El hombre de las narices

 

Las jornadas nacideñas son apropiadas para bromas; la más adecuada es el día de los Inocentes. En la del fin de año se asienta una curiosa costumbre catalana (tengo entendido que también se practica en algunos lugares de Mallorca, Aragón y Navarra). Se trata de l’home dels nassos (‘el hombre de las narices’), dirigida a niños pequeños, a quienes se asegura que en tal día se pasea por las calles “un hombre que tiene tantas narices como días tiene el año”. Cuando el niño pregunta por él, se le señala a un transeúnte cualquiera, y, ante su extrañada decepción, se le aclara que “como al año sólo le queda un día, ésa es la persona”.

Según el folclorista Joan Amades, este personaje es la deformación de otro mítico que representaba el año, quizás Jano, que miraba hacia el año pasado y el que empezaba. Cada población añade su particular toque diferenciador a la tradición: en Barcelona había que ir a buscarlo a las 12 en punto ante la Lonja (apurando la broma, aclaremos que sólo debería tener media nariz a estas alturas), en otras poblaciones se decía que aparecía en la iglesia para beberse de un solo buche toda la pila de agua bendita, en otras se le dotaba imaginativamente de muchas sábanas para poder sonarse sus innumerables apéndices nasales.

Algunas variantes eran un poco crueles, por ello poco adecuadas para niños: a veces se les mandaba de la Ceca a la Meca en busca del personaje, asegurándoles que se hallaba en la estación de ferrocarril, en el ayuntamiento, junto al río o en cualquier lugar que exigiera largos desplazamientos, tras los cuales vendría la decepción. No es recomendable esta variante, pero yo mismo la he sufrido en carne propia en mi niñez.

L’home dels nassos de Tarragona

Cartel anunciador de la Cursa dels nassos en Barcelona

Otras variantes en las que ha incurrido el folclore son más simpáticas. En Tarragona y  otras poblaciones se pone en marcha una cabalgata protagonizada por un “cabezudo” con una nariz de tamaño descomunal, lo que mitiga un tanto la sensación infantil de tomadura de pelo. El personaje goza allí de una gran popularidad. En Barcelona se celebra en ese día desde hace años la Cursa dels nassos (‘Carrera de la narices’), variante de la que en otras muchas ciudades del mundo se llama “Carrera de San Silvestre”.

Últimamente la costumbre ha recibido alguna crítica; al parecer nada debe turbar la inocencia de los niños, lo que no deja de contrastar con su exposición a todo género de inconveniencias en la TV o en internet. Pero, si alcaldes y todo tipo de gente de tronío colabora en el paripé de los reyes Magos, ¿Por qué no va a mantenerse vivo ese simpático personaje?

 

Josep M. Albaigès, 31.12.11