LOS “EXTRAS”
Me
gusta el cine histórico y de acción, donde aparecen grandes batallas, ataques
de los indios o escenas bélicas de las últimas grandes guerras mundiales. Sin embargo hay un detalle que me causa una desazón,
algo que no me ha gustado nunca, que creo que es una gran injusticia. En estas
películas, como en todas, hay unos protagonistas que son personajes de los que
el guionista nos lo explica todo: sus nombres, su vida , sus amores e incluso
su carácter, sus ambiciones. Conocemos de ellos sus relaciones con su amante o
esposa que suele ser la coprotagonista, sus hijos, si los tiene, sus amigos,
etc.
Cuando se produce una batalla, aparecen
docenas de enemigos, indios o soldados enemigos, generalmente japoneses o
alemanes. El protagonista se deshace de
todos ellos, que caen de dos en dos o de tres en tres. En general caen muertos al primer disparo o golpe de
espada, raramente quedan heridos. Su aparición en la película es tremendamente
fugaz, unos segundos. Aquí empieza mi malestar y insatisfacción. Todos estos
personajes, indios, cowboys. soldados japoneses y alemanes morirán, y yo me
quedaré sin saber cómo se llamaban, quién los esperaba en su casa, por qué
estaban en aquel combate, ¿eran realmente los malos?
Creo que el cine es absolutamente injusto.
Junto a un pequeño grupo de protagonistas existe una multitud cuya finalidad es
aparecer un momento fugaz y morir si se lo manda el director de la película. Me
diréis que mi preocupación es una tontería, que esto es cine y el cine es
así. Pero también alguien ha dicho que
el cine, como la literatura, es como un espejo, reflejo del mundo real.
Efectivamente, a lo largo de la historia ha
habido infinidad de guerras y batallas. Cada guerra ha tenido sus protagonistas:
Alejandro Magno, Aníbal, Julio César, Napoleón, Franco, Hitler, etc, etc. De
todos ellos conocemos no sólo los
nombres sino también sus hazañas e historias de sus vidas. Se les ha erigido
monumentos y puesto su nombre a las principales plazas y avenidas. Pero todos
ellos han necesitado, como en el cine, rodearse de millares de “extras”
anónimos que se dejasen matar para poder aparecer como protagonistas, (8
millones en
Recientemente, en una reunión en Barcelona,
me presentaron un anciano muy buen conversador y que lucía un curioso emblema
aeronáutico en la solapa. Al interesarme al respecto, me contó su vida. En nuestra
guerra civil fue llamado a filas en la famosa “quinta del biberón”, consiguió
hacerse piloto y participó en diversas acciones hasta el fin de la contienda.
Al final tuvo que pasar a Francia como la inmensa multitud de los vencidos,
allí fue internado en uno de los terribles campos de concentración del Rosselló.
Como para otros muchos, la solución de salir del campo fue alistarse en la
legión extranjera francesa. Luchó en Francia y norte de África y al acabar la
guerra en Europa fue enviado a Indochina, donde participó como “extra” en la
batalla de Dien Bien Phu en la que actuaron como protagonistas el general francés De Castries y el
vietnamita Giap. Tras incruento sitio, él y unos 10.000 “extras” más fueron
hechos prisioneros. Aprovechando su condición de piloto pasó a ser instructor
de los aviadores vietnamitas. Posteriormente pasó a China donde consiguió una
alta posición y prestigio como instrutor del naciente ejercito del aire chino.
Cuando se jubiló, con todos los honores, regresó a Francia primero y finalmente
a su Cataluña natal.
Para mí fue una satisfacción poder conocer
personalmente a uno de los “extras” supervivientes de la batalla de Dien Bien
Phu y constatar que los “extras” también tienen nombre y pueden tener una vida
tan interesante como los protagonistas.
Albert
Torres, 2007