Una investigación sobre la inteligencia
Los profesores Juan García Yagüe, Carlos Gil Muñoz, Carlos Ortiz, Carmen de Pablo y Ángel Lázaro emprendieron en los años 80 una investigación sobre las capacidades de niños en un conjunto de centros madrileños con el fin de establecer una serie de correlaciones entre ellos. Sus conclusiones aparecen en el libro El niño bien dotado y sus problemas (CEPE SA, Madrid, 1986).
Merecen especial atención para Mensa sus estudios sobre lo que ellos llaman “niños bien dotados”, que, tras diversas consideraciones, establecen en el 6 % del total. Este valor es muy superior al utilizado por Mensa para sus candidatos para miembros del club (2 %, o CI = 132 en la escala Binet), por no hablar de clubes más restrictivos como la Triple Nine, Prometheus y otros.
Dentro del aspecto innegablemente farragoso de todo el libro, el capítulo que sin duda ofrece mayor interés es el 4, El problema de la cuantía y ubicación de los bien dotados, que marcha decididamente en contra de los tópicos impuestos sobre la “igualdad social” entre las personas a efectos de inteligencia. Es probable que hayan sido las conclusiones a las que allí se llega las causantes del silencio con que ha sido acogida la obra.
El estudio sobre los niveles de inteligencia entre alumnos de EGB se centró sobre 17.028 casos, de los que seleccionaron como “bien dotados” un total de 1.049, es decir, algo más del 6 % de la muestra, lo que es la primera limitación para su generalidad. La terminología está elegida expresamente para evitar connotaciones con el tema de la “superdotación”, y en todo caso no se justifica debidamente. Aunque los autores afirman haber recogido datos de toda España, las conclusiones más sólidas se refieren mayormente a los niños de los centros escolares madrileños, otra limitación no pequeña.
No obstante, dentro de ese reducido núcleo que centra el estudio, las conclusiones son lo suficientemente chocantes como para inducir a la reflexión. No expondremos los numerosos cuadros elaborados por los autores ni las consideraciones de éstos, que a veces son repetitivas, i iremos directamente a aquellos aspectos que más pueden sorprender… habida cuenta del entorno social concreto en que se incluyen.
Los propios autores denuncian las limitaciones territoriales de sus estudios, que, efectuados a nivel nacional, se resienten del sesgo particular de cada seleccionador. Así, Valladolid incluye un número excesivo de núcleos cerrados, Sevilla, por preferir las zonas deterioradas, Madrid por el mayor peso de sus núcleos de elite y núcleos abiertos. Tampoco los autores analizan las distribuciones de inteligencias por sexos, posiblemente pensando que con las polémicas que iba a ocasionar el libro por otras de sus conclusiones ya era bastante. Previsión que, como hemos visto, se vio defraudada ante el cerco de silencio que esta obra ha sifrido.
Volviendo al capítulo citado, el más proclive a polémicas, empezando por la influencia en la inteligencia del entorno familiar. Es un hecho sabido que los padres inteligentes engendran hijos inteligentes. Galton ya había hallado en 1869 que un 31 % de los inteligentes que había seleccionado tenían padres también eminentes, y muchos otros investigadores han incidido en la misma opinión, defendiendo cifras incluso más altas.
Desde luego, pueden imaginarse multitud de explicaciones para los que deseen acogerse a la fe de la igualdad de partida entre todas las personas, y despreciar el hecho de que otras muchas características físicas (la altura, las habilidades manuales y muchísimas más) muestran una correlación entre padres e hijos superior a la media. Claro está que el entorno creado por los padres es un factor importante, pero su consideración en plan de exclusividad nos lleva a terrenos mucho más complejos, tales como discernir si la inteligencia es un factor natural o cultural.
En todo caso, el tópico que más brillantemente queda confirmado en el libro es el de la alta correlación entre la inteligencia de los padres y de los hijos. Por supuesto, los autores no pudieron extender sus mediciones a las de los CI de los padres, pero utilizaron como guía su categoría profesional. Obtuvieron este cuadro:
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Algunos de estos resultados son muy sugerentes, otros, no tanto. Por ejemplo, el análisis de la proporción de bien dotados en cada una de las categorías profesionales (columna C) es concluyente. Es evidente el menor porcentaje de bien dotados en la categoría VI (obreros, subalternos y servicio) pero, en cambio, no está clara la pretendida superioridad de las clases socioprofesionalmente distinguidas.
Veamos, como resumen, este diagrama:
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No. de casos |
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Muestra/BD |
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Total |
Tipo de escuelas |
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Estado |
Privados |
Pueblos |
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40/6 |
9/- |
25/5 |
6/1 |
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7/1 |
1/1 |
6/1 |
-/- |
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16/1 |
3/- |
10/1 |
3/1 |
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18/1 |
2/- |
16/1 |
-/- |
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22/4 |
7/- |
8/1 |
7/3 |
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32/5 |
11/1 |
14/3 |
7/1 |
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46/2 |
24/1 |
5/- |
17/1 |
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27/4 |
13/1 |
3/1 |
11/2 |
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81/11 |
26/4 |
15/4 |
40/3 |
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121/6 |
53/2 |
18/2 |
50/2 |
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101/4 |
30/1 |
6/- |
65/3 |
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37/1 |
16/1 |
3/- |
18/- |
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33/6 |
9/2 |
4/1 |
20/3 |
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28/6 |
4/1 |
6/1 |
18/4 |
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En el
quebrado, la primera cifra indica los sujetos que hay en el grupo, y la
segunda el número de bien dotados. |
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El caso es, sin embargo, que un análisis a fondo establece que incluso dentro del propio entorno familiar, las diferencias entre hermanos están también sujetas a correlaciones estadísticas. El típico argumento cultural de considerar la individualidad como factor concluyente ante las diferencias en la fratría de una misma familia sigue siendo cierto, pero, sorprendentemente, las diferencias entre ellos están también sujetas a contundentes leyes estadísticas. Veamos estos curiosos cuadros:
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Primer tópico confirmado: el ser el hermano mayor infunde carácter. Los hermanos mayores, incluso los intermedios, ganan sin discusión al hijo único.
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En este otro cuadro queda claro que las familias numerosas son estimuladoras de la inteligencia. Pero sin excesos… Las fratrías de dos miembros ganan a las familias numerosas, y desde luego al hijo único. Queda confirmado el viejo tópico de los hijos únicos “excesivamente mimados” e indefensos ante la vida.
Nos hemos limitado a una somera exposición de algunos de los resultados del libro, los que nos han parecido más rompedores de moldes, permitiéndonos transcribir en ocasiones literalmente algunos párrafos de los autores. Un análisis a fondo de la obra completa revela muchos más aspectos imposibles de alojar aquí.
Vaya pues nuestra conclusión: no entramos ni salimos en la validez de los resultados obtenidos por los autores, pero una cosa está clara: las conclusiones del estudio debían haber merecido una respuesta más activa por parte del entorno social en lugar del sorprendente silencio que las acogió. Es inmediato concluir que el estudio científico sigue hoy tan prisionero de los corsés y la “ortodoxia” como en tiempos de Galileo, Hasta que no se demuelan estos cercos invisibles no podrá hablarse de real progreso en la ciencia.
JMAiO, BCN, jun 09