CON LÁGRIMAS EN LOS OJOS…

 

…pedimos que dejen de escribirse cartas a los periódicos precisando que el siglo XXI no empieza hasta el 1 de enero de 2001. Ya a fines del XIX se registró una avalancha similar, y por lo visto hacia 2090 la cosa seguirá.

Nuestra era no empezó hasta que en el siglo VI el monje Denis le Petit propuso que se computaran los años desde el nacimiento de Jesucristo y no desde la fundación de Roma, como era hasta entonces lo habitual. Mediante unos cálculos algo toscos Denis estimó el año del nacimiento en el 754 ab urbe condita, conque este año, a posteriori, pasó a ser el 1 de JC. Posteriores cálculos más afinados estiman hoy como más probable el 4 aJC como el del nacimiento del Redentor.

Al comparar los años en distintas eras surge un problema aritmético. Yendo hacia atrás, del año 1 dJC se pasa al 1 aJC. ¡El año cero no existe! Esto debe tenerse en cuenta al comparar el intervalo entre dos fechas.

Por ejemplo: los romanos llegaron a España en el 218 aJC, y acabaron definitivamente su dominio en el 476, con la caída del Imperio (los visigodos gobernaron en España como delegados de los romanos). El intervalo entre ambas fechas es:

 

                          218 + 476 - 1 = 693 años

 

Aunque a veces se usa el signo menos para las fechas anteriores a nuestra era, los únicos que utilizan con propiedad los años negativos son los astrónomos, para los que su año 0 es nuestro 1 aJC, el -1 es el 2 aJC, y así sucesivamente. Con ello, los cálculos recuperan para ellos la racionalidad.

Volviendo al principio, desde luego tienen razón los innumerables epistolómanos. Pero no menos cierto es que resulta poco gracioso celebrar la entrada del milenio a fines del 2000. ¿Es que cuando hablamos de “los años sesenta”, por ejemplo, descartamos en ese intervalo el 1960 e incluimos en 1970? No le demos más vueltas: en el uso corriente está consagrado ese “siglo anómalo”, en contra de cualquier prurito aritmético. ¿Acaso no consideramos, contra toda lógica, que álgido significa “caliente”?

Feliz siglo XXI.

 

JMAiO, dic 97