CFC ® HFC ® ?

 

            El verano pasado tuve que comprar un refrigerador. Me salió algo más caro que los que habían tenido en existencia hasta hacía poco en la tienda porque era ecológico, como me informó el vendedor orgullosamente, apoyando su mano en un gran adhesivo que proclamaba: “NO CONTAMINANTE. 0 %  de CFC”. Por lo visto, una reciente orden había prohibido el uso de los malignos clorofluorocarbonos sustituyéndolos por el HFC, que, por cierto, no sé lo que es: sólo que también contiene flúor.

            Ese mismo verano tuve que renovar el líquido del acondicionador de mi coche. En virtud de la misma orden, hubo que tirar los restos del antiguo y sustituirlo por uno adecuado, realizando de paso una adaptación de la maquinaria.

            Según parece, los CFC desafiaban la capa de ozono. Por cierto que nadie me ha explicado por qué ese famoso agujero que crece y mengua como las fases lunares está en el hemisferio Sur, cuando la casi totalidad de países industrializados, productores de todo tipo de sustancias químicas (entre ellas los temibles CFC) están en el norte. Ha habido quien, a la caza de la explicación científica ad hoc, ha recurrido hasta a los cinturones de van Allen. Un típico ejemplo de las torturas a que se somete a la ciencia cuando se quiere ponerla al servicio de la emoción.

            En fin, que ya tenemos los CFC sustituidos por el HFC. Pero, lo que son las cosas, ahora resulta que el HFC tampoco sirve: aumenta el efecto invernadero, y pronto van a sobrevenir cánceres de piel sin fin por culpa de su uso. Y también habrá que sustituirlos. ¿Pagarán los gastos/fastos de la reconversión los hoy alicaídos profetas del HFC, Greenpeace y compañía? Me temo que no, como no han pagado los de la retirada de la estación petrolífera de la Shell en el mar del Norte que con su campaña obligaron a desmontar, pese a haber exagerado ostentosamente, según más tarde reconocieron, los perjuicios ecológicos que acarreaba.

            Claro que, en realidad, pude haberme ahorrado el gasto en mi coche de haber seguido la recomendación de un moderno sucesor de los adictos al cilicio, un “hombre del tiempo” que por aquellos días aconsejaba en TV no usar la refrigeración del coche para no perjudicar la capa de ozono.

            Quizá sea llegada la hora de reflexionar sobre el papel que están ejerciendo en una sociedad desorientada y beata los modernos profetas de la ecología. Estamos asistiendo en los últimos años a las marchas atrás de innumerables teóricos de nuevas “ciencias” que supieron en su día tomar a la sociedad entera como su campo de experimentación. El pescado azul era veneno puro, pero hoy resulta que nada hay mejor contra el colesterol. Las matemáticas debían ser “modernas”, basadas en el estudio de los conjuntos compactos e isomorfos: hoy se vuelve a las cuatro reglas. Los baños de sol eran buenos, hoy provocan cánceres de piel. Todas estas afirmaciones lanzadas sin evidencia suficiente perjudicaron a la sociedad, pero al menos sus difusores van teniendo el coraje de rectificar. ¿Para cuándo los ecologistas?

 

                                                                                                          JMAiO, jun 96