TAXISTAS…

 

¿Por qué será que mucha gente usa la palabra como un insulto? No son pocas las anécdotas, por lo general negativas, que se atribuyen a ese sufrido gremio, siempre en busca del cliente ocasional con el que poder cubrir momentáneamente su necesidad. El taxista se parece al cazador paleolítico, pendiente siempre de hallar un dinosaurio con que saciar su hambre pero sabiendo al mismo tiempo que inmediatamente tendría que buscar otro para poder continuar su existencia.

 

De aquí y de allá he espigado algunas anécdotas sobre taxistas de muchas ciudades del planeta. Ahí van, e invito a todo el mundo a que engruese el repertorio.

 

Estambul. Se caracterizan por la velocidad de vértigo que imprimen a sus máquinas, capaz de sembrar el terror en cualquier cliente. Aunque, bien mirado, eso no es una característica constantinopolitana. Lo mismo ocurre en El Cairo, y en Lisboa, y…

 

Santo Domingo. Es tal la abundancia de licencias de taxi, que éstos llenarían totalmente las dos calles a que prácticamente se reducen todos los trayectos, impidiéndose circular unos a otros. Solución: cada día sale uno de cada dos taxis. Para evitar trampas, unos llevan la cubierta pintada de color blanco, y los otros, de color mamey. ¡Es espectacular el cambio de color que se opera cada día en el paisaje viario!

 

Amsterdam. Muchos taxis exhiben un certificado de buena conducta del conductor. ¡Al revés que en nuestras latitudes, donde muchos taxistas verían con agrado que hiciera lo mismo el cliente, especialmente en horas nocturnas o en trayecto apartados!

 

Bangkok. Hay dos servicios de taxis: los normales, de una seriedad absoluta, y los tuk-tuks (motocarros), que sorprendentemente salen más caros, pues al no llevar taxímetro siempre exigen mayor pago. Ojo.

 

Beijing (Pekín). Los taxis tienen regulada su longitud, su cilindrada… pero no su color. Distinguir un taxi entre la marea urbana es ejercicio sólo al alcance de los locales.

 

Londres. El taxista considera una cuestión de honor conducirte sin vacilar a cualquier rincón de su extenso perímetro municipal, por apartado y complicado que esté. No en vano ha tenido que superar un examen en el que habrá memorizado unas 3.000 rutas distintas.

 

Ciudad de México. Finalmente se ha decretado que un taxi debe tener cuatro puertas. Pero transcurrirá tiempo antes de que la alegre compañía del conductor a vuestro lado desaparezca.

 

Moscú. Sólo hay un taxi para cada 2500 habitantes, pero, en compensación, cualquier vehículo puede ser un taxi. Párese uno cualquiera y hay buenas probabilidades de que su conductor aproveche para obtener unos ingresos extras al tiempo que te da un servicio.

 

Mumbai (Bombay). Vigilad que el taxista ponga en marcha el taxímetro, pero no os fijéis mucho en lo que marca. Sucesiones de revisiones sobre revisiones de tarifas hacen que el cobro se realice de acuerdo con una tabla de actualización, cuyo importe puede ser 15 veces  lo que marca el taxímetro.

 

Nueva York. Sólo el 10 % de los taxistas han nacido en USA. Las probabilidades de hallar uno de tu propia nacionalidad son altas.

 

París. Como en la mayoría de ciudades, el taxista debe atender vuestras peticiones sobre ventanillas, volumen de la radio, etc. Pero también ellos practican su derecho de admisión. ¡Puede negarse a transportaros si vuestro olor le resulta poco grato!

 

Praga. La piratería taxista es intensa. ¡Ojo con los transportes al aeropuerto! Por más que se haya pactado el coste del viaje, puede ser que el taxista se detenga a medio camino para exigir el doble. Y no vale fingir acoplarse: utilizará vuestro equipaje como garantía de pago (es aconsejable no haber dejado éste en la baca, sino llevarlo consigo).

 

Roma. Como en muchas ciudades, no os sorprendáis si dos o tres personas irrumpen en el taxi solicitando una ruta distinta a la vuestra… y exigiendo una compensación por bajarse y dejaros hacer la vuestra. Luego, con el taxista celebrarán la “broma”.

 

Singapur. Los taxis están adornados con lujoso amueblando, incluso llevan una alarma que suena si el conductor corre demasiado. Como en otros lugares, un letrero puede advertir la ruta de su casa, y sólo tomará, al as horas de comer, viajeros en esa dirección.

 

Estocolmo. Sus taxis son los más modernos del mundo. La mayoría llevan GPS y sus conductores pueden predecir, casi al segundo, la hora al a que van a llegar al destino al que os llevan.

 

Tokio. Os llevaréis sorpresas con la automatización del taxis. La puerta se abre automáticamente cuando lo abandonáis. ¡Ojo! Una luz roja significa “libre”, y una verde, “Ocupado”.

 

                                                                                              JMAiO, BCN, dic 04