¿DEMOSTRACIONES
MATEMÁTICAS AL 99 %?
¿Es posible que una demostración
matemática no sea “completa” sino sólo “probable”? Recientemente el matemático
Thomas Hale ha demostrado “al 99 %”, según la prestigiosa revista Annals of Mathematics, la venerable “Conjetura
de Kepler”, que suponía que la forma más compacta de apilar esferas es como han
hecho toda la vida los artilleros y vendedores de sandías: disponiéndolas en
pisos horizontales compactos y encajando las nuevas sandías en el pequeño hueco
que queda entre tres. De esta forma, pueden ser colocadas “en pirámide” o al
“tresbolillo”, pero la densidad alcanzada es siempre la misma. En la foto,
vemos al orondo Hale seguro de que las
balas de cañón sobre las que se sienta no pueden estar ya más juntas. Podemos
ver sus razonamientos en www.math.pitt.edu/~thales/flyspeck/index.html.
Lo más chocante es ese 99 %. ¿De
donde procede? Pues del hecho de que los árbitros de la demostración se vieron
incapaces de comprobar los 3 gigabytes de sus códigos e hicieron un chequeo de
consistencia, reconstruyendo los procesos teóricos subyacentes en cada paso de
la prueba, ni más ni menos que cuando el tribunal de oposiciones pregunta sólo
dos o tres temas de los 100 de que consta el temario.
De hecho, este nuevo tipo de “indetermina-ciones”
empezaron a verse cuando en 1976 se demostró la “Conjetura de los 4 colores”
mediante un programa de ordenador que estudiaba los varios miles de subcasos en
que había sido descompuesto el problema: las vidas de todos los matemáticos del
mundo no basarían para chequear ésta a mano, y por ello algunos manifestaron
sus reservas sobre la validez de este tipo de “demostración”.
Tengo mis reservas sobre estas
reservas. Por poner un ejemplo, ¿acaso muchos problemas no se resuelven
mediante multiplicaciones, que en definitiva son un método más rápido de hacer
sumas? La evidencia “primitiva” sólo se alcanzaría haciendo éstas, pero el
algoritmo multiplicativo incluye unas nuevas “evidencias”, que similarmente
quedan ampliadas con las que aporta el ordenador.
De hecho, buena parte de las
nuevas demostraciones matemáticas se asientan sobre el cálculo de probabilidades.
En otro artículo hemos comentado la importancia que hoy tiene la determinación
informatizada de la primalidad de un número p,
que se determina por ordenador sin necesidad de acudir al clásico pero rupestre
método de irlo dividiendo por todos los primos menores que él hasta Öp.
El método está basado en el
“pequeño teorema de Fermat”: dado un número primo p, se cumple siempre para una base a prima con p-1 que ap – 1 º 1 (mod p).
Por tanto, podría en principio chequearse
la primalidad de un número sin necesidad de proceder a las tediosas
multiplicaciones: bastaría con hallar la congruencia respecto a p de una base a dada elevada a este número.
Aclaremos que no se hace preciso
proceder al cálculo de la potencia, sino sólo a su congruencia, lo que es mucho
más fácil. Pues estamos trabajando con congruencias, es decir, con números
cuyos restos de sus divisiones por p
son iguales. Así, por ejemplo, 1 º 7 º 31 º 97 (mod 6), pues todos estos
números, divididos por 6, dan el mismo resto, 1. Las congruencias cumplen las
propiedades habituales respecto a la suma y la multiplicación. Por ejemplo, ya
que 4 º 7 (mod 11), será 4´5 º 7´5 º 35 º 2 (mod 11).
Supongamos que se desea chequear
la primalidad de 17. Escogeremos una base, por ejemplo 5, y procederemos así:
52 º 25 º 8 (mod
17) (8 es el resto de la división
25/17)
54 º (52)2
º 82 º
64 º 13 (mod 17) (13
es el resto de la división 64/17)
58 º (54)2 º132 º 169 º 16 (mod
17) (etc.)
516 º (58)2 º 162 º 256 º 1 (mod
17) (etc.)
De donde concluimos que 17 es
primo, pues acabamos de ver que 516 º 1 (mod 17).
Pero… hay un pero. Resulta que
algunos números compuestos, llamados pseudoprimos, cumplen que ap–1 = 1 (mod p) en alguna base a, con lo que la prueba
puede ser engañosa. Esos números abundan muy poco, pero haberlos,
haylos.
Bueno, eso parece tener una fácil
solución: probar con más bases a’.
Pero, ¡ay!, otro tipo fastidiosísimo de números, llamados de Carmichael,
resulta que son pseudoprimos en cualquier base. Como nos tropecemos con ellos, estamos
listos.
Un providencial teorema
establece que, para determinados valores u,
como máximo será engañosa la prueba con u/2
números. Por tanto, si efectuamos la prueba con éxito un número de veces u/2+1, tendremos la seguridad finalmente
de que el número p ensayado es primo.
Eso es un consuelo relativo.
¿Cómo hacer la prueba si u es un
número de cien cifras por ejemplo? Eso sería más pesado todavía que hacer las
divisiones. ¿Cuál es la solución? Muy sencillo: hacer la prueba respecto a 50 bases
a” por ejemplo, elegidas al azar. Como
la probabilidad de que todas las pruebas sean “fallantes” es 2-50,
podemos estar prácticamente seguros
de que la prueba resulta. ¡Pero no matemáticamente!
Entendámonos: una prueba a ese
nivel de probabilidad es absoluta a escala humana, pero no a escala matemática:
no nos permite el nivel de certeza. De hecho, la probabilidad de que la prueba
del teorema de Pitágoras sea falsa por otras causas (error, espejismo de toda
la Humanidad) es mayor, pero las cosas son así.
Sobre estas pruebas descansa la
seguridad de todos los mensajes cifrados que se mandan hoy. Habrá que ir
acostumbrándose a la “casi” seguridad, incluso en matemáticas.
JMAiO,
sep 03