Precisión proustiana.
El deseo de alcanzar altos niveles de precisión es, sin duda, muy loable, tanto si estamos ante un asunto técnico, como ante cuestiones legales o económicas, e incluso ante situaciones de la vida corriente, como, por ejemplo, la coordinación de un viaje de vacaciones. No dudamos que la falta de precisión puede acarrear serios y desagradables problemas, pero rara vez meditamos sobre los problemas que puede ocasionar el intento de una precisión absoluta. Si una ley quiere tener en cuenta todos los elementos en juego para ser más justa, se hace poco manejable y más insegura. Cuanto más preciso es un mecanismo, más problemas puede tener y más complejo será su mantenimiento. Incluso las disciplinas formales como la Lógica y la Matemática están afectadas por esta dialéctica: si un sistema formal quiere ser completo no podrá evitar tener puntos indecidibles. Gödel dixit.
En ocasiones damos instrucciones que quieren ser muy precisa, no dejar nada al azar, o al albur de una interpretación errónea del destinatario de las mismas....y no hacemos sino enrevesar innecesariamente algo sencillo. El caso más notable y no poco divertido es el de Proust, en sus instrucciones sobre operaciones bursátiles y bancarias, que nunca le parecían suficientemente precisas y exentas de ambigüedad. A Proust le encantaba lo que llamaba la poesía de la Bolsa, con esos títulos “estilo 1900” con maravillosas orlas de fantásticas geometrías, y dibujos con alegorías industriales y mitológicas: con Mercurio, Vulcano o Ceres sobrevolando máquinas de vapor o locomotoras, todo ello bajo la lluvia benéfica derramada por la Cornucopia. Pero la operativa le parecía compleja en extremo, y no quería que sus instrucciones pudiesen ser mal interpretadas. La precisión elevada al nivel de obra de arte...... ininteligible. Muy “proustiano”, como se ve en la siguiente carta que remite a su Agente de Bolsa Albert Nahmias :
“Querido Albertito:
“Con la crisis que tengo, no se cómo voy
a poder explicarle claramente una cosa
diabólicamente complicada. En una palabra, no puedo disponer en conjunto más
que de cien mil francos. Y el Crédito Industrial me anuncia que, como eso es
para una liquidación, la cual, afirma, es para el 4 de marzo, no tendrá el
dinero sino el 3, pero es menester que yo extienda un cheque fechado el 3 de
marzo, el cual pagarán en el término fijado para la liquidación (el 4 de marzo
o el 3, si he entendido bien). En todo caso, no más tarde del 4. Es inútil
decirle que se trata de una certidumbre absoluta y que respondo de los fondos.”
“Ahora bien, si esta combinación (que al
director del Crédito Industrial le parece absolutamente regular y no
significativa de ningún retraso, y que, por consecuencia debe serlo así, puesto
que esa gente es muy seria), interesa, queda convenida, y en ese caso usted,
que conoce mi cuenta deudora, no tiene más que calcular cuántos títulos tendré
que aprontar, ya que sacaré una suma que, añadiendo mis diferencias por lo
restante, haga cien mil francos aproximadamente. Supongo que habrá algo como
270 “Rand Mines” y 275 “Crown
Mines”, y quizás ni eso. (Es preciso que mis diferencias queden
comprendidas dentro de los cien mil
francos, o los rebasen en muy poco. En una palabra, que una vez desembolsados
los cien mil francos, ya no deba nada). Me repito, como Aranyi,
pero estas cosas nunca son bastante claras. (Y conste que no ha de hacérseme
otro cargo en cuenta, sino que retiro parte de los títulos y liquido el
resto).”
“Pero si por una razón u otra esta
combinación no agrada a León, y si por casualidad le dice; “Es tarde para
retirar los títulos”, etcétera, en ese caso (pero he de saberlo mañana, 29), no
retire nada y en vez de hacer un cheque por cien mil francos, solamente lo haré
por la diferencia. En ese caso no haré que me carguen nada y lo liquidaré todo.
Pero creo que la primera combinación no presenta dificultades y que León la
preferirá. Avíseme mañana. En ese caso le enviaré un cheque por cien mil
francos mañana (pero con fecha 3 de marzo). En cuanto a los títulos, León los
pondrá, cuando quiera, en el Crédito Industrial, a mi nombre. No sé cómo se
opera esa parte de la transacción, ya que no me he preocupado de ella más que
en lo que me concierne... ¡ y gracias! Es inútil
decirle si maldeciré interiormente a la persona
que, con su retardo, sin reflexionar en la agitación que me produciría
(y precisamente en un día de crisis), juzgó inteligente esperar la fecha
extrema de la liquidación para hacer reponer los fondos. El Crédito Industrial
encontró eso muy correcto, pero yo lo encuentro muy cargante. Repito que si
León lo encuentra más agradable que yo no retire título alguno y liquide el
conjunto, estoy a sus órdenes. Pero he de saberlo mañana. En los dos casos no
quiero que me carguen nada inútilmente. En caso de retirar títulos, ha de
guardarse proporción idéntica entre las “Crown Mines”
y las “Rand Mines”: 270 “Crown
Mines”, y 270 “Rand Mines” 260 “Crown
Mines”, 260 “Rand Mines” (según el dinero que falte
por pagar y cuya diferencia liquidaré, pero de manera que el todo no rebase los
cien mil francos). Pero si hay 5 “Rand Mines” más que
“Crown Mines”, o 5 “Crown
Mines” más que “Rand Mines” (e incluso 10 o 20), eso
no tiene importancia.”
“Le ruego que procure, si telefonea,
etcétera, no hablar aquí de todo esto. Nada de títulos ,
aprontaciones, etcétera”
“¿Sabe usted si los cheques por sumas tan
elevadas se hacen igual que los de cien francos?”
“Cariños. Marcel”
(Carta inédita, citada por André Maurois, en su libro “A la recherche de Marcel Proust”. En castellano: “En busca de Marcel Proust”. Plaza & Janés. Ediciones G.P. 1967.)
Cabe imaginar las cábalas del pobre Albert tratando de cumplir las instrucciones de Proust,....y de pasarle a máquina algunos de sus no menos ininteligibles manuscritos.
Por cierto, aviso a maliciosos, este Albert, no es la “Albertine” proustiana.
J. A. de Echagüe. 17-7-04