Ni en viernes
ni en martes…
La superstición mundial en torno al viernes y 13 combina dos tradiciones de mal fario. Por un lado el horror al número 13, introducido por el cristianismo (hasta su aparición, en la antigua Roma era considerado como un número favorable), que, según parece, alude a la Última Cena, uno de cuyos componentes moría a las pocas horas (algunos opinan que eran dos los muertos, incluyendo también a Judas, pero en esto hay contradicción en los textos sagrados). En todo caso, el 13 ha quedado establecido como un mal número. ¿Pero y el viernes? La tradición cristiana lo remonta también al día de la muerte del Señor, aunque aquí hallamos otra contradicción (san Juan afirma que murió en jueves). Sin embargo, parece que la fuentes del fario atribuido a ese día son de otro origen, si bien ligadas asimismo a la tradición cristiana.
Lo que sí es cierto es que en la antigua Roma el viernes era un día elegido por muchas parejas para celebrar en él su boda. La razón era obvia: ese día era el consagrado a Venus, diosa del amor, como indica todavía su nombres (Veneris dies). Triunfante el cristianismo tras ser declarado religión oficial por Constantino el Grande, sus celosos ministros se dedicaron a erradicar todas las tradiciones paganas, barriendo de paso todo un mundo de tradiciones para sustituirlo por otro. Cuando el hábito era especialmente fuerte, era incorporado a la nueva religión (el ejemplo más conocido es Navidad, fecha definida oficialmente para el nacimiento de Jesús aprovechando las festividades solsticiales de Mitra).
Por lo que los curas se aplicaron sistemáticamente a desaconsejar ese día para las bodas. El clamor, aplicado durante siglos, tuvo la virtud de invertir la visión del día, pues, olvidados los dioses paganos, el razonamiento difuso que quedaba era “Si no hay que casarse en ese día, es que es de mal agüero”, y así viernes pasó a ser un día nefasto.
¿Y qué ocurre con el martes? Puede haber aquí varias explicaciones. Ese día es el dedicado a Marte, dios símbolo de la masculinidad (por Marte, dios de la guerra) como Venus lo era de la femineidad. Un implícito deseo de “completar el cuadro” podía haber extendido a él las cualidades del fatídico viernes. Ya se sabe, “ni en viernes ni en martes no te cases ni te embarques”.
Pero hay otra explicación, más probable. El día 29 de mayo de 1453, en que al fin los turcos entraron en Constantinopla, haciendo desparecer el último reducto del Imperio romano, cayó en martes, y lo cierto fue que desde ese momento el día quedó maldito entre los cristianos, costumbre que sigue en los países del área griega. Nada tendría de particular que la costumbre hubiera llegado a España a través de los cruzados.
JMAiO, BCN, dic 05