Los corrimientos de tierras

 

 

Se trata de un fenómeno generalmente inducido por temblores, vulcanismo, intensas lluvias u obras humanas, pero que puede también ocurrir espontáneamente. El monte Granier (Saboya), cuyos restos pueden verse en la figura adjunta, se partió un día en 1248, desplomándose sobre 3,5 km de la llanura circundante, enterrando varios pueblos y matando a millares de personas. El a14 de junio de 1993 un desprendimiento en Kabul (Afganistán) inducido por unas intensísimas lluvias arrastró 250 casas de la parte antigua de la ciudad, acabando con 250 personas sorprendidas durante el sueño. En Perú, el monte Huascarán formó una avalancha (1970), esta vez debida a una sacudida sísmica, que enterró los pueblos de Yuingay (20 000 víctimas) y Ranratura (3000). El balance fue atroz: 70 000 peruanos muertos o desaparecidos. Aunque el pero desprendimiento fue el inducido por el volcán Nevado del Ruiz, en Colombia, en el que millares de personas desparecieron bajos los lodos sin posibilidad de rescate ni siquiera de sus cuerpos.

En Geotecnia, la rama de la Ingeniería Civil dedicada al estudio de los suelos y las cimentaciones, se viene acometiendo el problema de los desprendimientos mediante la técnica del llamado “círculo sueco”, que presupone que la superficie de rotura será según una línea parecida a un arco de circunferencia. A partir de ese hecho, se calculan las distintas posibilidades, teniendo en cuenta en cada caso el peso del terreno subtendido en el círculo, y de otra la resistencia al desprendimiento por movilización de la cohesión (c) y en ángulo de rozamiento interno φ del terreno (ambas, características numéricas, que resumen la resitencia de éste). De esta forma resultan unos ábacos que permiten el cálculo tanto del momento crítico de la rotura como la forma prevista superficie de rotura.

Millones de taludes, naturales o artificiales, se hallan en el mundo en proceso estricto de equilibrio. Se habla en ellos de coeficiente de seguridad como la relación entre el talud estable y el actual, y se conviene en que es suficiente que este valor sea superior a 1,20. Sin embargo, no debe olvidarse que este número es puramente de conveniencia, puesto que la adopción de coeficientes de seguridad mayores supondría unos movimientos de tierra tan importantes que ninguna economía de obra estaría en condiciones de soportarlos. Nos remitimos aquí a lo expuesto en el artículo Ingeniería de las Catástrofes.

 

 

En la figura se esquematiza el sistema de fuerzas actuante sobre un talud. El cálculo del talud crítico, que antiguamente se efectuaba por procedimientos gráficos, se ha simplificado mucho hoy gracias  programas informáticos.

 

                                                                                    Jose M. Albaigès i Olivart

                                                                                    Ingeniero de Caminos