PONENCIA ICIP
PALÍNDROMOS LITERARIOS Y LITERATURA PALINDRÓMICA.
PERE RUIZ LOZANO
Palindromista
Miembro del Club Palindrómico
Internacional

1. Hacia una definición de palíndromo como texto
literario simétrico. (El Caramelo del Sur).
2. Zona de luz y zona oscura en el palíndromo. (Luces
y sombras de un huevo).
3. Ejemplos de palíndromos en forma de microrrelatos.
(Punto y coma). Presentación pps y comentario.
4. Ejemplo de un palíndromo hecho literatura. (Los
seis dioses). Presentación pps y comentario.
5. Ejemplos de poesía palindrómica. (Carmen
Cancrinum). Presentación pps y comentario.
1. HACIA UNA DEFINICIÓN DE PALÍNDROMO COMO TEXTO
LITERARIO SIMÉTRICO.
El palíndromo es Poesía; de ella nace y en ella habita, y
aunque a menudo lo haga tímida o disimuladamente, es imposible evitar su
parentesco. No hay más que consultar los innumerables manuales de Retórica y
Poética de los siglos pasados para encontrarse en medio del Arte Métrica al
palíndromo, en cualquiera de sus nominales variantes, sea como epánodo, carcinus o retrógrado, dependiendo de tal o cual época y autor se estudie,
pero siempre descrito como una de las útiles formas en que puede componerse el
verso.
Los autores de los primeros palíndromos en español son
poetas. Desde los escritos en latín hasta los tres más antiguos conocidos en
castellano, procedentes del Cancionero
llamado Sarao de Amor, de Juan Timoneda, del año 1561, y titulados Tres versos con tal artificio hechos, que
tanto dizen al derecho como al revés:
Ola moro moro malo.
No tardes y sed ratón.
No desseo esse don,
han venido en manos de autores dedicados al arte del
verso. Es lógico pensar que en el Renacimiento fuesen muy pocas las personas
del pueblo en condiciones de componer palíndromos. Por un lado estas formas de
literatura extravagante eran denostadas
por los más de los teóricos de la lengua, pues las consideraban artificiosas e
innecesarias, cuando en realidad, en muchas ocasiones se trataba simplemente de
que eran inaccesibles a su gran capacidad
y corto ingenio. Por otra parte, es
el Renacimiento una etapa de gran tradición oral y no tanto escrita, pues el
lenguaje impreso es algo al alcance de unos pocos privilegiados. Ya sabemos que
para la expresión artística del palíndromo es muy necesaria su estructura
visual.
Es el gran componente lúdico e imaginativo que soporta un
género literario, tan sufrido y tan admirado a la vez, como es la poesía, el potenciador del uso de
la frase capicúa en otro ámbito que se ha dado en llamar Juegos de Palabras, Esfuerzos del ingenio literario o Formas difíciles de literatura.
Los componentes específicos del palíndromo como texto
poético son un valor añadido importante, que no suelen pasar desapercibidos
ante el atento lector de poesía. Sabemos que un poema visual ha de vestirse con
sumo cuidado, pues su aspecto y disposición le confieren la personalidad de la
que ha de gozar, y en ello, el palindromista tiene mucho que decir.
Si hablamos de verso libre, de por sí, anárquico maleable ante restricciones métricas, nos
encontramos en una extensa pradera de creación donde el palíndromo puede campar
a sus anchas y desarrollarse a su antojo, en total libertad, siendo dueño de
pausas, encabalgamientos, ritmos y rimas visuales. Pero es mucho más lo que
puede ofrecer el palíndromo al poema, mucho y bueno. Apenas el palindromista se
pone a componer un soneto, una lira o cualquier otro tipo de estrofa sujeta a
rima, métrica y todas las constricciones propias de ella, se da cuenta, –con
gran alegría por su parte- de que la repetición de sonidos, con efectos
eufónicos y cacofónicos está presente constantemente en los versos. Esta
persistente aliteración regala al poema una musicalidad única, pues es cíclica
y sigue unas pautas perfectas. Con ello el poema adquiere una vitalidad propia
y tal como piensa mi buen amigo, el imaginativo
palindromista argentino, Juan Pablo Sáez Gil, gracias a la simetría, se
convierte en una obra activa, implicada ella misma en su propia creación.
