¿SERA BISIESTO EL AÑO 2000?

 

            El otro día un amigo mío, impresor de oficio, me preguntó si era cierto, según había oído, que el próximo año 2000 no sería bisiesto.

            La respuesta es: sí, será bisiesto. Pero alguna campana había oído mi amigo, pues estaremos dentro de cuatro años en una de las excepciones del calendario gregoriano, que destina como bisiestos todos los años múltiplos de 4, excepto los terminados en 00 cuyas primeras cifras no sean múltiplos de 4. Así, fue bisiesto 1600, no lo fueron 1700, 1800 y 1900, pero volverá a serlo 2000... y así sucesivamente.

            Un año dura exactamente 365,2422 días. La fracción decimal de esta cifra se aproxima a 1/4, por lo que en principio, para mensurar el año en días enteros, es buena aproximación considerar una duración aproximada de 365,25 días, lo que equivale a añadir un año cada cuatro, como hacían ya los romanos. Pero la pequeña diferencia de 0,0078 días anuales (unos 11 minutos), acumulada a lo largo de quince siglos, acabó desplazando astronómicamente diez días el año, conque en 1582 el equinoccio primaveral tuvo efecto no el 21 de marzo, como exigían las previsiones de la celebració de la Pascua, sino el 11 del mismo mes. Por ello se suprimieron en ese año diez días (del 4 de octubre se pasó al 15), y a la vez se sentó la regla para lo sucesivo de suprimir tres años bisiestos de cada 400, con lo que el ajuste volvía a ser suficiente. Con esa norma, no se acumularía otro día extra hasta el año 4590. Veremos qué hacen entonces nuestros sucesores.

            Como matemáticos, nos interesa inquirir sobre la razón y exactitud de esa regla. Basta con desarrollar la cifra anterior en fracciones reducidas continuas para obtener:

 

                                    365,2425 = 365 + 1/4  - 1/128 +...

 

            Es decir, se obtendría mayor exactitud suprimiendo un bisiesto cada 128 años, en vez de cada 133,33 como hacemos hoy.

            ¿Por qué el año se llama bisiesto? La razón es que los romanos duplicaban en esos años el día sexto antes de las calendas de marzo, es decir, el equivalente a nuestro 24 de febrero, situando tras él, y antes del quinto pre-calendas, otro bi-sexto. Este uso persiste todavía en los cómputos eclesiásticos, pues, como dice el refrán: "Santo Matías, cata marzo a cinco días, y si es bisiesto cátalo al sexto". Es decir, que San Matías, que ordinariamente se celebra el 24 de febrero, cuando es bisiesto el año es trasladado al 25.

            Es frecuente la pregunta: "¿Cuándo debería celebrar su cumpleaños el nacido un 29 de febrero?" La respuesta es fácil: el 28. Pero existe una secuela no prevista. Pues, según la regla eclesiástica anterior, los nacidos un 28 de febrero bisiesto deberían trasladar su onomástica en los no bisiestos al 27, los del 27 al 26, y así sucesivamente hasta el 25, que pasan al 24. Y a la inversa: mi hija Elisabet, por ejemplo, que nació el 28 de febrero de 1969, debería celebrar su aniversario, en los años bisiestos, el 29.

 

 

                                                                                    JMAiO, 25 feb 1996