EL
LABERINTO DE SANTA TERESA
Una de las composiciones más cultivadas en el Siglo de Oro fue el laberinto, hoy en desuso. Se trataba a menudo de un acróstico múltiple, en el que se prodigaba el ingenio a raudales. Veamos un buen ejemplo, debido a Francesc Vicenç Garcia (1582?-1623), el célebre Rector de Vallfogona. Se trata de un diálogo entre Cristo y su esposa mística, Teresa de Jesús:
CHRISTO
Tan Ta Temor, Teresa, Tan Ta
pena
Entre Exc Essiv Es
gòti Es, i alEgries!
Repa Ra,
i miRa, que agRavia R
podRies
Esta Esp Erança dE
ma llum sE rEna.
Sos Sega, eSpo Sa caSta,
i aSserena
Aquei xA penA,
que hAn bAs tAt
les mies
Dar Dura Dor Descans D’infinits
Dies
En
les Eter nEs salEs,
per Es trEna..
TERESA
Ja la
Intr Icada, I
fosca nIt inIca
En
bE llEsa dE
glòria vEig sE’m
muda
Sou,
Sen S
dubte, Senyor, Sol
de TereSa,
Vostra
esclaVa, ab Un claU
se Vi Vifica,
Segura,
eS pòS,
que Sou vóS en Sa
ajuda,
To rrE
glòRia, dEs canS, i fortAlesa.
El Rector de Vallfogona es una figura mítica en la literatura catalana del siglo XVI. Personaje de ingenio fecundísimo, protagonista de múltiples leyendas y chascarrillos, casi siempre apócrifos, según el uso de la época, “amenizadora” de la vida de sus literatos.
Se cuenta que que, en un viaje a Madrid de nuestro rector, coincidió con Lope de Vega en las afueras de la capital ante un niño dormido sobre un duro peñasco. Lope de Vega, llevado de su facilidad metafórica, compuso rápidamente una frase:
O
la piedra es de lana
o
el niño es de bronce.
A la que Francesc Vicenç Garcia contestó de inmediato:
No
hay mejor lana
que
no tener mañana,
ni
mejor bronce
que
tener años once.
Los dos personajes, mutuamente admirados, iniciaron desde ese momento su amistad. Cierta o no la anécdota, la relación duró toda la vida.
JMAiO, ago 96