Podemos hablar, claro está, de dualidad literaria en cuanto a la autoría y
mérito de la composición. Por un lado el palíndromo pertenece a su autor y por
otro podemos decir que se pertenece a sí mismo.
Uno de los mejores libros de palíndromos que se ha
publicado hasta ahora es Simmis
(1991), del holandés Battus. En este babélico texto tienen cabida palíndromos
en diversidad de lenguas. Su autor define las formas de la poesía palindrómica
diferenciando cuatro clases: 1. Poemas en los que cada verso contiene una serie
de letras simétricas; 2. Poemas que son un cajón de sastre de palíndromos; 3.
Poemas formados por un solo palíndromo; y 4. Poemas cuyo último verso forma
palíndromo con el primero, el penúltimo con el segundo y así sucesivamente.
Battus habla de los ejemplos que han llegado hasta sus manos, pero por
supuesto, la libertad creadora del palindromista alcanza mucho más allá. Además
de las formas expuestas, se pueden crear composiciones poéticas que compartan
palíndromos entre sí, de tal manera que un solo palíndromo conforme varios
poemas, quedando disimuladamente insertado en su estructura. Un soneto puede
estar formado por veintiocho palíndromos, por catorce, por siete, por uno, o
por medio. Lo mejor que ofrece la composición de palíndromos es que bajo la
apariencia de cárcel en que habitan las palabras, la libertad creadora es
ilimitada.
Como ideador de un texto visual, el palindromista ahora
ha de tener conciencia de estar creando un poema, de estar componiendo poesía,
mientras que su herramienta no es otra que el propio palíndromo. Pobre útil de
trabajo puede parecer a alguien, quizás sí, pero en realidad el palíndromo es
aquí más que nunca una espada en el
disfraz de una escoba. Arma, al cabo, fuerte y poderosa si es bien utilizada.
Es incomparable el placer que produce la sutileza de un poema o versos literariamente
valiosos, que han sido compuestos con un lenguaje palindrómico y que a la vez
pasa inadvertido en su interior. ¿No es acaso la poesía un hermoso juego de
palabras?
Si avanzamos hacia una definición y habitabilidad
literaria del palíndromo, como pretendo ahora, rápidamente se puede constatar
la gran similitud que guarda una figura retórica como esta con los movimientos
literarios de vanguardia, pues de una forma parecida rompe y altera el discurso
tradicional, coloreándolo con otros componentes que le son propios y
específicos.
Estamos entonces ante una sutil manera de expresión
literaria, de características muy poco comunes y que ofrecen, tanto al creador
como al lector, la oportunidad del goce de una manifestación artística
admirablemente bella. Nuestros ojos, habitualmente acostumbrados a la lectura
de textos que han de cumplir básicamente con los cánones establecidos
académicamente, al topar con el palíndromo, tal como ocurre con una buena parte
de lo poético, hacen rápidamente reaccionar a los sentidos, gracias al
componente de sorpresa, que valorado desde su conformación simétrica lleva
implícito el propio mensaje. La plasticidad visual que soporta la frase
simétrica le confiere una heroicidad que en muchas ocasiones puede hacerla
aparecer como una forma difícil, sublime o elitista de lenguaje. El hecho de
sobrepasar voluntariamente la frontera de las reglas establecidas por la lengua
puede llevarnos a repudiar o admirar el palíndromo, en función del éxito
comunicativo que envuelva su mensaje. No olvidemos que una de las principales dificultades
de esta forma de expresión es precisamente la de intentar transmitir un mensaje
claro y transparente, preciso y bien estructurado; cuestión harto complicada
por las propias constricciones que lo acompañan y que sin embargo, es garantía
de éxito cuando se consigue caminar sobre el trapecio de la comunicación
cargado de vasos y palillos. Nos vemos pues, ante una comunión forzosa de las
palabras y de la forma, tal como ocurre en la poesía visual, e igual que en
ésta, quizás su grandeza reside en aquello que no puede decirse de una forma
coloquial.
