Contra la manipulación

 

Colaboré en la organización de un concierto benéfico y los únicos que no cobraron, co­mo en todos los que he par­ticipado, fueron los artistas que, mira por dónde, eran socios de la SGAE. La publicidad en los medios de comunicación se comió la mayor parte de los beneficios, concretamente veintisiete mil trescientos ochenta euros (veinte mil cua­trocientos cincuenta y tres entre la Ser y El País que, además, hubo que pagar por ade­lantado (el que cotizó tuvo que pedir pres­tado). Por eso me sorprende que esos mis­mos medios se rasguen las vestiduras afirmando que es vergonzoso sacar tajada de un acto benéfico y carguen contra los únicos que no pidieron nada. Agradezco el descuento que nos hicieron, pero en un acto de coherencia deberían devolvernos el dinero. Además, los artistas cedieron lo que les correspondía de derechos de au­tor, tema que no se ha resuelto (si uno canta una canción de Lennon, por ejemplo, ya se forma el lío).

También ganan dinero los grandes almacenes que venden entradas, cobran co­misión. Cobran todos los que trabajan en la infraestructura, los que alquilan el local, las vallas, las sillas, los servicios del bar, los proveedores de bebidas, seguridad, etc..., todos, menos los artistas. Son los únicos que dan su trabajo totalmente gra­tis y son ellos, precisamente, los que se lle­van la hostia en portada. Es muy injusto y así hay que contarlo, aunque me incluyan en su campaña de desprestigio intentando restarme credibilidad con adjetivos que no vienen al caso, por hacer uso de la libertad de expresión, una libertad que deberían ser los primeros en defender, al tiempo que su negocio, que no es el nuestro.

 

Gran Wyoming, Público, 24.05.09

 

 

Comentario

 

Ya va siendo hora de que dejen en paz a los artistas para galas benéficas. ¿Es que cuando canta gratis Montserrat Caballé en una función a beneficio de (y aquí cualquier respetable institución) dejan de cobrar las taquilleras, los acomodadores o las señoras de la limpieza del teatro? ¿Fecsa-Endesa no presenta su factura de luz? ¿Los periódicos que publican los anuncios correspondientes dedican sus espacios gratis?

Y esto nos lleva a otros problemas similares. Cuando Cáritas atiende una necesidad, ¿deja de pagar por ello a su personal de oficina? ¿O éste se financia de su bolsillo sus desplazamientos? ¿Qué sucede con las ONGs? Mucho me temo que lo que va a parar a la obra social es el sobrante, una vez deducidos los sueldos de sus capitostes (por cierto, deberían publicarlos, publicarlos de verdad, no ponerlos en una hojita escondida que sólo cuatro leen).

Claro, es muy fácil atacar al cabeza visible mientras una legión de beneficiados viven de la iniciativa de algunos.

Con las ONGs y las instituciones de “caridad” estamos asistiendo a la version moderna de las órdenes religiosas medievales: el fundador vive parcamente, pero sus sucesores se cuidan… hasta que sale un nuevo reformador. ¿No procede reformar también las ONGs?