ALGUNAS APORTACIONES AL CÓMPUTO

DEL TIEMPO ENTRE LOS ROMANOS

 

Como muy bien dice J. Mª Albaigès en [C-64] fue Julio César quien introdujo el día bis sextus en Roma para compensar el desfase con el año solar, pero los romanos nunca llamaron bisiesto al año, sino sólo al día. Hay sin embargo una cuestión que no suele quedar clara en las enciclopedias ni libros de cultura clásica, y es cuándo caía tal día; sin embargo es fácil de aclarar teniendo en cuenta su sistema: el día anterior al 1 de marzo (nuestro actual 28 de febrero) recibía el nombre de antedies Kalendas Martii; el 27 de febrero era el tertius dies ante Kalendas Martii (¡curiosa forma de contar la de los romanos!), el 26 quartus dies ante K.M. y siguiendo la cuenta el 25 es quintus y el 24 sextus; es decir, que el día bis sextus era un día introducido entre el 24 y el 25. Por comodidad decimos que equivale a nuestro 25 de febrero (en años bisiestos); en realidad lo que ocurre es que nosotros, al contar hacia delante (las lenguas romances son lenguas OTAN y el latín lengua NATO1), nos hemos limitado a colocar un día 29 tras el 28. Sospecho que el error de las enciclopedias se debe a que cuentan ya el año bisiesto en el sentido actual, es decir, un febrero de 29 días en vez de 28, que es precisamente lo que César trataba de evitar, por lo que esa semana tenía 8 días en vez de 7.

Otra cuestión es cómo nació la semana en vez de agrupar los días de forma que se correspondieran con el número de días del año:

En Roma (quien lo tomó a su vez de Grecia), era costumbre celebrar el mercado público (y sigue ocurriendo así con nuestros mercadillos populares) cada 7 días, ya que esta era una cantidad cómoda para recolectar nuevos productos agrícolas y reunir suficiente producción artesanal; también para hacer adquisiciones domésticas suficientes. Por esta razón tomaron entidad propia y se puso a cada día el nombre de un dios: dies Lunae (día de la luna), dies Martis (día de Marte), Mercurii (de Mercurio), Iovis (de Júpiter), Veneris (de Venus), Saturni (de Saturno) y Solis (del Sol). Los cinco primeros siguen conservando su nombre en casi todas las lenguas romances, mientras que los otros lo cambiaron por una estrategia político-eclesiástica: el dies Saturni por Sabatto por ser el séptimo día de la creación según la Biblia, y el siguiente por dies Dominicus (día del Señor) para contrarrestar la importancia del sol que había llegado a ser el dios más importante en el bajo imperio. Sin embargo no se ha  conservado la palabra día  en español castellano, cosa que sí ocurre en catalán (no sé cómo se dice en gallego ni euskera). También se conserva en inglés y alemán, donde además, por haberse romanizado poco y tardíamente, se conservaron los nombres originales de los dos últimos (Saturday y Sunday, Samstag y Sonntag) y los de algunas divinidades nacionales propias (p.e. en Freitag el de la diosa Freya). Por la misma estrategia se cambió el día de descanso al domingo, que no es el séptimo, sino el primer día de la semana, como se ve en portugués, que sí tiene sábado y domingo, pero en cambio nombra de lunes a viernes, con gran sentido práctico, desde segunda-feira a sexta-feira.

Faltaría comentar la división del día en horas, los meses y las estaciones, pero como ésa es otra historia la dejo para otro día.

 

                                                                                                Luis Muñoz Modroño

 

(1).- La ocurrencia de clasificar las lenguas de tal modo se debe a D. Lisardo Rubio en su “Gramática estructural del latín” ed. Ariel (cito de memoria, aviso), e indica que algunas, como el latín y el inglés, prefieren situar al final el núcleo o parte principal de la oración y en medio los complementos, mientras que las romances y el griego moderno ponen al principio lo fundamental generalmente.