Como texto que se presenta en sociedad, el palíndromo ha
de cumplir unas pautas que lo validan como mensaje de comunicación escrita.
Cualquier texto literario tiene unas funciones, que son las que al final lo
caracterizan y dan un valor mayor o menor en consonancia con la medida en que
consigue llegar a los demás: La función
poética se centra en la atención a la forma del mensaje; la función emotiva expresa directamente la
actitud del creador respecto a lo que transmite; la función conativa o imperativa incita a actuar, es la función moral
o pragmática del texto; la función fática
centra la atención en el contacto y busca las fórmulas para prolongar la
comunicación; la función metalingüística
verifica la comprensión del texto, centrada sobre el código mismo; la función referencial observa el contexto
y el entorno del texto literario como reflejo de la realidad; y por último, la función lúdica, que utiliza al lenguaje
como juego de significantes y permite el uso de palabras sin sentido, pronunciadas por su eufonía o por sus valores
sugestivos, tal como afirma José María Diez Borque en su libro Comentario de textos literarios (1980).
Qué duda nos cabe de que es esta última función la que parece ir más de la mano
con el palíndromo actual, pero qué bueno sería que el texto palindrómico
consiguiera atraer hacia sí como más funciones de las descritas, mejor, pues se
haría acreedor de un mayor mérito literario.
Sabido es que la composición de palíndromos se trata de
un juego del intelecto con gran carga lúdica y hasta con la forma de un inútil
pasatiempo, pero ello no es obstáculo para que decidamos que nos lleve hasta el
descubrimiento literario. Puede habitar en la frontera de la simple diversión y
la literatura, del invento y la creación, pero no hemos de olvidar que ese
juego con el lenguaje no es más que la pura esencia de la creación literaria.
La necesidad del palíndromo, muy similar a la innecesaria
poesía, pintura, música… le confiere un carácter lúdico y profano que no suele
darse tan al descubierto en estas otras artes. Es visto como un mero
divertimento, como un intrascendente juego de palabras que salvo contadas
excepciones, –al cuadrado mágico SATOR me remito ahora- no se ha considerado un
artilugio peligroso ni demasiado influyente en el devenir humano. Esta falta de
relevancia, unida al históricamente escaso uso que se ha hecho del palíndromo,
lo llevan hasta nuestros días como un desconocido y poco evolucionado elemento en comparación
con el refranero o la fábula, que han contado desde antaño con el acervo
popular, uno y la dedicación de grandes autores, la otra.
En los años 70 del Siglo XX son los lingüistas del
prestigioso Groupe M, quienes en su
tratado Rhétorique General, ante las
acusaciones de infraliteratura vertidas sobre la ludolingüística, afirman que
esta función retórica del lenguaje engloba precisamente la poética y la lúdica. En
palabras del enigmista Màrius Serra en Verbalia
(2000), los miembros de Oulipo toman
fuerza precisamente en la característica de dificultad de esta literatura:
En la literatura potencial el autor construye primero un
laberinto –la constricción- del que después intenta escapar, y este intrincado
trayecto es el que genera el texto.
El palindromista organiza frases con palabras que jamás
antes habían estado juntas y que ahora lo hacen intencionadamente en busca de
la simetría. Se podría decir del poeta que su intento es el mismo hasta
conseguir la belleza, que el novelista se desvela de la misma forma en pro de
la ficción y hasta el cuentista, lo mismo, acaso procurando el entretenimiento;
pero todos ellos intentan no quedarse sólo ahí, donde digo, sino que a buen
seguro, pretenden ir más allá en busca de otros importantes valores para su
obra. La herramienta palíndromo puede cincelar la belleza, la ficción o el
entretenimiento literario, además de la simetría, acaso forma también bella,
sugerente, equilibrada, pacífica y humana.
