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a la Palabra del Día
16/09/1998
Crida
Pregón
en sitio público, que interesa a muchos
"... y cuando me enteré por la crida que me habían convocado a aquella chirlata, enseguida intuí
el discrimen que podía suponer aquello. A pesar de las cháncharras máncharras*
que traté de inventarme, tuve que acercarme a aquella conejera*, donde pude
encontrar a unos cuantos cenaoscuras*, zurriburris* y espantanublados*. Tras el
requilorio* de las presentaciones, el cuaco de Recaredo empezó con su vaniloquio*
y cancamusas* tratándonos como a unos discentes. Comenzó a oirse una tole* y
una trapa* sospechosas y se creó un gran reperpero*. Luego nos centramos en el
quesiqués* de la reunión, proponiéndose hacer una peñolada * para conseguir un
remediavagos*. Pero los de Recursos, unos cucañeros* con tendencia a la
teomanía*, empezaron a parrafear* y a proferir letradurías*. Los de Marketing,
por su parte, querían enjerir* unos párrafos torticeros* para matar el
piojillo*, mientras el lazrador* del Secretario intentaba tomar nota de verbo
ad verbum* de todo, incluidos los ludibrios* de los badulaques* de Informática.
Los del Departamento Central se hiceron los chiticallas y dejaron que el
criticastro de Manuel Bonifacio empezara a hacer chiscarra los argumentos propuestos,
mientras Rodolfo Ismael le susurraba a Emilio Ataulfo: "Como no le
retruques a ese chiquichanca de Enrique Miguel esos disfemismos con los que
intenta pichulearnos*, la chingamos. Tienes que hacer que cante la
palinodia*". Todo se convirtió en una logomaquia* y siguieron malsinando*
unos de otros hasta que llegaron a las manos. Federico Miguel le dió un croque
al chisgarabis de Jacinto Luis, y este le respondió con un torniscón que le
tuvo metido en un cribete más de una semana. El presidente, mirando al
torreznero* que tenía al lado, concluyó que ni un gran maestro de la crisopeya
podría solucionar aquello ..."
(Remitido por FJ
G. Algarra)