Catástrofes:
protección contra los tsunamis
Los lectores de mi artículo Tsunamis están ya al corriente de su
mecanismo de originación y del por qué de la fuerza devastadora. Pero lo que
realmente interesa a los ingenieros son dos preguntas: ¿Cómo preverlos? Y, sea
o no esto posible, ¿cómo evitar o al menos mitigar sus efectos?
Prevención. Ya se comentó en el artículo
citado ut supra que la principal
dificultad para la previsión de los tsunamis es la gran velocidad a la que
estos viajan, que suele hacer que su aparición sea súbita y desprevenida. Únase
a esto que la sobreelevación del nivel marino que el tsunami conserva a lo
largo de miles de kilómetros es inapreciable (de orden de un metro), con lo que
los buques que lo atraviesan es raro que se den cuenta de su presencia.
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Esquema detector de un tsunami. Fuente:
National Oceanic and Atmospheric Administration (NOAA), |
La previsión de los tsunamis sólo puede efectuarse
mediante sofisticados métodos que combinan radiolocalización por satélite y observación sísmica muy precisa.
En estos momentos, únicamente en USA se dispone de ellos, y aun sólo en grado
de desarrollo. En la figura adjunta, los sensores de presión del fundo,
situados a profundidades de hasta 6000 m, registran el paso de la vibración sísmica.
Esta información es transmitida por telemetría acústica a la boya en
superficie, que a su vez la manda a un satélite. Éste redistribuirá la señal a
las zonas afectadas para que, con un margen de unas horas, a veces de minutos,
puedan activar los planes de emergencia.
Obsérvese que estamos llamando “prevención de
los tsunamis” en realidad a su detección una vez iniciados, pero las
diferencias prácticas son escasas.
Claro es que todo este sistema debería ir
complementado con una serie de detección sísmica en tierra firme, que
complementaría la situación y permitiría prever las zonas más afectadas por el
tsunami. Finalmente, con el tiempo podría construirse una extensa red de base
de datos generada mediante las experiencias recogidas y mediante modelos numéricos.
Todos estos elementos, actuando simultáneamente, permitirían generar una
previsión de efectos de forma rápida y elaborarían de forma simultánea el
programa más viable de respuesta.
Protección. La gran extensión en que
actúan los tsunamis descarta la protección mediante “blindaje” de la costa con
estructuras o diques de protección, salvo, como máximo, en algunos puntos
concretos. Pero el propio tsunami de Indonesia en 2004 puso en evidencia que
existen estructuras naturales que sirven de protección natural, como playas,
dunas, manglares, campos coralinos e incluso arboledas. Claro es que los
efectos devastadores de dicho tsunami fueron debidos en gran parte a la
actuación sobre elementos “desprotegidos” en este sentido por un proceso de
deforestación y urbanización incontrolados, que convirtieron las zonas de costa
baja, las más pobladas, en presa fácil de las sobreelevaciones marinas. Una vez
más se cumplió la ley de que la propia actuación humana suele agravar la
catástrofe natural.
En algunas zonas de Sri Lanka se han
proyectado estructuras consistentes en muros verticales de hormigón,
complementados con una segunda línea defensiva, unos 200 m hacia el interior de
la costa basada en la plantación masiva de cocoteros y manglares. El proyecto
está fuertemente discutido, no sólo por su incidencia medioambiental, sino por
el fabuloso coste económico implicado y la inviabilidad de cambiar el hábitat,
paisaje y modos ecológicos de las zonas costeras, que posiblemente se verían
tanto o más perjudicadas con estos cambios que con el propio tsunami.
Adaptación. Una adaptación de litoral
comprendería la puesta en práctica de un desarrollo racional de las zonas
costeras. Para ser realistas, esto no será siempre compatible con la
explotación de estas franjas en los países que han hecho del turismo un
poderoso modus vivendi, pero sí que
puede conducir a modelos de desarrollo más racionales e incluso a la larga más
atractivos turísticamente.
Estas medidas deberían ser complementadas por
un vasto plan global destinado a aumentar la “resiliencia de la costa”, es
decir, poner ésta en condiciones de que los desastres de ese tipo no alteren
significativamente sus características estructurales y/o funcionales. La lucha
contra la erosión, el diseño de un sistema de comunicaciones adecuado y, desde
luego, el establecimiento de planes urbanísticos adecuados, serán los mejores
defensas imaginables contra el desastre.
Alarma y
evacuación. Pero,
pese a todo, las medidas anteriores son caras y difícilmente adoptables de
momento. Por ello se hace preciso poner el acento en los planes de alarma y
evacuación. El carácter súbito de la aparición del tsunami debe ser tenido en
cuenta para poder proporcionar métodos de conocimiento muy rápido de la
población. Es evidente que la primera medida será la instauración de un red de
alarma en las ciudades, complementado con sistemas de marcado simultáneo
telefónico para las personas situadas en zonas bajas, cosa factible mediante
los repetidores de teléfonos móviles y de satélite. Un diseño racional en ese
campo no sería excesivamente complicado.
La evacuación debería prever vías de desplazamiento
hacia zonas altas en el litoral, aprovechando las plataformas naturales o
incluso creándolas donde sean necesarias, indicándolas debidamente y permitiendo
su rápido acceso mediante la señalización y exclusivización en ellas del paso
para peatones, ambulancias o sistemas excepcionales de transporte. Todo esto
debería ir complementado con el establecimiento de puestos fijos de vigilancia
policial para evitar saqueos, puntos de abastecimientos de víveres.
El sistema debería ser complementado, desde
los poderes centrales de cada país, con una red de inspección rápida para
evaluar los daños en las infraestructuras, y, desde luego, proceder a la
reconstrucción.
Josep M. Albaigès i Olivart
Ingeniero de Caminos, Canales y
Puertos