El palíndromo aún está por descubrir y por lo tanto, por
desarrollar está en toda su dimensión dentro del arte. Cientos de miles de
frases capicúas han hecho su aparición en el Siglo XX, gracias a la dedicación
constante de avezados palindromistas, que han buscado y rascado en sus propias
lenguas hasta dar con la simetría, pero hasta entonces sí que es cierto que se
podía afirmar que el escribir palíndromos era oficio de unos cuantos
desvelados, de trabajadores y jugadores de la lengua solitarios. Dicho esto,
quiero dejar constancia de que estamos ante una figura que vive aún en la más
tierna –o dura- edad de la piedra, que todo su potencial literario está todavía
por llegar, que no me cabe duda de que vendrán autores que sabrán situarlo en
el pedestal que merece por su valor artístico y literario.
Cierta es la importancia del papel que ha jugado siempre
la función lúdica en todo arte. Si bien hace tiempo se le otorgó al palíndromo
una serie de valores mágicos, esotéricos o cabalísticos, que lo colocaban
directamente en un trono de majestuoso poder y hasta de inalcanzable
comprensión, se pasó posteriormente a considerarlo por muchos retóricos de un
modo peyorativo, como entretenimiento intrascendente, juego puramente
didáctico, dotado, eso sí, de mayor o menor carga de ingenio. Aún predominando
en él esta función lúdica, se ha de dejar patente que es un artificio que
requiere de cierto esfuerzo para superar sus dificultades técnicas y que
requiere, por tanto, destreza en el creador y el conocimiento hasta el dominio,
del lenguaje. Todo arte, visto como tal, lleva implícita una dosis de ludismo y
ésta es precisamente, de todas las funciones de la obra, la más fácilmente
criticada y despreciada, seguramente por su prescindibilidad dentro de un mundo y una sociedad donde se
prima la utilidad de las cosas. Sin embargo, nos habremos de cuestionar los
motivos por los cuales constantemente existe una estrecha relación entre arte y
juego. Y esto seguramente nos llevaría por senderos más filosóficos y
planteamientos más transcendentes relacionados con la propia función vital del
ser humano.
El palíndromo goza de una protegida perdurabilidad en el
tiempo, gracias a su misma estructura. Es indeformable e irrompible, aún a
pesar de la evolución de las lenguas, su forma concreta es una inexpugnable
defensa que lo mantiene, una vez nacido, en la original forma en que lo compuso
su creador. Cualquier intento de alteración lo convierte en otro ser y otra
simetría distinta de la anterior. Por lo
tanto es lícito y conveniente que el palindromista conserve su autoría sobre la
frase, poema o texto literario simétrico que ha creado.
Miquel d’Ors define al caligrama como un texto literario
–en general poético- cuya disposición gráfica reproduce un objeto en él
aludido. También esta figura es un juego de palabras y formas que tuvo un
origen religioso, que derivó hacia la poesía y que en la actualidad sale
incluso del marco literario para aparecer en las múltiples maneras de
manifestación de la publicidad visual. Aquí sí que estamos ante un elemento
evolucionado y de gran vitalidad, a pesar de su antigüedad. No hay más que ver
la generosa aportación en este sentido, de Fernando Conde Torrens, en su muestra y análisis sobre los textos difíciles en
Seguramente este sea también un buen camino a seguir por
el palíndromo. Definámoslo pues, sin pudor alguno, como un texto literario de disposición simétrica. Ya se han hecho tentativas
narrativas, noveladas, teatrales y hasta poéticas, en general bastante lejanas
de lo deseable. Sería el momento de dar un paso más y exigir al palindromista
la elaboración de una buena obra literaria palindrómica. Algo que puede parecer
utópico en la actualidad, labor de genio quizás, pero que estoy convencido se
conseguirá humanamente no demasiado tiempo más allá.
Pregunto en este punto si es
lícito al palindromista actual el uso instrumental de la palabra para crear lo
bello, pues estoy convencido de que muchos buscadores de palíndromos jamás se
habrán hecho seriamente este planteamiento. Acaso el palindromista compone
simplemente probando saliere lo que
saliere y si, por casualidad, sobresale belleza, pues mejor que mejor. Si
damos un paso más y tomamos al mensaje como objetivo, podemos comenzar a usar
la palabra con alguna dosis mayor de control, mesura y descarte; en fin,
intención literaria, digo, arte. Al cabo, poco valor tiene la palabra en sí
misma, si no expresa una idea.
