¿POR
QUÉ EL POLLO CRUZÓ LA CARRETERA?
En la lista de correo de Mensa ha sido objeto últimamente de comentarios más o menos regocijados un artículo publicado por Luis Ignacio Parada, en el diario ABC del 11 de junio, y transcrito por M. Escalona.
TEORÍA
DEL POLLO Y EL CONSULTOR
En los años cincuenta nadie
tomaba una decisión importante sin consultar a su director espiritual; en los
sesenta, a un asesor de marketing; en los setenta, a
un relaciones públicas; en los ochenta, a un astrólogo; en los noventa, a un
asesor fiscal. Y, en el siglo que viene, ya verán, habrá un gabinete de consulting per capita. Circula por ahí un delicioso papelín que caricaturiza a los consultores. Dice así,
resumido. «¿Por qué el pollo cruzó la carretera? Platón
diría que «porque buscaba el bien»; Aristóteles que «cruzar la carretera está
en la naturaleza de los pollos»; Hipócrates que «la
causa estaría en un exceso de humores»; Moisés propagaría que «Dios bajó de los
cielos y le dijo al pollo: “Cruza la carretera”. Y el pollo cruzó la carretera
y todos se regocijaron»; Bill Clinton
diría: «El pollo no cruzó la carretera; repito: el pollo no cruzó la
carretera»; Darwin explicaría que «a lo largo del tiempo, los pollos han
seleccionado de forma natural una disposición genética para cruzar carreteras»;
Einstein, en fin, nos enseñaría que «quizá fuese la
carretera la que se moviera bajo el pollo porque todo depende de la posición
del observador». Un consultor explicaría que se trata de «una estrategia de
distribución física en un intento de optimizar recursos como solución
integradora para lograr un marco de valores orientado a generar sinergias». Y cobraría un pastón.
(Nota: el pollo murió aplastado por tardar demasiado en cruzar la carretera).