Ingeniería
de las catástrofes
La misión de la ingeniería es someter la
naturaleza a nuestros intereses mediante la corrección de lo que en ella se
opone a nuestros fines, nos resulta gravoso o incómodo. A partir de esta
definición, está claro que la prevención o mitigación de las catástrofes
ocupará un lugar fundamental en la ciencia ingenieril.
Una catástrofe es un hecho fortuito, que
escapa en mayor o menor grado al control y la previsión del hombre, y que
produce serios perjuicios. Por tanto, en una primera aproximación, la
ingeniería de las catástrofes deberá dirigirse a evaluar dos puntos básicos en
ellas:
Ilustremos lo dicho mediante un tipo concreto
de catástrofe: el colapso de una obra de ingeniería, un puente por ejemplo.
Pero antes es necesario exponer un concepto fundamental en ingeniería: el
llamado coeficiente de seguridad, al que llamaremos k. El coeficiente de seguridad
es la relación entre los esfuerzos para los que se calcula la obra y los que
ésta va a soportar realmente. Si, por ejemplo, un puente debe estar diseñado
para la “carga standard” del tanque de la OTAN (60 Tm), ésta será la carga
nominal del puente. Un coeficiente de seguridad k = 2 supondrá diseñar el
puente para 120 Tm.
¿Cuál es el coeficiente de seguridad que debe
adoptarse en una obra? He aquí una pregunta que sólo podrá tener respuesta en
cada caso concreto. La experiencia nos demuestra que ciertos factores que
pueden actuar sobre el puente son imposibles de prever. Por ejemplo, ¿qué
ocurre en caso de un terremoto extraordinario (los ordinarios sí se tienen en
cuenta en el diseño)? ¿O qué ocurre si el capitán que dirige el convoy de
tanques, por descuido, permite el paso de dos de ellos simultáneamente sobre el
puente?
Desde luego, no puede aceptarse la ingenua
opinión de que “el puente debe aguantarlo todo”, porque ese “todo” es infinito,
y una obra no puede costar infinito, por razones de equidad o simplemente de
posibilidad.
Supongamos, pues, que es puente es diseñado
para 75 Tm. Su coeficiente de seguridad es k = 75/50 = 1,50
Éste podría ser un buen coeficiente de
seguridad, pero, ¿por qué no adoptar k = 2? ¿O, más permisivamente, k = 1,20?
En cada caso obtendremos una obra más o menos segura, pero, respectivamente, menos
o más cara.
Se impone, por tanto, fijar un criterio que
nos permita establecer el coeficiente de seguridad más adecuado. Según lo
dicho, el coste del puente será una función creciente del coeficiente de
seguridad: C = f(k), cuya gráfica podría ser del tipo:
|
k |
p |
C |
P |
CG |
|
1,00 |
0,5 |
200 |
100 |
350 |
|
1,50 |
0,2 |
260 |
100 |
332 |
|
2,00 |
0,1 |
300 |
100 |
340 |
|
3,00 |
0,05 |
340 |
100 |
362 |
En esta tabla se utilizan los siguientes
valores:
La siguiente gráfica resume la tabla:

Para un coeficiente de seguridad k = 1 (obra
calculada estrictamente para las acciones previsibles) la obra valdría 200 M€.
Para un coeficiente k = 1,50, es C = 260 M€, para k = 2 cuesta 300 M€, etc. En general,
la curva será convexa, reflejando el hecho de que la obra crece menos que proporcionalmente
al coeficiente de seguridad.
¿Será posible evaluar la probabilidad del
colapso de la estructura? Desde luego será una función decreciente: cuanto
mayor sea el coeficiente de seguridad empleado, menor será la probabilidad de
ocurrencia de la catástrofe. En el ejemplo supuesto:

Hay que valorar ahora el coste generalizado del colapso de la estructura. Éste estará formado por dos sumandos: la reposición y los prejuicios causados por el fallo de la obra. Entre estos perjuicios están, naturalmente, las vidas humanas, que habrá que valorar no en su valor intrínseco (no medible) sino según el coste de valoración que les otorga a sociedad. Sean estos costes, aproximadamente constantes, de P = 100 M€.
El coste generalizado de la obra, asimilada a un suceso aleatorio medido según el cálculo de probabilidades, será por tanto la esperanza matemática del coste total. Esto es:
CG = C + γ(C + P)
En el
caso anterior, la suma de las dos curvas obedecerá a la gráfica:

Puede verse que el coste generalizado mínimo
se alcanza para un coeficiente de seguridad k = 1,50, al que corresponde una
probabilidad de fallo p = 0,20. Éste es el que habrá que adoptar racionalmente
para la obra.
Naturalmente, no siempre será posible evaluar
de una forma tan aséptica todos estos factores. Pensemos que los costes
generalizados, al incluir vidas humanas, deberá tenerse en cuenta la situación
y tipo de éstas. Igualmente la repercusión sociopolítica del hecho. Pero, en principio,
todos estos factores deberán ser homogeneizables a valores económicos. Pensemos
que en temas como la declaración de una guerra o la marcha de la economía de un
país suelen ser regidos por la teoría de la decisión, que comprende el cálculo
de probabilidades de los sucesos y su coste. Nada se opone a que sean tenidos
en cuenta también en este caso.
Advertencia: Para hacer más fácilmente
comprensible el ejemplo, se han manejado valores arbitrarios, sobre todo los de
la probabilidades. En el mundo real, una probabilidad de fallo de una
estructura igual a 0,20 sería monstruosamente alta. Los valores supuestos deben
ser considerados solamente como ilustrativos.
Josep
M. Albaigès i Olivart
Ingeniero
de Caminos, Canales y Puertos