En mi ensayo titulado El
Caramelo del Sur dejé constancia de la primera aparición del palíndromo famoso
dábale arroz a la zorra el abad. Vemos que también tiene un origen literario.
Es en Barcelona y en la sede de un periódico pionero ideológicamente en cuanto
a su visión demócrata-republicana de la sociedad del momento: El Guardia Nacional, publicación diaria
que se vende tan sólo a 8 cuartos en la década de los años 30,
del S. XIX, y que pasaría posteriormente a denominarse El Nacional, ya en los 40.
En el número 429, del martes 7
de febrero de 1837, se publica una charada que dice tal que así:
Un andaluz para el burro,
Con usar de mi primera;
Si le añade la segunda
Le dá nombre á cierta hembra,
Odiada en todas las casas,
Y amada en Inglaterra
Pues es la mas necesaria
Para hacer algunas fiestas:
Y leidas al revés
Las únicas cinco letras
De que el todo se compone
Es una comida buena. – A. M.
Estamos ante una estrofa de doce versos formada por una
serie de cuartetas asonantadas y de versos octosílabos. Y vemos que vienen rubricadas
por unas iniciales que bien poco nos dicen: A.
M. Por otro lado, se me antoja que la solución a la charada es fácil y
cualquiera que esté leyendo algo despierto ya ha dado con ella. Incluso se
advierte una clara intención palindrómica en el texto, pues nos dicen que
leyendo al revés el nombre del animal buscado, damos con una comida buena.
Sin embargo hasta doce días han de pasar para que alguien
ofrezca la solución y la publique en el mismo diario. En el número 441, del
domingo 19 de febrero, se resuelve la
dicha charada de esta manera:
Dábale “arroz” á la “zorra” el abad.
En este renglon
Tiene solucion
La dicha charada:
Leedlo al revés
Veréisla otra vez
Quedar descifrada. – Aminto.
Un verso endecasílabo, el palíndromo buscado, más dos
tercetos medievales, perfectos en su medida de hexasílabos y en la rima aab.
Zorra es la solución que aporta
Aminto. Con decirlo charaderamente habría quedado meridianamente claro, pues
siempre se han dado, hasta ahora, las soluciones aquí, de la misma forma que
los retos: charada y solución charadera. Sin embargo ahora, Aminto escribe el
palíndromo y pone en cursiva las palabras a las que hace referencia en su
propuesta de juego, pero no se molesta en explicar nada nuevo sobre la
solución. Sino que se ocupa de advertir a los lectores sobre las formas que han
de leer el renglón, de modo que a
nadie le escape el ingenio que nos acaba de mostrar y quizás, hasta componer.
Admirado queda cualquier lector, más por la simetría del
verso que por la solución a la charada, que al cabo, queda olvidada. Sin
embargo, sí que han de permanecer en la memoria colectiva el abad, la zorra y
el arroz; precioso juguete, fácil de retener e ideal para presumir con él en la
ocasión más pintada.
Amigos míos, tenemos datada esta primera aparición del
palíndromo de la zorra y el abad. Tenemos al autor, eso si, escondido bajo un
pseudónimo. Mientras no se diga otra cosa, que todo puede ser, el 19 de febrero
de 1837 es el día en que el abad le da el arroz a la zorra. Precisamente el 19
de febrero de este 2008 cumplió tal hecho la palindrómica antigüedad de 171
años. Y, como no, ahora estoy pensando que en el momento en que Josep M.
Albaigés crea el CPI, allá por 1987, hace justo 150 años que Aminto publica su
palíndromo. Simple casualidad, supongo.
Aminto presenta en El
Guardia Nacional varias charadas desde
Tenemos en Aminto a un jugador del lenguaje. Ya hemos
visto que es poeta, charadero y palindromista. La cantidad mostrada de sus
composiciones en El Guardia Nacional
es suficiente para suponer que dedicara a escribir una buena parte de su
tiempo.
