¿Cuándo empieza la tarde?

 

Una pregunta de una amable “auditora” (como se define ella) de mi programa en RNE me ha obligado a revisar mis conceptos temporarios. Dice Carmen:

 

¿A partir de qué hora es correcto decir buenas tardes?

 

Pues la cosa no es tan fácil como parece. En primer lugar, ¿qué es lo “correcto”? La corrección (co-rección, o sea marcha con la línea recta, que se toma como referente deseable, aunque algunos pueden diferir de esta convención), lo mismo que la Ley, deriva de la costumbre, y puede variar con el tiempo. Fue correcto en una época el miriñaque, hoy lo es el bikini. Fue correcto terminar las cartas con “s.s.q.e.s.m.”, hoy se consideraría insufrible pedantería el uso de estos acrónimos. ¡Incluso la palabra “decente”, tan impregnada de sabores correctos, significaba originariamente “de acuerdo con las costumbres”!

Veamos: en principio, la tarde coincide con el post meridiem, el intervalo situado después del paso del sol por el meridiano, y etimológicamente el término debería aplicarse, y se aplicaba antiguamente, a sus últimas horas (latín tarde, ‘tardíamente, fuera de tiempo’). Pero el significado de las palabras no se forma sólo de su etimología; vano fue el intento de san Isidoro por explicarlas atendiendo sólo a este campo. Está además la evolución semántica, que interviniendo sobre la base etimológica, deforma y desvía el significado primigenio. Está claro que hoy una carretera no es el lugar por donde circulan las carretas, sino que unos nuevos vehículos han tomado el relevo, y el significado de la palabra se ha adaptado dócilmente aunque su forma persista.

No debemos perder de vista esa evolución semántica. Hoy nadie usa el “buenas tardes” hasta que ha almorzado (entendiendo por “almorzar” la comida que se hace aproximadamente al mediodía, también aquí la evolución semántica gasta otras bromas aplicándola a veces a la refección de media mañana y aun al desayuno). ¿A quién no le ha sucedido, habiendo comido temprano, contestar con un “buenas tardes” a quien nos saluda con un “buenos días”? Es decir, haciendo caso omiso del reloj electrónico, el biológico que llevamos cambia el chip en cuanto el estómago ha quedado satisfecho, y el automatismo en el cambio de saludo es total.

Queda la cosa clara, en mi opinión: la “mañana psicológica” queda separada de la “tarde psicológica” por ese descanso meridiano. Y a él habrá que atenerse. La costumbre, suprema rectora de nuestros destinos, lo ha determinado así. A fin de cuentas, con el saludo “buenas noches” ocurre algo parecido: va asociado a la luz diurna, y por tanto su hora de emisión varía de verano a invierno.

Añadamos un impertinente comentario astronómico: en esos últimos días de octubre, el “mediodía legal”, con el cual regimos nuestros relojes y nuestras vidas, coincide aproximadamente con las 14 horas astronómicas.  Mira por dónde las costumbres han situado en su justo lugar lo que el desfase legal alteró (¿o fue al revés?)

 

                                                                         Josep M. Albaigès, octubre 2005