La Editorial Valenciana
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Roberto
Alcázar y Pedrín |
La Editorial Valenciana (cuya dirección conocíamos de memoria todos los niños de mi época: Calixto III, 23, Valencia) fue durante muchos años el centro de irradiación de revistas infantiles que de alguna manera marcaron la orientación del concepto imaginativo aventurero de los años 50, pero también los gustos de aquella generación. Estoy hablando especialmente de los productos salidos de ella en los años 40-50. Empezando (1940) por Roberto Alcázar “el intrépido aventurero español”, que con su inseparable compañero adolescente Pedrín marcaban un concepto aventurero de mínimas exigencias y dibujos elementales, toscos para hablar claro. Todo allí era muy claro, y los “malos” de la serie (Svimtus, todo un arquetipo de “hombre diabólico” vampiroide, Baker, el mecánico tosco y perverso, Graham, primer ejemplar de científico peligroso) lo eran sin resquicios ni matices, como correspondía a los tiempos. No hay duda que todos los personajes representaban unos valores, actitudes y tics propios del franquismo, aunque algunas otras interpretaciones—una hipotética paidofilia de los protagonistas, cuando no homosexualidad, por ejemplo— son más propias de nuestra época que de la de su publicación, y se nos antojan delirantes.
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Piel de Lobo y El Guerrero del Antifaz |
Pero estos tebeos fueron sólo el inicio de otros productos más ambiciosos y perfeccionistas, como El Guerrero del Antifaz, verdadera máquina de matar moros, devenido un auténtico fenómeno de masas, que sólo sería desplazado con el tiempo por El Capitán Trueno y El Jabato, de otras editoriales, más cuidados en argumentos y dibujo.
Otras series marcaban los arquetipos suministrados por los productos cinematográficos de aventuras en boga: El Pequeño Luchador (Oeste, con indios crueles, diligencias asaltadas y pistoleros implacables), El Espadachín Enmascarado (capa y espada en escenario francés, con guiños inequívocos a la España de la época, todo nobleza y generosidad), Purk el Hombre de Piedra, originalísima en su concepción por el escenario prehistórico, plagado de dinosaurios, hombres-hipopótamo y otros curiosos engendros, que no se privaba de visiones “futuristas” al cristianismo. En el campo del humor destacó la revista Jaimito, aunque sin conseguir hacer ninguna seria competencia seria a TBO o Pulgarcito, de otras editoriales barcelonesas. Pero todos recordamos a los inolvidables héroes de la cuadrilla: Jaimito, Bolita, Tejeringo y Rosquilleta, acompañados del Barbas don Camorra (el “malo”) y otros personajes secundarios de la revista.
En el poco cuidado campo de la revista para niñas destacaba Mariló, que no consiguió hacer sombra a su rival Florita, de Ediciones Clíper, aunque lucía una correcta composición y respeto a los valores femeninos. En el mismo terreno hay que destacar también la infantil Pumby, de gran dinámica y sentido compositivo.
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Pumby |
En 1983 despareció la editorial, que para entonces había cedido ya el testigo a otras no menos imaginativas. Pero su estudio pertenece ya a otra época.
Un reciente viaje a Valencia me ha permitido conocer una deliciosa exposición de esos productos de esos tiempos perdidos. Los que ya peinamos canas hemos podido emocionarnos ante la reaparición de nuestros inolvidables amigos, cuyas ingenuas imágenes son hoy, en un mundo de cualificadísimos profesionales del dibujo, una evocación casi arqueológica de tiempos mucho más primitivos, pero que fueron capaces de engendrar los presentes.
Vaya nuestra felicitación a los organizadores. ¡Gracias en nombre de Roberto Alcázar, Fred, el Guerrero… y millones de sobrevivientes de aquellos años!
JMAiO, BCN, dic 07