Así pues, el catalán Toni A. M., anagrama perfecto de
Aminto, juguetón con su propia identidad, Antonio Mateo, digo, es el autor
primero del poema, de la charada, del palíndromo, del verso simétrico, que
acompaña a otros versos:
Dábale arroz á la zorra el abad.
2. ZONA DE LUZ Y ZONA OSCURA EN EL PALÍNDROMO.
LUCES Y SOMBRAS
DE UN HUEVO
Suelen tener los palíndromos una zona de luz y otra zona
sombra. Esta es una afirmación que ya se ha hecho infinidad de veces con otros
símiles, como cuando se dice que tienen una parte voluntaria y otra
involuntaria o que ellos mismos forman parte de su propia composición, pues
obligan al palindromista a seguir el camino, cual obra activa que son.
La zona iluminada de un palíndromo es aquella en la que
está claramente presente el tema o la intención del palindromista. De pronto se
decide tomar una palabra o una expresión con el fin de ver qué ocurre al darle
la vuelta. En esta primer ataque a la simetría ya se puede visualizar algún
resultado, cuya intención primordial es conseguir iluminar por igual las dos
zonas de la frase. Ciertamente hay una gran cantidad de éxitos en estos palíndromos
cortos que definen y sentencian con pocas palabras. Pero el margen es realmente
pequeño, pues son pocas las palabras que se encuentran con un sinónimo de ellas
mismas tras girarlas. Algunas más son las que se topan con otros términos que
les vienen como anillo al dedo, consiguiendo una afinidad tal que el palíndromo
parece, nunca mejor dicho, una frase hecha.
La experiencia nos demuestra que en los palíndromos
silábicos estas amistades giratorias se dan con muchísima frecuencia y es por
ello que enganchan tan rápidamente a quien los compone.
Pero en pocos lugares y momentos el sol luce vertical.
Diría que como más se alarga un palíndromo más se inclina esa luz astral y se
acerca al horizonte, produciendo largas sombras sobre el texto. Se puede
afirmar algo que es una obviedad: un palíndromo de diez letras tiene muchas
posibilidades de éxito, otro de diez mil las tiene mínimamente.
Y es aquí donde al palindromista sólo le quedan dos
caminos: o es un genio, capaz de conformar un largo texto simétrico colmado de
luz, hazaña que no se ha conseguido hasta ahora, o trabaja duro para iluminar
en lo posible esa gran zona oscura del mismo. Imaginación e ingenio son
necesarios para andar por este sendero, pero es evidente que la literatura nos
ofrece gran cantidad de ejemplos famosos de textos sombríos perfectamente
iluminados. Herramientas como los caligramas, técnicas narrativas como el
monólogo interior, géneros como la poesía o incluso –es broma- poner el
palíndromo en boca de un indio navajo, nos permiten distraer la atención sobre
el mensaje, haciéndolo pasar a un segundo plano y permitiendo centrarnos más en
la estética formal de su contenido. Por supuesto que siempre saldrá quien diga:
-¡Ah, pero este palíndromo no dice nada! Por suerte, otro dirá: ¡Tiene forma de
huevo! Ambas son opiniones necesarias y aceptables, al menos mientras nadie sea
capaz de meter un buen palíndromo dentro de un huevo.
Pero vamos a ver
que pueden hacer los palíndromos por la literatura y al mismo tiempo que puede
hacer ésta por ellos. Estoy convencido de que en todos los géneros literarios
tiene cabida la simetría escrita; seguramente con más o menos éxito en función
de sus propias características. Lo que vamos a ver a continuación son tres
ejemplos de experimentación palindrómica que quiere ir un paso más allá, que
quiere encontrar ese valor añadido que le puede ofrecer la narración, el
diálogo o la poesía.
3. EJEMPLOS DE PALÍNDROMOS EN FORMA DE MICRORRELATOS.
El microrrelato es un subgénero literario que está de
moda. En su versión clásica tiene presentaciones que van entre las diez
palabras y un par de folios de extensión. Se trata con el microrrelato de
ofrecer una historia con su presentación, nudo y desenlace, bajo la limitación
de la brevedad. Se trata de convencer, sorprender y satisfacer al lector en
apenas unas líneas.
