Trocuenen comidrolinpa
Hacía cuatro o cinco años que los palindromistas no nos reuníamos. ¡Inadmisible demora! ¿Habrá envejecido fulano? ¿Seguirá con el mismo buen humor de siempre mengano?
Bueno, la única forma de saberlo todo a la vez era convocando un nuevo encuentro. Si alrededor de una mesa, tanto mejor.
Esta vez se ocupó de la organización del Trocuenen comidrolinpa 2006 un nuevo miembro del Club, que ha irrumpido con fuerza devastadoramente constructiva en el palindromundo. Se trata de Pere Ruiz, un suriense quijotesco y tejoquisco. Bueno, no acaban ahí sus aficiones, él mismo mostrará su valía en este número y en los siguientes.
Por si alguno no lo sabe, Súria es una preciosa localidad en la que lo único ingrato son las diferencias de cota, especialmente si deben ser salvadas con el caballo de san Fernando. En el centro de una comarca minera, que desde los más remotos tiempos ha suministrado su aporte de sales potásicas al mercado. Otras minas similares del entorno (Cardona, por ejemplo) han cerrado, pero Súria sigue adelante, no dudo que en ello tiene su parte la eficaz labor de Pere, que trabaja en la de la localidad.

Pere y su encantadora esposa Carme presidieron el encuentro, al que ciertamente no habíamos acudido suficientemente preparados para luchar contra los elementos. En ese ventoso 11 de marzo, el dios Eolo no nos dejó irnos de rositas, pero nuestra fuerza de voluntad por ver el castillo de Súria prevaleció. Una voz medieval, cuyo acento al principio nos inquietó un poco (¿tanto ha cambiado la lengua catalana en seis siglos?) nos puso las peras al cuarto respecto al pan que comemos en este químico siglo XXI, pero al mismo tiempo nos llenó de esperanza sobre nuestras capacidades de supervivencia, considerando que existe una línea que nos empalma, mediante las generaciones que hagan falta, con el noble señor del castillo.
Total, que la visita fue grata e
instructiva. A la salida de la fortaleza, alguien decidió inmortalizarnos. De
izquierda a derecha: Ana de Isern, Dolors de Albaigès,
Tras esta visita, que se prolongó por todo el casco antiguo de la población, hubo ocasión de visitar la exposición quijotesca de Pere. Como antes hemos indicado algo crípticamente, Pere es un impenitente coleccionista de Quijotes, y ha reunido algunos de sus ejemplares más meritorios y/o espectaculares en una colección que alberga desde hace varios meses el museo-sala de actos suriense Cal Balaguer del Porxo, espléndida construcción antigua recuperada para la población, destinada muy acertadamente a actos culturales.
Allí me obsequiaron con el honor de poder dirigir la palabra al grupo de palindromistas y de surienses sobre “Los extraños significados de los nombres de persona”. Todos aguantaron estoicamente la charla, e incluso tuvieron la delicadeza de hacerme algunas preguntas y contribuir al diálogo final. Muchas gracias amigos todos; fue inolvidable ese rato pasado con vosotros.
Las celebraciones, sean las que fueren, terminan siempre en una comida, y no íbamos a ser menos. En un restaurante cercano a la localidad nos zampamos un menú catalán, y santas pascuas. Debo confesar que no se habló mucho de palíndromos, quedará esto para mejor ocasión. Porque en toda reunión que se precie debe acordarse al menos que nos vamos a reunir de nuevo. El año próximo (no vamos a esperar tanto esta vez) va a ser en el volcánico Olot. ¡Todos convocados! Francesc Capdevila emulará allí la eficacia y amabilidad de Pere Ruiz. ¿Llegará acaso con esa ocasión la convocatoria de un Trocuenen a escala española?
Y colorín colorado… Algo se me olvidaba: palindromistas, enviadme vuestros e-mails. Así será más fácil convocar a actos como éste y la reunión de 2007 podrá ser más numerosa. No os la perdáis por nada del mundo; creedme bajo palabra de honor que si hubierais estado en ésta ya estarías contando los días que faltan para Olot.
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Francesc Castanyer, padre espiritual de la palindromía, con sus 90 primaveras recién cumpliditas. |
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Pere Ruiz y Jesús Lladó, dando por
finalizada la comida |
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Josep Maria Albaigès, recibiendo
un recuerdo del alcalde de Súria |
Francesc Capdevila, meditando
sobre la fugacidad palindrómica |
Crónica por JMAiO