dentro, verde por fuera, si quieres que te lo diga espera.
*El enamorado
triste que de este color se viste, si el galán es entendido ahí va el nombre de
la dama y el color de su vestido.
*Te la digo
y no me entiendes
Te la repito y no me comprendes.
A la lavandera se le caía la baba
cuando lavaba la bandera.
Útil es dejar dinero
para comprar útiles de jardinero.
Ató dos
palos y dio a todos palos.
María no estudia. Mariano ¡es tu día!
Es conde el que se esconde.
El conde nadó hacia el condenado.
Compré la máscara más cara.
Tras la sequía, quería yo ver llover.
Estaba lloviendo y yo
viendo llover.
Si,
lo encontré en el silo.
Lo coloco dijo el loco.
¿Será pío Serapio?
Elijo la hija, y tú el hijo.
Te
atropelló en el teatro.
Tómate el tomate.
Léelo y verás que le elogia
Se
sostiene porque
sesos tiene.
Con
sentido decía que era consentido.
Con tacto se puso las
lentes de contacto.
Con
tracción mejoró la contracción.
Con
trabajo, tocaba el contrabajo.
Para
Celso el mejor médico fue Paracelso.
Latía el corazón de la tía.
Entren y viajen en tren.
Ana, en la logia, hablaba de analogía.
Ven
a
ver la vena.
Olga
la
holgazana.
Paramos en los páramos.
Para amarte iría a Marte dijo
el enamorado a Elena... y aquel día, amante, le regaló un diamante.
Cogía las ágatas a gatas.
Desazona el mal olor de esa zona.
Eva
no tenía muebles de ébano.
Cogió el hilo y lo devanó.
Casi
no jugó en el casino.
Lo notaría en la notaría.
¿Dónde dan esas pastas danesas?
Congratulado de estar a tu lado.
Escocía aquel frío de Escocia.
Un
día el barco se hundía.
La subida acabó con su vida.
Alvarito
no oyó al barítono.
Hay
una que ayuna.
Tres hijos estaban en los
entresijos del asunto.
Suministro la información
a su ministro.
Sus pensiones acabaron por suspensiones.
Su presión consiguió la supresión
del impuesto.
Su
gestión la realizó por sugestión.
Su misión terminó en sumisión
Su deformación procedía
del centro de formación.
Por supuesto, debe
ocupar su puesto
De pendencia en pendencia
por su independencia.
Fue condecorado en un
recinto con decorado.
Le condecoró con
decoro.
El Papa ya toma papaya.
Esteban estuvo en este
banco.
Lamenta que no le
guste la menta.
Aquí les presento a Aquiles.
La escultura es cultura.
Tu verías el interés de
vender tuberías.
Es casa de renta escasa.
Etc.
Aristogeronte
Agosto
2005
[1] Calambur (del fr. calembour):
alteración de las sílabas de una frase, de modo que ésta queda transformada en
otra distinta. El ejemplo más clásico es
plátano es/plata no es.