ESQUEMAS DISCUSIONALES

 

            Esquema de una típica discusión sobre religión

 

            Por razones de mayor familiaridad, nos ceñiremos a la religión cristiana.

            A empieza exponiendo determinados hechos históricos que contradicen lo que, según él, se afirma en las Escrituras. Suele apoyarse en algún tratado sobre religión elaborado por un agnóstico.

            B replica que en realidad las Escrituras no afirman esto, sino que hay que saberlas interpretar de acuerdo con la sutileza de las lenguas griega y hebrea y los usos de la sociedad de la época. Tampoco B carece de una adecuada panoplia de autores creyentes que avalan sus posturas.

            A argumenta que hay que interpretar libremente las Escrituras y emite dudas sobre la honestidad de la Iglesia Católica y sus actuaciones en el pasado.

            B afirma que el pasado es el pasado, que no hay que estar pidiendo siempre perdón por él y se declara herido en sus convicciones religiosas.

            En el mejor de los casos, ambos acaban acordando que la fe es una cuestión personal, que no interfiere con la ciencia. En el peor, se separan airadamente manteniendo cada uno su punto de vista.

 

 

            Esquema de una discusión sobre política

 

            A se lamenta de alguna situación que involucra a la política (por ejemplo, la corrupción). En su alegato, espolvorea algunas alusiones a los partidos poseedores del poder y a su ideología.

            B replica afirmando que una mosca no hace verano, y que la situación actual no es nada comparada con la de anteriores épocas dictatoriales, sugiriendo las simpatías de A con ellas.

            A arguye él está tan de acuerdo como el que más con los valores democráticos, pero que la situación actual no se produciría si prevalecieran en el poder algunas convicciones más afines con los partidos de la oposición.

            Entrados en el terreno de las suposiciones, la conversación deriva hacia consideraciones como si es preferible la seguridad o el orden, si la libertad puede degenerar en libertinaje, si la seguridad en las calles justifica el estado policíaco. Aparece el racismo, el feminismo, la ecología y la discusión va pareciéndose a un castillo de fuegos artificiales dialécticos.

            Al final ambos acaban reconociendo que en lo sustancial (los valores democráticos) ambos están de acuerdo, pero que cada uno los entiende a su manera, y está muy orgulloso de su interpretación personal. Claro que también puede darse, como en el caso anterior, la separación airada.

 

            CONCLUSIÓN

 

            Existen dos temas muy peligrosos en discusión: la religión y la política. Claro es que ningún tema debe ser excluido a priori de una posible discusión mensista, pero nuestros mayores, sabiamente, acordaron ya casi desde los días de la fundación de Mensa evitar ambos en conversaciones, por entender que difícilmente pueden arrojar luz.

                                                                                                Josep M. Albaigès

                                                                                                Barcelona, enero 1995