LA IMPARABLE DEMOGRAFÍA HUMANA

 

            Como empiezo a saber más por viejo que por diablo, las vertiginosas estadísticas sobre el crecimiento futuro de la humanidad me han hecho recordar las que se estilaban en los años sesenta, cuando estaba de moda la futurología ante el desarrollo acelerado de algunos indicadores económicos. La extrapolación de los crecimientos en progresión geométrica llegaba a vaticinar que en el año 1991 Japón habría alcanzado a los Estados Unidos en el Producto Industrial Bruto, y en 2020 concentraría el 90 % de la producción mundial. La crisis petrolífera de 1973 se encargó de poner las cosas en su sitio.

Desde que leímos por primera vez la fascinante historia del invento del ajedrez y los granos de trigo, todos los aficionados a las matemáticas sabemos que las progresiones geométricas tienen esas sorpresas. Las relativas al crecimiento de la humanidad también son así.

Intentaré corresponder a su petición de comentar el crecimiento de la humanidad “en lenguaje de calle”. En 1997 realicé un cálculo partiendo de un índice de crecimiento del 2,5 % anual, ya entonces exagerado, y que posteriormente se reducido cada vez más: la mayoría de los países están aplicando políticas de control de la natalidad, y hoy, según los diversos organismos que controlan con diversos procedimientos matemáticos el crecimiento de la humanidad, las cifras se mueven con índices en torno al 1,2 %[1]. Aun así, el crecimiento sigue siendo vertiginoso: de mantenerse este valor, la En números redondos, eso significa que cada 60 años dicha población se duplicaría, y, ¿qué son 60 años a escala histórica? El problema del ajedrez acude a nuestras mentes.

            Siempre huyendo de fórmulas y números exponenciales, me he molestado en recalcular ciertas efemérides del futuro desarrollo de una humanidad animada permanentemente de la misma tasa de crecimiento:

 

            Año 1999: La humanidad alcanza los 6.000 millones de habitantes.

Año 2125: La densidad de población en toda la Tierra (incluidos desiertos y casquetes polares) pasa a ser de 200 habitantes/km2, similar a la de las riberas del Nilo.

Año 2428: Se alcanza el billón de habitantes (densidad de una ciudad como Barcelona ciudad extendida a toda la Tierra).

            Año 2839: La humanidad dispone de 1 m2 de superficie de terreno por habitante.

            Año 4528: La humanidad ya pesa tanto como la propia Tierra.

            Año 4847: La esfera formada por la humanidad llega a la Luna.

            Año 5768: La esfera llega al Sol.

Año 9494: La esfera llega hasta la estrella Alfa de Centauro.

            Año 10312: La esfera crece a la velocidad de la luz.

            Año 11535: La esfera llena el universo.

 

            Claro es que algo deberá ocurrir antes de que se cumplan estas pintorescas previsiones. Todo crecimiento geométrico responde a unas hipótesis de “espacio libre indefinido”, que ignoran las constricciones del entorno para limitar lo que crece. Éstas crearán un límite, que será alguno de los hitos antes señalados. La detención en ese límite se realizará, probablemente, por cualquiera de los mecanismos habituales: guerras, pestes o simplemente hambrunas. El actual caso africano podría ser un anticipo de lo que espera a toda una  humanidad que no ha aprendido ni siquiera a controlar su crecimiento.

 

                                                                                  JMAiO, BCN, dic 05

 



[1] Pueden verse las páginas web http://opr.princeton.edu/popclock/, http://www.tranquileye.com/clock/, http://www.census.gov/ipc/www/clock2.html.