He compuesto unos 30 microrrelatos palindrómicos durante
el año 2008, procurando no extenderme en más de cien letras en cada uno de
ellos. Se trata, pues de unos palíndromos largos, pero no en exceso. Creo que
en esta medida, que dan un par o tres de líneas, se pueden llegar a conseguir
algunos palíndromos suficientemente iluminados, al tiempo que se puede contar
una pequeña historia en unas cuatro o seis frases. Como siempre, la dificultad
mayor está en la composición del palíndromo al uso, pero la cuestión mejora y
pierde esfuerzo en cuanto entramos en los palíndromos silábicos o en los
palíndromos palabra por palabra.
4. EJEMPLO DE UN PALÍNDROMO HECHO LITERATURA.
Otro ejemplo de incursión literaria es el ejercicio hecho
con un largo palíndromo que compuse en 2005, pero que diseñé o vestí en 2008.
Diálogo, narración, descripción y poesía desfilan por este palíndromo que lleva
por título:
L O S S E I S
D I O S E S :
Mar, Aire,
Tierra, Sol, Poesía y Amor.
Palíndromo de
10.000 letras y 11 colores
En principio, como tantas veces, el palíndromo intenta
narrar una historia. Se trata del diálogo entre una hija
y su madre sobre los seis dioses, denominados
aquí: Mar, Aire, Tierra, Sol, Amor o Fuego y Poesía.
Toda esta historia se estructura en cuatro partes
diferenciadas numéricamente. Las dos primeras corresponden al diálogo entre la
hija y la madre, aunque la parte primera contiene un soneto materno, malo sí, no seco, si pensamos en la
dificultad simétrica. El diálogo, por otra parte, creo que apenas tiene algunos
momentos de surrealismo o irrealidad propiamente dicha y mantiene casi siempre
un buen nivel de coherencia en el mensaje. La parte tercera está compuesta por
cinco composiciones poéticas construidas a base de caligramas con formas
antiguas y clásicas, datadas en la época de Adriano. Se trata de
Poesía digo, sí, poesía. No se me ocurre
otra cosa que incluir un Soneto dentro del palíndromo, lo cual supone sumar a
sus propios problemas de simetría palindrómica, otros derivados de la necesidad
de atender la métrica, creando versos de once sílabas, y la rima característica
de esta composición: ABBA ABBA CDC CDC, también palindrómica en si misma.
Resuelto el Soneto, no es gran dificultad
intentarlo con algunos Refranes nuevos y hasta una Adivinanza, por supuesto con
su solución incluida.
Entonces pienso: ¡Ah, un Anagrama! Y
resulta un Anagrama de fecha, de la fecha en que precisamente escribo esa parte
del palíndromo: 23 de enero de 2005. La frase exacta es: A día domingo,
veintitrés de enero del año dos mil cinco. Tiene 53 letras y su Anagrama en
el palíndromo habla de Dante y del eco del dolor.
Otro entretenimiento ha sido la inclusión
de una selección de palabras palindrómicas, como orejero, arañara,
sirimiris, sopapos… para redundar con palíndromos puros dentro
del propio palíndromo.
Inmediatamente después llega el primer
momento palindrómico del Quijote. Se trata de la extracción de algunas frases o
fragmentos del capítulo primero de la novela de 1605, que son susceptibles de
soportar bien los giros. Son expresiones tan identificativas de la obra como ni
lo supo ni se dio cata dello o moza labradora.
Con esto llegamos a la parte central del
palíndromo. No he querido doblar la esquina sin dejar descansar a la sufrida,
traída y llevada letra e. Seguramente la vocal más usada en la lengua
castellana. Las 1.000 letras centrales del palíndromo están formadas por un
lipograma en el cual todas las palabras usadas prescinden de la letra e,
evitando su uso en todo este fragmento.
