Previsión
de las inundaciones
Según se ha visto en el artículo Ingeniería de las catástrofes, es
importante prever la probabilidad de ocurrencia de una catástrofe de un
determinado tipo. ¿Será posible aplicar esto a las inundaciones? Sí, en efecto.
Una inundación, como cualquier hecho fortuito, es un elemento imprevisible,
pero sólo hasta un cierto punto. Los habitantes de la zona cercana a la margen
de un río tienen una idea más o menos aproximada de cuál es la frecuencia con
que éste se sale de su cauce, y a cuantía con que lo hace. Es muy frecuente
encontrar en puentes, casas y otros hitos fijos señales que indican hasta dónde
llegó el nivel de las aguas en un determinado año. Los recuerdos de los
paisanos son también de utilidad, aunque lógicamente se remontan a un horizonte
temporal reducido.
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Granja texana protegida de la
inundación gracias a un muro de salvaguarda |
En general, cualquier río puede sufrir, más
tarde o más temprano, una avenida extraordinaria que inundará zonas
habitualmente cultivadas e incluso pobladas. Pero, ¿cómo evaluar estas zonas?
La economía de un país, con su secuela de fijaciones de zonas urbanísticas,
industriales y de influencia del río, puede estar en juego. Y no olvidemos que,
en general, las zonas para desarrollar actividad humana son más apetecibles
cuanto mayor es la proximidad al lecho de la corriente fluvial, como evidencian
muchas edificaciones en las ciudades, situadas en el mismo cauce en épocas de
ausencia de control.
La práctica ingenierilmente más extendida es
determinar unas “zonas inundables” y restringir en ellas la actividad humana,
tanto más cuanto más fácilmente inundables son. Para el caso de mayor peligro,
la actividad urbanística, el tema es especialmente preocupante, toda vez que
muchas vidas pueden verse implicadas en el ascenso de nivel producido por las
avenidas de carácter excepcional.
Lo más corriente es diseñar la planificación
urbanística partiendo de la llamada “avenida de los 500 años”, que es aquélla
que sólo se produce o es superada, en
promedio, una vez cada 500 años. Se pueden definir otras zonificaciones,
como la prohibición de erigir edificios industriales o determinadas industrias
de peligrosidad, especialmente la contaminante, en función de las zonas de las avenidas
de los 10, 50 y 100 años.
Sin embargo, esas determinaciones suelen ser bastante
problemáticas. Obviamente, si se dispusiera de registros estadísticos del
caudal del río de varios miles de años, el problema estaría resuelto de entrada:
bastaría con seleccionar directamente aquéllas que cumplieran con las especificaciones
prefijadas. De hecho, el autor de este trabajo ha tenido la fortuna de poder
aplicar este método gracias a haberse encontrado, en la ciudad de Girona, un
registro que consignaba las mayores avenidas históricas a las que el río Onyar
había sometido a la población desde el siglo XIV. Naturalmente, no estaban
consignados los caudales, pero sí los niveles alcanzados en cada inundación, a
través de las cuales, mediante extrapolaciones históricas sobre el perfil del
río y cálculos más o menos precisos, podía concluirse la cuantía de las
respectivas avenidas.
Sin embargo, lo habitual es que se disponga
de registros por un corto período de tiempo, medio siglo o un siglo como mucho.
Entonces, no queda más remedio que recurrir a las hipótesis establecidas por
personas versadas en los problemas de hidráulica. Las más habituales establecen
el caudal a partir de unas lluvias, tiempos de concentración del agua, etc., pero
a fin de cuentas el dato de partida, las cifras de pluviometría, debe extraerse
de suposiciones basadas en la estadística. Por ello es habitual recurrir
directamente a ella para obtener directamente el caudal de la avenida.
La avenida de un número cualquiera de años se
obtendrá mediante la llamada “curva de distribución” F(x), que refleja la
probabilidad de que un caudal dado x sea igual o inferior a F(x). Así, por
ejemplo, la avenida de los N años será el valor x para el que F(x) = 1 – 1/N.
Entre las muchas fórmulas utilizadas, destaca
la llamada de Gumbel, que supone que la curva de distribución obedece a una fórmula
del tipo:

Por poner un ejemplo, la gráfica de esta
fórmula, para x0 = 1000 m3/s; a = 500 m3/s; es así:

Se observará que esta curva se caracteriza
por ser rápidamente creciente hacia la unidad. Ésta es la tabla de valores:
|
x |
F(x) |
|
500 |
0,0660 |
|
1000 |
0,3679 |
|
1500 |
0,6922 |
|
2000 |
0,8734 |
|
2500 |
0,9514 |
|
3000 |
0,9819 |
|
3500 |
0,9933 |
|
4000 |
0,9975 |
|
4500 |
0,9991 |
De ésta se obtiene interpolando que el caudal
de los 500 años es aquél para el cual F(x) = 0,998, o sea x = 4100 m3/s.
La determinación de los parámetros x0 y a para cada caso es una cuestión de cálculo que se realiza mediante
los datos estadísticos disponibles, mediante la determinación de sus promedios y
momentos.
Hay que insistir en que los valores obtenidos
dependerán fuertemente del número de datos disponibles, que suele ser escaso.
Convendrá afectar los resultados de un coeficiente de seguridad, cuyo cálculo
puede verse en el artículo Ingeniería de las
catástrofes.
Josep
M. Albaigès i Olivart
Ingeniero
de Caminos