¿QUÉ
SUCEDIÓ EL 30 DE FEBRERO DE 1712?
Contra lo que pudiera parecer a primera vista, ciertamente, ese día existió... en Suecia. La reforma del antiguo calendario juliano decretada por el papa Gregorio XIII en 1582, que conseguía un mayor ajuste con el año astronómico y suprimía 10 días del calendario de aquel año, no fue aceptada por los países protestantes, y así se originó una desincronización de calendarios que duró siglos. Se dice que Shakespeare y Cervantes fallecieron el mismo día, pero eso no es cierto: el 23 de abril de 1616 en Inglaterra fue un día distinto (diez unidades posterior) a la misma fecha en España.
Poco a poco, los países discrepantes fueron corrigiendo sus calendarios. En 1700, Suecia llevaba un retraso de 11 días respecto al calendario juliano, y decidieron ajustarse al “nuevo” calendario gradualmente, suprimiendo el día extra de los años bisiestos entre ese año (que debía ser bisiesto según el calendario juliano, aunque no según el gregoriano) y 1740. No pareció arredrarles el hecho de que durante casi medio siglo Suecia perdería la sincronía con ambos calendarios.
Pero alguien olvidó pronto esas sabias disposiciones, y 1704 y 1708 fueron tratados inadvertidamente como bisiestos. Desesperado ante el caos subsiguiente, la autoridad almanaquera sueca decidió volver al calendario juliano, recuperando los dos días “perdidos” para ellos. Se consiguió esto haciendo 1712 doblemente bisiesto (¿habría que decir trisiesto?) con la adición de dos días, naturalmente en Febrero.

Que se
sepa, nada notable ocurrió en ese día de chocante numeración, salvo la
curiosidad de haber tenido Febrero 30 días por única vez en la Historia. Años
más tarde, Suecia cambió definitivamente al calendario gregoriano prescindiendo
de los 11 días sobrantes como cada hijo de vecino.
En la página web http://www.tondering/dk/claus/calpic/feb1712.html
puede encontrarse un curioso facsímil de las páginas
correspondientes a febrero en el calendario de aquel año. En la de la derecha,
puede leerse frente a “30” las palabras Tillökad, o sea “añadido”, y Snöö, “nieve”, pues, como en el
Zaragozano, era costumbre incluir una previsión del tiempo. Nuestros
pronósticos meteorológicos actuales quedan chiquitos.
Josep M. Albaigès, nov 96 (Tomado de INTERNET, Frequently Asked Questions about Calendars, por Javier García Algarra)