Siguiendo con el homenaje a Miguel de
Cervantes –no hay que olvidar que el
Fue durante las vacaciones de verano en
Carboneras cuando supe que Dominique Aubier, escritora y cabalista estudiosa
del Quijote y que vivió muchos años en ese paraíso almeriense, aunque ahora en
Francia, había estado propuesta para recibir el premio Nóbel de Literatura. De
ahí surge la idea de homenajear también a esta mujer octogenaria incluyendo una
Cábala dentro del palíndromo. Se trata de la simétrica composición de las
letras del nombre Dominique Aubier en una secuencia creciente y decreciente,
quedando un texto cabalístico con la siguiente estructura:
D-25-O-10-M-15-I-20-N-5-I-10-Q-0-U-0-E-10-A-5-U-20-B-15-I-10-E-25-R. En él se
pide que se le otorgue ese reconocido y meritorio don a la reina de
En 2005, tras la colocación en su lugar de todas las
letras, escribí: Pues con estos mimbres he tejido una cesta pseudo literaria,
de mucho entretenimiento, pero de dudoso valor, como diría Cervantes. Quedó
compuesto el 26 de julio de 2005, por fin, pero estos últimos meses han sido
para la labor más tediosa, la de coser expresiones gramaticales, buscar sentido
donde no existía y conformar, en lo posible, un texto legible, que ha de
resultar exactamente de 10.000 letras aparejadas que se miran a la cara desde
el principio hasta el final.
Y ha tenido que ser en este 2008, año que he dedicado a
mirar los palíndromos desde una visión puramente poética, cuando he decidido,
por fin, dar a conocer este largo texto simétrico, no sé si más producto del
esfuerzo de la voluntad que del ingenio, con ciertas reservas por la dificultad
que entraña su lectura, consciente como soy de que la aceptación de un trabajo
así presupone el conocimiento y la experiencia en el campo palindrómico por
parte del sufrido lector, para ser capaz de descubrir las estrategias creativas
que lo han hecho posible. Soy consciente de que faltan años y palíndromos para
que un texto de estas características se pueda presentar prescindiendo de una
introducción y sin ayudas adicionales que lo alivien y entretengan su lectura.
Vivimos en una sociedad donde prima la lógica y en la cual el mensaje es
prácticamente inseparable de la lectura. Igual que hay poemas o caligramas para
mirar o cuadros y esculturas para leer, podría ser este también un palíndromo
para mirar, pues descansa su lógica y mensaje en el mismo lugar interior,
oscuro y desconocido del cerebro donde nace el propio lenguaje. Ni siquiera
estoy seguro de que una composición tal pueda denominarse palíndromo. En
cualquier caso, siempre se trata de un juego, de un simple juego de palabras.
6. EJEMPLOS DE POESÍA PALINDRÓMICA.
Finalmente, como último ejemplo, quiero mostrar la base y
una selección de poemas palindrómicos, compuestos con diferentes técnicas.
Otros autores han hecho incursiones en este mismo campo, pero reconozco que aún
no existe alguien a quien se le pueda llamar poeta palindrómico o palindromista
poeta.
Carmen Cancrinum, es también un ejercicio que repasa los
diferentes tipos de estrofas que existen, desde el pequeño Pareado hasta el
Romance más largo, jugando con poemas repletos de palíndromos, con palíndromos
que son un solo poema y con otros palíndromos que necesitan dos o tres poemas
diferentes e independientes para conformarse, pasando totalmente desapercibidos
en su propia estructura. El verso libre es un excelente aliado para los
palíndromos, pues ofrece una puerta abierta a la construcción de frases y
permite múltiples recreaciones y presentaciones de la simetría. Otras formas
palindrómicas nos acercan también a la pintura o nos llevan hasta los mismos
caligramas, estupenda herramienta de libertad. Nos llevan también estos
palíndromos hasta formas caligramáticas antiguas, como el Hacha, de Simias de
Rodas, la tan repetida cruz, o
Al cabo, no son más que ejemplos del amplio campo en que
se puede desarrollar la labor compositiva en este fabuloso e imaginativo mundo,
donde se puede construir la simetría dentro de un huevo, en un reloj de letras
o incluso en unas simples fotografías.