El cambio climático

 

Figura 1. Situación en el Eoceno y actual del casquete polar helado Norte.

El cambio climático existe, aunque a un ritmo infinitamente más lento de lo que algunos bienintencionados aunque alarmeros ecologistas pretenden ver. Es un hecho que ha habido glaciaciones en la Tierra, y que durante ellas la temperatura media de la superficie del planeta bajó hasta tal punto que los casquetes polares se extendían hasta buena parte de Europa y Norteamérica, como vemos en la figura 1.

El fenómeno de los ciclos de enfriamiento y calentamiento, indudable tras las mediciones realizadas en hielo fósil extraído de la Antártida, ha traído perplejos a geólogos y paleontólogos en general. ¿A qué podría ser debido? Sólo recientemente, el estudio de los ciclos de Milankovich está empezando a arrojar alguna luz, aunque la explicación final dista mucho todavía.

Milankovich sugirió que el fenómeno podía venir relacionado con los siguientes cambios astronómicos:

  1. La distancia Tierra-Sol. Sabido es que la trayectoria de la Tierra alrededor del Sol es una elipse en las que nuestro planeta ocupa uno de los focos. De hecho, en la actualidad la distancia más próxima al Sol se da a principios de enero, y la más alejada en julio. La distancia máxima es un 1,3 % mayor que la mínima, de donde resulta que en enero la Tierra recibe un 2,6 % más de calor en enero que en julio. De todos modos, esta variación es anual, y queda diluida en otros factores, como la mayor presencia de tierra firme continental en el hemisferio Norte y los propios mecanismos de regularización térmica a corto plazo en el planeta, mayormente las corrientes marinas. Pero la excentricidad o alargamiento de esa elipse, con ser pequeña, varía cíclicamente con un período de unos 100 000 años y una cuantía aproximada de un 0,2 %. Por tanto, de forma constante, el calor medio recibido puede variar, para períodos largos, en un 0,4 %. Además, también varía la orientación relativa de perihelio y afelio, con un ciclo de 21 000 años. Cada 11 000 años su situación se intercambia, lo que significa que esto podrá afectar a situación de los casquetes glaciares.

Fig. 2. Variación del eje de la Tierra

 

  1. La inclinación del eje de la tierra. Este factor puede ser mucho más importante. La inclinación actual del eje de la Tierra, de 23º 27’, no es constante, y oscila entre los 22º y los 24º con una periodicidad de unos 40 000 años. Cuanto más elevado sea el ángulo, más cálidos serán los veranos y más fríos los inviernos.

 

Los efectos mencionados se superponen, produciendo unas curvas con máximos y mínimos. En conjunto, todos estos ciclos de variaciones determinan que el calor recibido por la tierra puede variar, con periodicidades de las decenas de miles de años, hasta en un 7 %, valor suficientemente importante como para alterar la actual situación e extensión de los casquetes polares, como demostró Milutin Milankovich en 1924. Desde entonces, se tienen por parcialmente demostrada la teoría astronómica de las glaciaciones, aunque queda un residuo inexplicado todavía.

Fig. 3. Oscilaciones climáticas por las variaciones astronómicas de la órbita terrestre

A1 salir del último período glaciar, en el Holoceno, hace unos 6.000 años, la Tierra alcanzó temperaturas máximas, un "óptimo climático". En relación a lo que conocemos actualmente, las temperaturas veraniegas en Europa eran de 2 a 4° C más elevadas. Exis­tían numerosos lagos en el Sahara, donde podían encontrarse cocodrilos, hipopótamos y pueblos que vivían de la pesca. De esta época son las pinturas rupestres de Tassili, que atestiguan que entonces había vacas en el Sahara. Es también el período del nacimiento de la agricultura en Oriente Medio y de la revolución neolítica.

Desde esta época, probablemente nos estamos acercando progresivamente a un nuevo episodio. El enfriamiento que empezó hace unos 6.000 años debería proseguir para llegar, des­pués de dos enfriamientos relativos dentro de 5.000 y 20.000 años, a una nueva era glaciar dentro de aproximadamente 60.000 años. No obstante, ¿la humanidad misma no se habrá convertido para entonces en el factor principal de la evolución climática, perturbando así el "ciclo natural" de Milankovich? No olvidemos que el actual incremento del “efecto invernadero” puede llegar a constituir un fenómeno mucho más importante que las propias glaciaciones.

 

                                                                                              Josep M. Albaigès i Olivart

                                                                                              Ingeniero de Caminos